Fantasmas y Viento

Y pensar que me negaba a ceder; cuando encantadora resultó la mano que me llamaba; que caminaba con suspiros ¿A dónde pretendía llegar así?

¿Será dentro de la ineficacia de mi aún absurda fe? ¿Será que tantos días aislado de forma obligada?

Cómo podían temblar las piernas luego de que atestado vi mi revestimiento; pasmado y absorto por el sueño que pensaba había tenido; que pensaba conocía el rostro de quien se atestiguaba.

Respuestas tras repuestas, pude ver. Que era parte de una emboscada inconsciente. Entendí por consecuente que el capricho nunca había sido amor; me veía tan neutral y dispuesto que otrora fue un punto de referencia inefable, ahora fuese un quisquilleo momentáneo.

Lindo roble naranja, desde el rabillo reflejado sobre la blanca y tersa textura de su piel.

Me sentía bien por poner límites bajo la perdición aún de lo fortuito que evoca esa permisiva inopinada cortesía de trazos dactilares. Pues en sololoquios residía la culpa de volver a propender dolor; aunque después de quemar malentendidos, de confirmar mi ignorancia del asunto; pude conectar, casi eludiendo lo más posible las normas que se nos afrontaban. Pues dentro allí no era mi sueño, dentro allí fuere el mundo de carne y hueso.

Y era peor intentar apartar la vista de los ojos que se fijaban en mí con soberbia picardía, bajo la pendiente que había entre ambas miradas y la deliberada montura dominante que buscó a toda costa sobre mí; era algo que me retaba, desconcertante que afluía en forma de impaciencia por el siguiente paso ¿Desde qué momento el sueño que profesaba terminó por cambiar el futuro? No pensé que dicho momento fuera el cual donde vería de frente la insensata necedad cerebral al intentar “reparar” la conciencia con la homeóstasis primitiva que le precededía.

Justo al ver su inescrutable semblante con su uso de razón bajo la obstinada situación a la que habíamos llegado… Decidí continuar con lo que se me permitía conocer y provocar.


 

 

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