6:00 AM
No sé si sea demasiado tarde o demasiado temprano, mis músculos se tuercen
buscando descanso, buscando rutina. Como a muchos seguramente el día y la noche
se han vuelto meras casualidades naturales, ya ni una ni la otra presagian la actividad,
la deambulación, ya es cuestión de costumbre hallar tiempo en la serena oscuridad
de la noche o en el abochornante calor del día.
El atardecer pareciera pecar de singularidad, su presagio ilumina el encierro,
la pecera de mi pez, las hojas de mis plantas. Aún sigo sin comprender cómo el
misticismo de un pedazo de cartón pudo despertar varias cualidades en mí.
Contrariado a lo que cualquiera pudiese escuchar de una persona supuestamente
mejor adaptada a la realidad, con decepción me vuelvo a las nociones del pasado,
continuando con el perdón que se me ha sembrado, con la empatía que tuve que desarrollar.
Hasta hace poco fue que es escaso encontrar dicha virtud a modo desinteresado, todo
se antepone y nada se logra, pues depende de la reciprocidad, tal como el
radicalismo de los movimientos una gran incomprendida.
He dejado de creer en muchas cosas ultimadamente, involucrarme de forma
pasiva en los intereses consecuentes del consumismo me ha hecho rebotar una
jaqueca insistente, una rabia incomprendida y sumisa pues, aunque se pueda
externar poco podría lograr plasmándola, podría decir que aún no hallo la forma
de hacerlo.
Cada vez me siento menos hombre, a medida que las palabras recorren mis
ojos a costa de un crudo trago salivar de orgullo y disposición, me doy cuenta que
la ciencia abierta de la vox populi es una absurda conjetura, hasta día de hoy
agradezco no haber sido hijo de un solo par de progenitores, fue mi inherente tenacidad
heredada la cual nunca me permitió ceder plenamente ante las palabras ajenas.
Descubro que mucho de lo disfrutable está sujeto a impedancias, que mi placer
cuesta vidas, que mis deseos son de origen prosaico ¿Será que se puede vivir sin
aquellas influencias transmisivas? Que ¿Sólo sean vestigios de lo que tuvo que
haber quedado atrás hacía mucho tiempo? Todo parece indicar que sí. Ante mi
constante esfuerzo por entender y emular una perspectiva abierta, he
descubierto que las personas necesitan aquella romantización la cual tanto mal
trae a sus vidas como el crack en la juventud floreciente. El deleite suele ser
una transfiguración de razones adversas, no se puede hallar cierta relevancia
significativa ante la negación de que uno también puede ser idiota, de que uno
puede vivir inmerso en su ignorancia y no darse cuenta, que la soberbia indiscriminadamente
se engulle hasta en la razón más humilde del ser.
La realidad o lo que podemos definir de ella de forma subjetiva, atiende
meramente a una distopía de espectaculares destellantes, de egocentristas
sentimientos, de motivos sobre entendidos y de mal uso de la retórica misma.
Nadie se salva de la hipocresía podría decir. Aunque mi expresión pueda parecer
un hálito melancólico, es cierto que comprendiendo estos hechos y meditándolos,
no tendría por qué ceder, contrariar de forma analítica siempre estuvo en mí,
aunque pereciera el sentido de la vida misma a voz de cada cabeza en su intrínseca
razón de ser una novela de ficción, puedo comprender que descifrar las razones
y no los motivos, puedan causarte un vacío, puedan darte camino a una soledad
deseada. Sin embargo, alguien tiene que hacerlo. Es ahora que resalta la loca
idea de que tal vez, sólo tal vez, Jesús no murió en la cruz, quizá murió de
desilusión y vergüenza. Murió a causa de nuestros pecados, pero no por la
disolución de los mismos como pudieras escuchar en reverberantes salones de espiritualidad
manchada.

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