Cuando las hojas caen.
Justo cuando notas las hojas caer, el frío de temporada reseca tu piel, la vergüenza cae ante las repercusiones de ayer. Pensando en las probabilidades, oliendo el perfume sintiendo el cabello, tal como epílogo de una nueva historia, ambientada con una pieza instrumental, parecido a un show en el que el público se levanta conmovido aplaudiendo; tal vez se sueña mucho, pero tarde o temprano asimilas que no será esa obra la que protagonizarás ¿Será mejor? ¿O una trama igual de conmovedora, pero sin tener a la felicidad como temática central?
Mientras azotaba los pasos en el puente peatonal, la melodía del piano recordaba otro camino, tal vez el clímax de nuestro personaje el cual ya no tiene nada que perder, mira sin esperanza a la inmensidad de coches que atraviesa el boulevard justo debajo del puente en el que está, posiblemente la música se hace más lenta, hasta que algo diferente pasa.
¿Será que nos acostumbramos a encerrarnos pensando que somos libres? Realmente uno duda de la veracidad del concepto cuando lo define objetivamente, de ahí salen otras cuestiones, unas más ruidosas que otras. ¿Qué es el amor? ¿Voy por buen camino? ¿Y si hoy me voy a pasear por la ciudad?
Las gotas caen tan salvajemente sin perdonar, el frío se vuelve una reconfortante sensación, pues si no es éste ¿qué más será? De alguna forma remota, comienzas a querer las cosas inanimadas, hallas su alma en el ruido que emiten, no en los reflejos que tienen, porque ¿Cuántas personas reaccionan, pero prefieren guardar palabra? Son como figuras de papel que sólo el viento puede mover.
Llegas al punto donde se siente bien llorar, has encontrado algo más profundo en ti, lejos de lo habitual, lejos de la bruma diaria, si vives siempre en ansiedad, hasta la más desagradable experiencia logra cautivar tu seco ser. No es triste, más bien preocupante ¿Qué tanto has perdido a raíz del duelo que te conserva en cautiverio desde hace meses?
Pierdes noción del deseo, ¿cuándo fue la última vez que lo sentiste? Buscaste reemplazar lo irremplazable, reparar una brecha que debe estar abierta para la comprensión del futuro, es un equilibrio que puede aplicar en una persona, no sabríamos decir qué es armonía si antes no hubiera existido el caos. Tal vez la brecha del espacio son los agujeros negros, tal vez los días tirado en la cama son las estrellas que extinguen su luz.
Estas cosas transforman tu percepción de mirar a las personas, sus acciones, sus emociones, sus anhelos. Son historias casi iguales, resultados muy parecidos, pero percepciones distintas. ¿Conoces aquel que se volvió un amante de lo carnal? O aquel que vivió siempre hundido en su inmundicia, tal vez este que sólo estaba experimentando para saber si podría hacerlo. Sin pensarlo y saberlo todo es cíclico, decides con qué te quedas, generalmente esas opciones.
Es cosa de cada quien, el cómo toma el papel de víctima, el daño sólo es un guía que no todos pueden seguir con la franqueza de que ya nada puede regresar el tiempo. ¿Dónde está la armonía de vivir de cama en cama? ¿Dónde está la vida de gastar el tiempo en lágrimas y resentimientos? ¿Tan primitivos somos para alimentar nuestro ego de una necesidad vana de un mundo material? Qué pasó con las pequeñas cosas, cuando las tardes del casi anochecer solapaba tu cansancio, cuando recostarte en el pasto era la purificación de todos tus pecados.
Desconozco el lado óptimo del destino, pero he tenido suficiente, ante la abrumadora realidad del vagón de pasajeros, puedes apreciar la repetición de mentes, los bostezos se prolongan a medida de la experiencia, parece ser que todos buscan ser esclavos de sus propias inseguridades, que nadie quiere salir de donde se ha atorado. La negación de lo nuevo los hace parte de la multitud que nadie recordará mañana. Principios basados en un “piedra, papel o tijera”. El cansancio de ver la misma transmisión de radio, pero con diferente timbre de voz, parece ser más una condena. Pues, si no hay dependencia, si no hay deseo ni interés ¿Qué más queda por perder? Pensé en quebrantar convicciones para cubrir ese anhelo, pero del otro lado hay más de lo mismo. Sólo hay alguien que representa esa distinción entre todos los bultos grises de pensamientos opacos y eres tú mismo.
