Diario VIII

 Ha pasado un rato y entre tanta suspensión del tiempo ignoré muchas cosas. Ignoré los posibles efectos secundarios de mi experimento y no es hasta ahora. Pasmado en el sillón con varias horas de sobriedad que puedo notar aquello que me costó mi supuesta paz de cuarentena. Mis modos cambiaron evidentemente, estoy casi seguro que los de la mayoría también. Dejé de tener ciertos gestos, ciertos comportamientos en pro a las emociones externas. Comprendí mi excesiva costumbre de intentar estar en todos lados. Cuando realmente sólo me hacia no estar en ningún lado en particular. Una clase de limbo imperceptible que merodea entre las expresiones de la gente. Como estar sentado en una mesa de cualquier bar con una capa de invisibilidad puesta. La idea central de todo se ve constantemente cambiada a medida que uno ve en carne propia la naturaleza sistémica de las personas o más bien lo que cree saber acerca de esta supuesta naturaleza.

Entre tantas cosas observables de la gente, también pude verme a mí mismo, por aquello de que somos una muestra dentro de un contenedor. Por obvias razones tenía que coincidir al menos con un puñado de personas. Entre tanto surgen pensamientos de “Cómo pude haber sido” “Qué hubiera pasado si no controlaba mis emociones en determinado momento”. Me causa intriga porque pareciera que vivimos en un drama eterno. Que hay malos y buenos. Siempre hemos tenido esa necesidad en dividir en dos categorías legítimas. Revuela esa perspectiva al tener en cuenta el advenimiento de la espiritualidad fanática a la que nos hemos acostumbrado.  No hay drama, sólo sucesos que definieron el destino de millones de personas. Sólo gente con poder luchando por sus intereses propios. Somos el insumo, los obreros de la edad media con casas de estiércol, pero de colores, con ventanales y si quieres un jardín. La situación ha cambiado poco, pero lo que vemos ha cambiado mucho.  Quizá por lo poco que sé pueda decir que la saciedad sólo cambió su forma de conseguir las cosas. Antes hubo conflictos bélicos, ahora se va por el poder económico. ¿Serán los monstruos del Neoliberalismo? que nos presenta el día de hoy ultra corporaciones de las que dependemos, de las que depende el planeta.  Dentro de nuestro individualismo alienado por enseñanzas familiares y connotaciones sociales nunca pudimos verlo. Quizá tal realidad nos hace fungir funestamente hasta nuestros días. Las crisis económicas, el capital, las clases sociales, el orgullo, el fascismo, entre un sinfín de aspectos que pudiesen ser atribuidos por el proceso de la categorización social. Son cosas que la naturaleza en sí misma no comprende, pero si le afectan, así como a todo aquello que viva en este planeta. De forma romantizada podríamos considerar que esto sea una advertencia de que el sistema político/económico que nos rige no es funcional ni sustentable. Tenemos enfermedad por la deforestación, tenemos enfermedad por la ignorancia y por muchas otras cosas más. Pero es difícil asimilarlo. Buscamos culpables inmediatos cuando las razones llevan siglos asentándose en nuestra historia. Cuando nos negamos a salir de nuestra burbuja de privilegios y de carencias que no queremos ver.

Monte Alto 2020

Comentarios

Entradas populares