Wild Life.
Eran las ocho y
media de la mañana, el bus como de costumbre, iba moderado, el camino sereno junto
a pasajeros sólo observando sus teléfonos, la televisión plegable o dormidos. A
causa de un audífono descompuesto, no pude distraerme como tal en las canciones
que usualmente reproduzco para el viaje, un poco de los “días buenos” “nostalgia”,
hasta a veces una que otra que me hiciera ver como una persona “ruda”. Aquel
día simplemente era un tanto incompleto porque no podía prestar atención a la
música.
A mi izquierda se
asomaba el sol en la marquesa. No sé qué lo cause, pero era un bello amanecer rojo,
el frío producía una neblina sobre el lago, que lucía espectacular contrastando
el cerro hallado detrás.
Inevitablemente, como
uno de aquellos recurrentes momentos, comencé a pensar, meditar un poco la
situación actual, colocándome en contexto, exprimiendo el reciente presente
como si me hallara en alguno de eso bares, donde sólo puedes pensar en tu
bebida y la rutina que orilló a tal lugar; El pensamiento más insistente, fue el
hecho de que he sido una persona de poco afecto, me refiero, lo externo, me gusta
recibirlo, pero el hecho de ir más allá con una persona no es un acontecimiento
que vaya con mi persona, quienes me conocen lo saben. Obviamente hay muchas
razones en las que podría variar el resultado de la situación. Aunque me he
visto enredado en una sarta de ideas conectadas que no me dejan ser concreto en
ese aspecto. Es muy fácil para cualquiera tomar el caso y adaptarlo a su verdad.
“Sobre piensas las situaciones” “Necesitas mostrar más seguridad” “Ya llegará
alguien” “Eres muy mamón”. Enunciados que estoy seguro también escuchan ustedes.
Externar esta inquietud en mí, no me hace anhelarlo en demasía, sólo considero curiosa
la forma en la que se desarrolla este comportamiento en mí, puesto que en muchas
ocasiones he caído en el ojo del huracán de algunas relaciones, de verdad
distintas, de familiares, amigos y conocidos. Después de superar lo que traía
entre pensamientos durante ya hace bastantes meses, me incliné sobre el hecho
de que es difícil encontrar una persona sabiendo la expectativa de las cosas. A
veces vamos directo al grano sólo cayendo en una atracción o en un “crush”, sin
saber qué podría venir después, simplemente cumpliéndole a un capricho que la
monogamia nos sitúa frente a las hormonas naturales. El mundo es tan salvaje,
así como sus habitantes, la lucha pasional de hallar una razón, es una tediosa
encrucijada de emociones disfrazadas de amor. A tantas preguntas olvidé esa
sensación, aquella noción sensorial que nos hace sonreír estúpidamente, pensar
en alguien, no lo sé, ver en canciones anhelos de algo, siendo sincero, anhelos
de algo emocional y no sexual (del todo).
No estoy
pretendiendo ser un hueco árbol frío, ni me cierro a posibilidades, el punto es,
la falta de ese algo me ha hecho cambiar nuevamente mi comportamiento. De momentos
extraño esa sensación, pero al analizar lo que podría conllevar, lo evito. En
mi cabeza orbitan oraciones como “No puedo hacerlo” “¿Realmente es necesario?” “Será
como un síndrome de abstinencia?” A voz de cualquier incomprendido podría sonar
algo simple o complejo, por mi parte lo veo como un fenómeno contemporáneo, tal
vez algo que se está haciendo presente apenas en nuestra generación, realmente
no espero a nadie, y no me reconforta las interpretaciones de terceros, porque
no hay nada que
consolar, solamente una noción a la deriva.


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