El nuevo yo.

Y es así que la realidad tal como una vez pensé otrora, se fue abstrayendo en sus rasgos cada vez más sencillos. Aquella percepción de la interconexión entre causas y consecuencias no fue sino tomando más validez a medida que me comprometía a estudiar los casos aislados y compartidos. Este camino de persecuciones causales ha sido la tarea más demandante que mi joven vida ha podido asimilar. Con cada descubrimiento la epopeya se convierte en oraciones al mártir pues, aquella necesidad espiritual de moverse de materialidad ha transfigurado mis instituciones personales, mis odios más irascibles y mis pasiones más incomprendidas.

De esta forma, recargado sobre la silla, con la mirada fija en el espejo, puedo ver un rostro que parece haber vivido más de una vida. Mi nombre ya no es mi nombre, mis instintos flaquecen ante la razón, y el miedo se reduce a una excusa premonitoria. Es verdad que mi humanidad se ha puesto contra las cuerdas, soy consciente de la delgada línea que separa al capricho de las respuestas que tanto quiero encontrar.

Camino sobre las piedras de la terracería en compañía espiritual de la metafísica compartida, sumada de todas las referencias que he podido abordar. Sintiéndome como si accidentalmente alguien, fuera de la caja, en el tejido subatómico, removiera una de estas partículas desconectando una funcionalidad convencional de la psique colectiva, tornándome en una iteración diferenciada dentro del esquema sistémico humano actual. Me ha permitido ver el mundo con los ojos de un escéptico; aunque no de aquellos que rechazan la existencia en vista  de ausencia vinculada de éstos con la vida, por el contrario, me ha sumergido la cabeza en un estanque de verdades incomprobables y sus respectivas falacias justificadas de la razón. Es bueno ser diferente, pero ¿hasta qué punto comienzo a ser un error?

La comodidad, tan ajena a este proceso de existencia evoca en una diferenciación de entre los individuos que eran reales para mí y de los que verdaderamente, fuera de todo sesgo y afecto deliberado, siempre lo fueron.

La adaptabilidad expandida a horizontes poco tolerables en una sociedad aún dirigida por la validación del uno con los demás resulta en una solitaria experiencia de vida. La duda planteada y mis asuntos aún por resolver a veces me sitian en un valle de hechos comprobables objetivos inéditos y rezagos de la persona que se niega a aceptar el tiempo tal y como ha fluido. No voy a mentir, de vez en vez quisiera que alguien me rodease con sus brazos haciéndome sentir en el lugar que probablemente me negué a optar, aquella paz que todos quieren, pero pocos pueden soportar a causa de la búsqueda a lo más parecido a una verdad.

Cavilo acerca de hasta qué punto esta contemplación neutra dejaría de ser tan eficiente y terminase por revocar la esencia que me ha hecho ser tan dichoso y amado. Me he salido de formación, lo cual me satisface en el ámbito de mi propia quintaesencia. Me ha hecho nacer de nuevo, no obstante, como fue en un principio, debo volver a reescribir mis patrones conductuales, enseñarle a esta persona a amar, a no caer en el pecado que me llevó a una reprogramación estricta de todas mis preferencias y empatía de mis enemistades que tanto laceran el argumento propio.

Inclinado a comprender, a no juzgar y a reunir todos los puntos de la recta de las personas en su nicho y su expresionismo. Ahora con tantas caras que mi mente se ha convertido en una llave universal pues, sólo ha sido cuestión de tiempo para hallar el patrón detrás de toda transpiración cognitiva del ser en un medio que le estimula a cambiar o a estancarse. Quizá sea por eso que sólo dejo de rehuir cuando advierto en el espacio en blanco que a toda persona le ofrezco al interactuar conmigo.

Soy feliz de poder amar desde la causalidad y no desde la superficialidad, pero en un mundo de facetas implantadas, es difícil poder, en último término, descansar. 


 

Comentarios

Entradas populares