Hermoso ser.

 Desde que comencé experimentar este oscilante sentimiento, las cosas volvieron a cambiar. Con varias dudas, sin expectativas en un movimiento incauto hoy me encuentro compartiendo este tramo de mi vida con ella.

A menudo reflexiono si es mi tendencia a sobre pensar o los hechos que eludo justificándome con el bienestar ajeno. Es que son ideas que frecuentemente me vienen y hacen titubear ante el compromiso que compartimos, no sé si es mi frustración pueril del momento, los cambios suscitados en la nueva rutina, en las nuevas metas, en el nuevo yo.

¿Realmente puedo lidiar con esto ahora? En una contemporaneidad donde nuestros intereses se dispersan hacia atractores de fulminante destello y efímera significancia. La palabra amor pues, se ha hecho tan universal que aceptamos el cumplimiento de nuestros caprichos como muestra del mismo ¿Hacia dónde va todo esto si la línea entre el valor en función del deseo y el valor genuino que atiende a nuestras necesidades cada vez es más difícil de vislumbrar?

Me he convencido de revestir la empatía con el asentimiento de nuestras evidentes diferencias, no puede moverme emocionalmente aquellos cuya visión se reduce a las imposibilidades del momento. No atiende a algo que haga trascender mis sentimientos, sólo mis deseos, como un animal en el confort de su nicho. Entender que las perspectivas se extienden a lo largo y ancho de la experiencia, del momento, de la maquinaria química de nuestros cerebros es esencial para construir los vínculos entre los individuos, el comprender las diferencias y aportar en las inclinaciones que como personas solemos tener; sin embargo, dónde quedan mis deseos si mi intento de hacerlo, se tergiversa en una ética irracional donde los únicos intereses que parecen importar son los míos. La incompatibilidad de nuestros caminos pienso, van más allá que comunes diferencias.

No todo es malo, en lo absoluto lo ha sido. He de decir que el tacto de su emocional ser ha penetrado en lo profundo de mis solitarias reflexiones. Me ha ayudado a comprender lo que quiero y cómo puedo construirlo en la reciprocidad de las convicciones. Es justamente esa gota de agua fresca en el arado que constantemente me incita a repensar mis aseveraciones; varios días determinando si lo que tenemos ahora debiera continuar o bien, dejar que ambos sigamos creciendo en veredas separadas. Me cuestiono sobre lo mejor para ambos, para mí. Quizás no estoy preparado, quizás no es la persona, el momento, quizás debiera conocerme más antes de volver a intentar un fenómeno como el mencionado.

No sé si vale la pena seguir intentándolo, o si tendría que hacerlo de otro modo para no corromper el vínculo que hemos estado tejiendo. Igualmente pienso si yo estaría mejor de nuevo en la experiencia de mí mismo. La necesidad fabricada de una persona ajena en virtud de mi soledad ya ha perdido su presencia en mis ideales actuales; soy mi hogar, mi respaldo, mi motivación, mis anhelos y mi visión, aunque he de aceptar que su precioso ser acomodó mi noción de pertenencia a un lugar, en el corazón de ella; abrió el concepto del impacto que las atenciones personales suelen tener, del paraje que estos me permitirían tener dentro de las vidas de cada quien. No puedo pedir más de lo que está dispuesta a darme, no puedo encapricharme aun cuando yo estoy dispuesto a darlo todo. No puedo controlar los procesos de cada quien en mi intento de querer arreglar lo que no necesita ser arreglado. Acepto que soy nuevo en el hecho de relacionarme a tal escala con la gente; ha sido necesaria esta oscilante percepción de mis sentimientos para comprender cada vez más el arte de las relaciones humanas. Quizás más adelante, con ella o sin ella, entienda y pueda sentir lo que es amar, lejos de las acciones verbales o no verbales, de palabras sino en la existencia abstracta de sentir que no me quiero ir nunca más, claro, sólo en caso de comprobar que realmente aquello, pueda tener lugar.

 


 

 

 

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