"Ya no me quieres…"
Es difícil imaginar el impacto de aquellas palabras, empatizar con ellas y al tiempo tratar de comprender su paradero. Innegable la preocupación subyacente y los matices que rompe una declaración tal. Y es que, si la experiencia y mi mente actual pudieran intentar algo, permanecen en un ciclo de complacencia pues mi pensamiento inmediato fue: ¿Qué hago para aliviar su pesar? << Ya no me tomas la mano; ya no me abrazas al dormir; en tu tiempo libre lo dedicas a todo menos a mí>> Este desapego es un fantasma en mis intentos de resignificar lo que conozco como afecto al otro. Te elijo y meditando la persona que eres, pienso que te sigo eligiendo (¿?). Pienso en lo cansado que pueda ser mi insistente sed de saber, de entender. Sobre todo, ahora que el significado supone una construcción de lo que propiciaba mi mente alienada, que pienso despierta, y al mismo tiempo acepto sesgada, pero con un espírit...



