Ojalá no vuelva.

Debajo de las gotas de agua, con la regadera encendida a una temperatura masomenos agradable; pensé en lo que había hecho, en lo que estaba haciendo y en lo que haré todavía. La retrospectiva de los hechos hirientes y enriquecedores. Ví al tímido muchacho dudoso incluso de su misma seguridad, encubriédose de la estima ajena, de las dulces voces y el mediocre conformismo. ¿De dónde salió todo esto? Fue una necesidad propia de los jóvenes en la edad de la soberbia mental. Siempre fui frágil, sometiéndome al estudio y análisis de la gente. Es por eso que en cuentas generales sé lo que quieren, sus preferencias. Pero no la eventualidad de sus comportamientos. El agua seguía fluyendo por mi piel; acariciaba mis brazos y al terminar el baño, me miré al espejo, estaba cumpliendo la meta de cambiar el cómo me veo y se vio reflejado en mi seguridad, eso que quizás iba muriendo, volvía a aparecer, sin el remordimiento de conciencia. Perdí en medida mi virtud, pero gané el amor a la vida, a mí mismo. Todos hablan, todos te juzgarán, te dirán su pobre e inútil perspectiva, porque es notorio cuando de verdad encuentras a alguien que tiene un argumento útil en tu vida. Muchas de esas personas son cercanas a ti, quienes quieres, amas y/o valoras. La regla de serlo y vivirlo, es simplemente hacerlo, nada ni nadie te estará esperando del otro lado, siempre te observarán y te juzgarán. ¿Por qué no romper el hielo con aquella chica de la fiesta? ¿Por qué no beber vino mientras te bañas en la tina? ¿Por qué no tomarle en brazos y decirle que te vuelve loco? ¿Por qué no besar desconocidos mientras estás drogado?. El mundo es de quien lo hace y no de quien le teme, mientras uno puede predecir los posibles fracasos, otros mejor lo intentaron y fallando aprendieron a cómo hacerlo de verdad y dejarte atrás. Sé que el pasado te reconforta, es una ventana a lo pasado, una cerrada, únicamente puedes ver a través de ella sin tocar. Extraño mi pasado como cualquiera, pero pese a mi armonía, me faltaba la fuerza para ser yo. Cuánto no tropecé, cuánto no me equivoqué, cuántas veces no me enamoré de la persona incorrecta. Hay un resplandor en el "hubiera" uno que ilumina y te trae justo donde estás parado. Nunca será perfecto y si esperas de la vida un pago por lo bueno que has sido con los demás y con todo, estás perdiendo tu tiempo. Podré parecer un imbécil frente a muchos, o alguien de estima. Siempre dependí de lo que pensaran de mí, retraído por el dolor, pensando en cómo reparar una cortina rasgada sin que se viera mi intervención, pensando en que alguien era especial cuando en realidad no tenía ni un gramo de autenticidad; la emoción es efímera, los sentimientos temporales. ¿Estás aquí para ver cómo los demás logran lo que tú siempre hubieras deseado hacer?

El tiempo siempre será el mejor maestro y la diferencia entre hacer un mundo diferente al visto actualmente, está  primero en amarte a ti mismo y mandar a la mierda toda la sarta de hipocresía del resto de la humanidad.

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