Cómo Funciona la Música ¿?

Recién acabo de terminar Cómo Funciona la Música de David Byrne, una obra cuya llegada mi vida fue por un profe al que admiro bastante por su perspectiva realista de la música, más no frívola como se pudiera hallar en unas muchas estanterías que apelan a la supuesta objetivación de la misma música.
Resumiendo lo catalogo en una clase de ensayo biográfico, pues el autor -Cantante y guitarra armónica de Talking Heads- hace énfasis justo en ese concepto. Es una obra en la que se connota la historia, las grabaciones, la influencia generacional, el negocio, así como hipótesis acerca de la percepción -Porque increíblemente nadie sabe a ciencia cierta por qué nos gusta la música-.
Para empezar siempre me dio curiosidad el hecho de la preferencia de ciertos géneros y la marca que conllevaba la escucha de unos y otros. Terminó por complementar mi criterio acerca de este arte, que empezó siendo pauta para la socialización. En un auditorio donde se escuchaban las canciones de los más virtuosos compositores se daba un ambiente digamos informal puesto que la gente acudía a estos elegantes auditorios con la intención de solamente parlotear, beber y conocer gente nueva. Era más bien como una discoteca, no se preservaba aquel conservadurismo que siempre hemos conocido sobre la música clásica pues las directrices de conducta surgieron de ideas plenamente clasistas. No es que tenga un propósito en concreto y que deba corresponder a ciertos criterios para su disfrute. El error más bien es catalogar una forma de expresión a base de una conjetura nada parecido a sus inicios.
Desde un principio se le atribuyó como una parte esencial para la relación de los semejantes en una comunidad, se prestaba para evocar rituales, de nacimiento, muerte, festejo, deleite, tragedia. Se mantuvo una evolución constante de la misma y parece no interferir en procesos contemporáneos, es más, creo que es ahora cuando más intervención tiene en nuestras vidas. Este hecho le da paso a la idea de que la música ha sido de gran importancia a lo largo de la antropología. Ha funcionado en ocasiones como gran conector de perspectivas, tal como si el influjo de alguna sustancia pasara desapercibido en el proceso de apreciación.
Se dice mucho en el aspecto científico si nuestra capacidad de apreciación surge del instinto de reconocer patrones entre los ruidos circundantes, si asociamos dicho instinto a sonidos familiares dentro de nuestra naturaleza -Es por dicha hipótesis que se ha creado “música para animales” creando sonidos con instrumentos que se inspiran digamos en los latidos constantes de determinada especie así como los quejidos, o comandos sónicos en los que expresan ciertas señales de peligro, reconforte o dolor así mismo también implica el flujo de la frecuencias en las que se comunican los animales-. Si bien no ha habido alguna teoría acordada pues es inmemorial la relación de todo con el hecho intrínseco de ser animales sociales.
La creatividad, las composiciones siempre se han estribado en la restricción de la época. En los años donde las grabaciones comenzaban a tomar un papel en la economía, es decir cuando la música empezó a ser un producto que se podía adquirir. Todo lo inmerso a los rasgos culturales tomaron cada vez más contraste en las composiciones y en el modo de construir canciones. La calidad de las grabaciones dejaba mucho qué desear aunado a esto la facilidad para crear copias de la misma para su distribución solía ser exasperante para los artistas de hace 120 años. Fueron hechos de este tipo los cuales dieron a luz a agrupaciones con una energía efusiva, incluso en tiempos de nuestros abuelos se solía pensar que quien tocaba más fuerte era el que tenía una propuesta más interesante que otros. Claro era un rasgo casi invisible para la época ya que la composición mantenía algunas directrices indirectas que de verdad influían en la creación de música, así como la mera existencia del autor y su desenvolvimiento. Fue así como conocemos a las bandas de estadio, al rock, etc.
Aunque durante este mismo trayecto se desarrolló cierta dicotomía ante la popularidad de las grabaciones – Porque la música en sí ha estado ahí a lo largo de mucho tiempo como mencioné anteriormente-
Fue la industrialización de este negocio emergente lo que nos llevó a lo que es la música de hoy, y a lo que ha sido respecto a los más grandes representantes contemporáneos. Fue la calidad de las grabaciones también lo que nos ha traído material de menos contenido decibélico a cambio de un contraste mayor de sonidos, fue esta globalización lo que le da un supuesto valor jerárquico en géneros, así como este inherente y cuestionable rasgo de pertenecer. Ha suscitado montones de eventos, de momentos, de emociones, pero así mismo fueron las grabaciones las que condenaron y re emergieron el ego y la arrogancia de muchos músicos nuevos. Puedo decir que hay y conozco muchos músicos virtuosos que se saben componer, que se saben matizar que se saben expresar, pero esto no significa que entiendan el panorama de la música y la conceptualización de la música hoy en día. A fin de cuentas, una empresa no vende arte, vende una posesión, una licencia, una grabación.
Pero no todo es para mal, los géneros en sí son parte de esta evolución y es evidente su impacto en la vida de todos nosotros ya que nos une como ninguna otra cosa pudiera ser, algo parecido a la magia. Pero como todo negocio, llegará un día en el que todo dejará de funcionar. Más por cómo es percibido, por el conservadurismo que ha llevado a interpretes y compositores a establecer una hegemonía de gustos, de medidas y tal. Actitudes poco relevantes si hablas de música, pero significativamente opresoras si se trata del negocio que muchos niegan y que ha sido portador de numerosos casos de abuso y explotación. Sé que no todos podemos digerir todos los géneros que hay, pero los prejuicios de los mismos es una contradicción tremenda al origen de la materia en sí. Somos seres sociales que hemos necesitado de este hecho para converger sociedades, y este recurso por su naturaleza voluble también ha dado lugar a emociones autoritarias, bélicas y totalitarias. Es un recurso neutro que depende enteramente de la sociedad en la que se desenvuelve y puede comunicar cualquier rasgo de vida y percepción a lo largo de la vida de una persona e incluso puede liberar la conciencia de algún grupo de individuos o de uno mismo, es tan íntegro que puede ser una concesión de paz o una grave mitigación del libre albedrío. Sin embargo, es gracias a este negocio el que la exploración intrapersonal puede volverse una realidad. Es difícil cuestionar un hecho que se ha abierto paso en la rutina de todos a costa de un bien o un mal, eso y otros muchos aspectos que hacen un deleite el estar presente en conciertos, mismo negocio ha dado hincapié a los shows, a que se desarrollen como una obra teatral, los grandes y costosos eventos en masa han suplido de cierta manera los rituales comunales que solían hacer nuestros antepasados. Mismo negocio hizo que hoy pudiéramos disfrutar de un inmenso catálogo de expresión cultural y personal. Aunque como es costumbre en un sistema consumista, siempre a merced de los intereses de pocos y el gusto voluble de muchos.
 

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