Mientras azotaba los pasos en el puente peatonal, la melodía del piano recordaba otro camino, tal vez el clímax de nuestro personaje el cual ya no tiene nada que perder, mira sin esperanza a la inmensidad de coches que atraviesa el boulevard justo debajo del puente en el que está, posiblemente la música se hace más lenta, hasta que algo diferente pasa.
¿Será que nos acostumbramos a encerrarnos pensando que somos libres? Realmente uno duda de la veracidad del concepto cuando lo define objetivamente, de ahí salen otras cuestiones, unas más ruidosas que otras. ¿Qué es el amor? ¿Voy por buen camino? ¿Y si hoy me voy a pasear por la ciudad?
Las gotas caen tan salvajemente sin perdonar, el frío se vuelve una reconfortante sensación, pues si no es éste ¿qué más será? De alguna forma remota, comienzas a querer las cosas inanimadas, hallas su alma en el ruido que emiten, no en los reflejos que tienen, porque ¿Cuántas personas reaccionan, pero prefieren guardar palabra? Son como figuras de papel que sólo el viento puede mover.
Llegas al punto donde se siente bien llorar, has encontrado algo más profundo en ti, lejos de lo habitual, lejos de la bruma diaria, si vives siempre en ansiedad, hasta la más desagradable experiencia logra cautivar tu seco ser. No es triste, más bien preocupante ¿Qué tanto has perdido a raíz del duelo que te conserva en cautiverio desde hace meses?
Pierdes noción del deseo, ¿cuándo fue la última vez que lo sentiste? Buscaste reemplazar lo irremplazable, reparar una brecha que debe estar abierta para la comprensión del futuro, es un equilibrio que puede aplicar en una persona, no sabríamos decir qué es armonía si antes no hubiera existido el caos. Tal vez la brecha del espacio son los agujeros negros, tal vez los días tirado en la cama son las estrellas que extinguen su luz.
Estas cosas transforman tu percepción de mirar a las personas, sus acciones, sus emociones, sus anhelos. Son historias casi iguales, resultados muy parecidos, pero percepciones distintas. ¿Conoces aquel que se volvió un amante de lo carnal? O aquel que vivió siempre hundido en su inmundicia, tal vez este que sólo estaba experimentando para saber si podría hacerlo. Sin pensarlo y saberlo todo es cíclico, decides con qué te quedas, generalmente esas opciones.
Es cosa de cada quien, el cómo toma el papel de víctima, el daño sólo es un guía que no todos pueden seguir con la franqueza de que ya nada puede regresar el tiempo. ¿Dónde está la armonía de vivir de cama en cama? ¿Dónde está la vida de gastar el tiempo en lágrimas y resentimientos? ¿Tan primitivos somos para alimentar nuestro ego de una necesidad vana de un mundo material? Qué pasó con las pequeñas cosas, cuando las tardes del casi anochecer solapaba tu cansancio, cuando recostarte en el pasto era la purificación de todos tus pecados.
Desconozco el lado óptimo del destino, pero he tenido suficiente, ante la abrumadora realidad del vagón de pasajeros, puedes apreciar la repetición de mentes, los bostezos se prolongan a medida de la experiencia, parece ser que todos buscan ser esclavos de sus propias inseguridades, que nadie quiere salir de donde se ha atorado. La negación de lo nuevo los hace parte de la multitud que nadie recordará mañana. Principios basados en un “piedra, papel o tijera”. El cansancio de ver la misma transmisión de radio, pero con diferente timbre de voz, parece ser más una condena. Pues, si no hay dependencia, si no hay deseo ni interés ¿Qué más queda por perder? Pensé en quebrantar convicciones para cubrir ese anhelo, pero del otro lado hay más de lo mismo. Sólo hay alguien que representa esa distinción entre todos los bultos grises de pensamientos opacos y eres tú mismo.


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