Diario XI

 Me levanto sabiendo que el impulso hacedero vendrá paulatinamente; un poco de sueño, testosterona del día pasado y dopamina de las cualesquiera conductas en las que me someto para posibilitarme la mente. Un ejercicio de mantenimiento sin el cual vuelvo a la imposibilidad.

La duda del idealismo abstracto genera cierta duda ante la credibilidad de la gente. Somos buenos romantizando, generando ideas platónicas en la psique de la cotidianidad, reduciendo nuestras oportunidades de regir lo más cercano al “Destino” que vendría siento el auto control en sus varias formas derivativas, claro sin caer en represión y en condicionalidad de los factores a aspirar.

Es curioso verlo como un experimento de conducta, intentar darle queso a un ratón que ha crecido sometido a las represalias de sus deseos, de sus necesidades. Aferrándose a la angustiante preocupación de no ser dañado sin darse cuenta que no estaría haciendo nada malo. Sólo que, de forma cognitiva, estas implicancias tienen una diferente connotación cuando hay “conciencia, lógica” de por medio.  No es culpa de uno nacer bajo el yugo de la rata, el queso y los choques eléctricos. Se debe entender todas las partes del mismo íntegro para saber que es una simbiosis parasitaria, lo cual no debería ser así. ¿Realmente nos complace la idea de vivir, de amar, sufrir, ganar y perder? Pasamos la vida asumiendo que todo es algo que se debe ganar, tanto así que se pierde el disfrute esencial de las cosas (pienso yo).

Y es que es fácil asumir un camino cuando te guías bajo las directrices de la meritocracia, un fenómeno sistémico difícilmente de digerir, aludiendo a individualismos, a egos sin fondo, al egoísmo, todo por querer alcanzar la catarsis de la trascendencia. Medir la calidad de vida mediante las inutilidades del despilfarro, mediante la reserva de no querer entender, de no querer empatizar, de no querer encontrar causalidad a toda la consistencia de influjos implícitos y explícitos. A final de cuentas la clave está en la voluntad bruta de la ambición, aunada a rasgos de la personalidad con tendencias absolutistas. ¿De qué otra forma funcionaría el mercado? ¿De qué otra forma podemos generar el placer pertinente a la trascendencia espiritual? Al parecer hemos optado por alguna clase de materialismo abstracto que estimula el adueñamiento de la percepción, sin el enfoque del entendimiento en la composición de la primordial premisa que atiende esta idea.

¿Por qué no podemos amar sin tener que condicionar a las personas? ¿Por qué no soportamos la idea de ver a quien fue nuestra pareja con alguien más en menos tiempo de lo que pensábamos?

¿Por qué condenamos a la persona cuando esté cansada de la ya sea monotonía, de la poca empatía, de la mentira, la ingenuidad misma o cualquier otro factor que le lleva a cometer la desdichada infidelidad? Y si entendiéramos las necesidades de cada quien, incluyendo la nuestra tal vez podríamos visualizar que podemos prescindir de la pertenencia y saber que no podemos poseer nada y a nadie en concreto, aquello no representa una experiencia espiritual inmediata, según lo veo como enjaular a un ave en un sótano oscuro. He estado consternado al nivel de “apego” que hemos llegado y es de alguna forma enfermizo como buscamos depender enteramente de la convicción de alguien más, de lo que diga, haga y hasta piense. Qué clase de entendimiento puede surgir cuando no se vuelve un hecho crítico, cuando todo está preestablecido en condiciones que no benefician a nadie más que al ego. Pienso que todo ello nos impide confiar en nosotros mismos pues surge la comparativa de que ni si quiera somos lo suficiente para nuestro amor en cuestión. Trastorna un hecho bioquímico en una meritocrática contienda de complacencias ajenas tal vez. Terminamos siendo de una o varias formas infelices y sucede lo que sucede. Con culpa, sin culpa, de la mano de la absurda justificación, se vuelve un círculo vicioso de implicancias absurdas, implicancias que de único trasfondo tienen la capacidad de crearle desdicha a alguien, a todos realmente.

 


 

Comentarios

Entradas populares