Diario X

 Y es como termino en la cuestión, en aquella manifestante del librepensamiento quizá. La transfiguración de los hechos, del nacionalismo, de la identidad. Un catálogo de rasgos que bien no tenía la esperanza de adquirir. Suelo recordar que hasta cierto punto sabría qué pasaría, pero sinceramente desconocería el enfoque. Supongo que había alguna clase de inmanencia entre mi opaca forma de entender y mi sentido de ser, cual una virtud Kantiana, tal como los calvinistas reconocerían su tarea quizá, pero dentro de todo siempre contuve imparcialidad, controlar mis inclinaciones y mi fanatismo. Ser nada en esencia de todo puede ayudar a prescindir del mundo material en el que sobrevivimos, no eficientemente pues el sesgo merodea entre los abedules del angosto bosque. Es una probabilidad de tantas y en casi todas desarrollamos la impaciencia de imponer, de enseñar desconsideradamente, de tener la razón (si de alguien voluble se trata).

Comprendo la desconcertación, comprendo la dura negación que muchas veces nos impide crecer y ahora trato de entender el miedo que me mantiene cautivo dentro de mi delimitada percepción que la modernidad me ha regalado, que años de asentamiento moral tanto daño ha hecho a la resiliencia del ser, al humanitarismo nato. Drogados por el dogma del progreso y la innovación. Inmersos en nuestra realidad de algodón, ordeñando al cerebro, lacerando su juicio, su toma de decisiones. Siendo adeptos de cualquier comodidad que el mundo puede otorgar. Pensar que lo que vivimos es vida y que ésta cobra sentido trepándote de los hilos de la vida de alguien más. Sea matrimonio, sea paternidad, sea cualesquiera de la trascendencia y su nicho de personas vacías por dentro. Es difícil desapegarte del mundo porque el mismo funciona de forma que dependas de él, do forma que cualquier cosa diferente pareciera un sacrilegio a la moral, un insulto a las comodidades de tus hermanos esclavos.

 En efecto el conformismo y la incertidumbre son un síntoma de la triste derrota y del alcance absoluto que tiene la cultura. Y es que no puedes escapar, no puedes escapar si no cuentas con los recursos que te puedan brindar un mundo inmersivo en la condición natural, moral y metafísica de las personas en su temporalidad. Siempre habrá un parásito congénito aferrado a tu miedo de morir. El caso es que erradicarlo representaría renunciar a ciertos gustos, entre supuestas fundamentaciones y obvias banalidades. Sería una traición a la razón emocional por supuesto, parecido a un mal viaje de ácido lisérgico. La connotación del aquí y el ahora se vuelve absurda. Porque siendo objetivos ni el mismo Dios tendría por qué estar intercediendo por una causa perdida. 




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