Soñar.
Viendo las gotas en la gran ciudad, el auto chocando con ellas, todas
aquellas luces que destacaban en la nublada y húmeda noche; no había palabra
qué decir, pues había sido un buen día. Tal vez el mareo, o las múltiples molestias
en la cabeza, fruto de lo que pudiera decirse un día común y corriente en un
parque de diversiones. Es curioso, los pensamientos menos adecuados a veces llegan
en un momento de alegre lucidez, justo cuando sientes el momento desenvolverse en
la cotidianeidad de tus días: mañana, gimnasio, sudor, satisfacción, espejo,
ocio, estudio, música, noche e insomnio.
De cualquier forma, miré mi teléfono intentando no arruinarme el momento,
esperando ver mensajes, de aquellos que hacen levantar mi ceja izquierda y
dibujan la silueta de una sonrisa incompleta; entre las distracciones que se
presentan en aquél cometido, suelo ver cosas graciosas, noticias que siempre
presentan; seguido me llevo un suspiro de decepción al ver lo que piensan mis
semejantes, personas que no construyen un mundo para todos, sino un mundo para
ellos mismos. Llegué a pensar que era una condena cultural, de cierto modo lo
es por el hecho de la insistencia de sus mentes necias y orgullosas, pero no es
algo raro en el mundo, un rasgo que puedo ver de bocas extranjeras; de repente
todo pierde sentido pues, en la serie de pensamientos que calan mi cabeza algo
surge, una chispa detona y desvía mi atención, una risa entre dientes, siempre
lo hace.
Miré las burbujas de las conversaciones y reflexioné sobre la trascendencia
de sus rostros en mi historia. Cómo llegué a mirarlos, cómo llegué a tocarlos,
las palabras que usamos, las emociones que me provocan.
Sus ojos de colores, sus cabelleras rizadas, lacias, necias, oscuras,
claras, de color. Por un momento, con canciones instrumentales de fondo, me
sinceré conmigo mismo y juzgué si era algo que valoraba o una de esas vertientes
en las que te dejas llevar, ya sabes, todos tenemos personas pasajeras, que se
aferran a tu vida y cuando menos te das cuenta, en realidad no hay ningún
aporte de ellos en ti, sólo palabras al aire, tal vez algunas coincidencias,
pero nada que haga querer abrazarles o decirles lo tanto que los quieres.
Todo eso pasó mientras las gotas se arrastraban en el parabrisas, mi
hermano dormía en los asientos traseros y mi papá conduciendo intentando disfrutar
las canciones que yo ponía. Pensé en mis sentimientos momentáneamente, cómo
dichos rostros se deslizaban a la silueta de la sien, ya sea rosando, pasando o
besando. ¿Qué es lo que veo de ellos? De la nada todo surge como si la
combustión de un cerillo encendiese mi razón, un golpe de dopamina me hace
fijar los ojos con la pretensión de un acosador, pero a la vez un miedo con sabor
a pasado me atormenta, lidiando con la real naturaleza de las acciones, difiriendo
entre lo que creo y lo que realmente es. De forma arrepentida lo reprimo para
después echarme piedras en la cabeza diciéndome a mí mismo: ¡Tú no eres así!
Ante tanto, resumí. No tengo miedo de seguir perdiendo, de dejar de ver, de
dejar de escuchar, de dejar de sentir a quienes su ciclo ya está en decadencia,
siempre fui así, cambiando de casa, cambiando de personas, cambiando de
emociones, de grupos, de convicciones, de opinión, etc. Aunque quisiera guardar
algo de lo que quiero, siempre termina por desvanecerse, me canso de las rutinas,
me aburro de la comodidad, instantáneamente recordé la frase de un libro: <<Es
justamente la posibilidad de realizar un “sueño” lo que hace la vida interesante>>
Aunque la palabra sueño no debe tomarse literal, la comprendí también como una idealización del futuro. Cuando rescaté al cachorro de la calle, lo
que me gustaba de levantarme temprano era limpiar su desastre, darle de comer,
sacarlo a pasear, desarrollé cariño con él porque me mantenía ocupado, era
interesante mantenerlo a salvo, eso hacía interesante mis mañanas, el amor que
desarrollé por ese can y las acciones que hice para tenerlo. Fue entonces que
me di cuenta de las cosas que no necesito, situaciones incoherentes, respuestas
grises, cabezas vacías, rutinas insanas, personas pasajeras, cosas que son
aburridas para mí, cosas que no me crean una posibilidad de “soñar con una vida
más interesante”.


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