Acondicionamiento.

El ritmo de vida ha cambiado, ahora hay nuevos problemas; algunos persisten y otros les dieron advenimiento a otros.

En esta nueva etapa de la psique, aún con la contemplación; sigue causando duda en las personas aledañas: “Nadie puede cambiar tanto tan rápido”. Cuando en la autonomía, mi razón actúa como si fuera cosa de todos los días. Me he preguntado muchas veces si estoy huyendo de algo y debido a qué doy por hecho que la razón de todo esto radica en una cuestión negativa para la sociedad. Sea cual sea siempre habrá un “pero”. Cosa que suelo olvidar. Dentro del mundo sin absolutos; el mundo sin regla general de nada. Sería muy tonto ponerse a pensar sobre lo que es correcto o incorrecto pues, esta regla solo aplica cuando tenemos un entorno determinado. Para mí es no quedarme en el pasado, es salir de la regla para ser mejor que ayer. Pero para el común denominador del sistema en regla; no es más que un rebote de dudas: haber declarado que aún no consigo algo a lo cual aferrarme toda la vida y fingir que la monotonía debe ser algo que deba complementar mi vida cotidiana hasta que muera.

En palabras propias, aquello puedo decir acerca del ritmo de vida que me es demandado por las esferas familiares de las connotaciones rudimentarias. Sin embargo, tanto mi juicio como el que suelo escuchar, no son más verdaderos el uno al otro ni más falsos en la cuestión esencial de las cosas. Pues mi método funciona con base a los principios que he estado fundamentando a lo largo del año pasado y lo que va de éste; así como la otra conjetura se desglosa por la experiencia racionalista otorgada del tiempo. Algo a lo que, en casi improbables situaciones, podemos salir de esa prescripción llamada vida.

Es cuando, una vez conocida la causalidad investigada del fenómeno estilo de vida; se abre un mundo de posibilidades y dentro de este mundo se reconoce la fragilidad del que nos absorbe: Cualquier cosa puede ser una iconografía, cualquier cosa podría estipular la marca de calidad en cualquier manifestación humana pues todo es debido al acondicionamiento que se prevé por la moral, la ética que se ha establecido al menos en occidente. Son “accidentes” observables en la cultura diferenciada de los dos grandes hemisferios del mundo. Pues en oriente, muchas de estas reglas suelen tener una pequeña transfiguración. Es por eso que, de acuerdo a Camus, ha de haber un absurdo. Ya que nada de lo que podemos apreciar hoy en día, es más real que lo que no pudimos vivir otrora. Sabemos que tan equivocados o que tan acertados somos por nuestra afinidad al sistema que se nos propone. Entre más te hundes en el mismo, más justificaciones puedes obtener por lo que cometes simplemente al aventajarte de las normas inexactas que mantiene. Simplemente subyugándote a la vida que este sistema puede proveerte. De lo contrario vives aislado de la mayoría de experiencias que, hasta hace poco, consideraba verdaderas o significativas. Cosas como el amor, como la educación, la meritocracia, los vínculos emocionales y la auto-significancia tienden a conceder valor propio y por ende el valor a la vida. Si por otra parte refutamos las cosas que implícitamente llevan a implicancias de dudosa validez (la vida tal como nos han dicho que es, y por ende asumimos que conocemos), nos condenamos al suicidio en alguna de sus categorías previsibles en el fenómeno del mismo. Pues para llegar a esa circunstancia, uno suele morir en espíritu y en razón. Antes de llegar a la muerte en cuerpo.  No por ser alguna, significa que paulatinamente estemos condenados a las demás. No es un desarrollo explícito, pero si trazado de cierta forma; y no por uno mismo, más bien por lo que el sistema tiene por congruencia. El manejo de dicha capacidad debe amaestrarse para no caer en las siguientes muertes. Cosas como la buena salud, rehuir los vicios y las emociones sintéticas que los medios de comunicación nos venden, redes sociales, hábitos propios del ser como ente biológico y no vagamente social. Debido a que la sociedad es lo que construimos, más no lo que es por lo que tenía que ser. La realidad es una implicancia, no un valor absoluto. Me he envuelto en soledad, en distanciamiento y ciertas crisis.

Cosas con las que reluzco ataviado, cosas que sabía que pasarían al someterme a un experimento como este. Realmente no me arrepiento del salto que he dado. Fue uno al ojo del huracán. Un lugar que nos enseñan a evitar, con total ausencia de explicación. No se puede confiar en nadie que sea producto del modus vivendi de la actual jerarquía. Eso me ha quedado claro, lo he vivido y no requiere mayor esfuerzo para saberlo. Los arquetipos son construidos para hacer la vida más llevadera, no representan una experiencia inmediata, son un acondicionamiento, así como nuestra persona en sí misma en este mundo conflictivo.

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