Danzantes.
Esa emoción infantil al ver cómo se apagan las luces para darle pauta a algo nuevo, fuese lo que fuera había algo emergiendo en la oscuridad del salón, empíricamente uno piensa en las luces y el show, en los bailarines, en la música también, considero prudente afirmar que la poca luz hace contraste a los sentimientos encontrados, no soy un experto en el teatro ni la danza, no quiero parecer el típico idiota crítico, pero ante la falta de sincronía objetiva, pude disfrutar la noción de ciertos actos, fue en algunos experimentales, donde supe: el arte se lleva por donde lo expresas, era evidente ver quién hacia arte y quien no, aunque no me refiera a la complejidad de sus movimientos sino al furor de estos, reitero, pese a algunos aspectos, mientras hubiera ese algo, podías hallarle sentido y pasión a sus sentidos, de algún modo se volvía un compás a contra tiempos de claves decimales a contraste disparejo, pero expresión definida, evaluando los aspectos individuales me convencí de lo bello que eran los actos; no observaba a quienes sino, su resplandor, sus rostros llenos de angustia y anhelo a la perfección, no irrumpía con su cometido.
No fue sino hasta el tercer acto que en la convergencia de los aspectos anteriores, pude apreciarlo con claridad, una corriente ramificada luminosa recorría mi paladar y mi sien, mi conciencia se apagaba, pero la catarsis fluía como sino hubiera de quién depender, fue la fascinación en sí quien se había aferrado a mis dañados dedos, creo tener noción de lo que los artistas argumentan acerca del respeto al teatro pues en la audiencia había severa falta de ello, pudo haber arruinado mi experiencia con sus luces, sus gritos y sus susurros, pero lo que sentía en ese momento ocupó mis sentidos subjetivos.
Con su vestuario, el tiempo pasado y su escucha, pudo hacer de la pieza lo que nadie más entendía en el público, aún recuerdo haberme recargado sobre mis piernas, pues todo lo que había observado individualmente ahora yacía en un cuerpo con vestido, zapatillas, pelo recogido y esa sonrisa que busca donde resguardarse, dudé de mis afirmaciones pues pudo ser que mis sentimientos tuvieran que ver, así que partí desde lo objetivo y lo seguía viendo. Puedo sonar exagerado con mis palabras, inclusive puede que ni si quiera algunos bailarines vieran lo que yo si ví en ellos. Sin duda entran varias sensaciones, puedo describir este arte como una llegada a casa, con el sol cayendo en la tarde de las seis.
No fue sino hasta el tercer acto que en la convergencia de los aspectos anteriores, pude apreciarlo con claridad, una corriente ramificada luminosa recorría mi paladar y mi sien, mi conciencia se apagaba, pero la catarsis fluía como sino hubiera de quién depender, fue la fascinación en sí quien se había aferrado a mis dañados dedos, creo tener noción de lo que los artistas argumentan acerca del respeto al teatro pues en la audiencia había severa falta de ello, pudo haber arruinado mi experiencia con sus luces, sus gritos y sus susurros, pero lo que sentía en ese momento ocupó mis sentidos subjetivos.
Con su vestuario, el tiempo pasado y su escucha, pudo hacer de la pieza lo que nadie más entendía en el público, aún recuerdo haberme recargado sobre mis piernas, pues todo lo que había observado individualmente ahora yacía en un cuerpo con vestido, zapatillas, pelo recogido y esa sonrisa que busca donde resguardarse, dudé de mis afirmaciones pues pudo ser que mis sentimientos tuvieran que ver, así que partí desde lo objetivo y lo seguía viendo. Puedo sonar exagerado con mis palabras, inclusive puede que ni si quiera algunos bailarines vieran lo que yo si ví en ellos. Sin duda entran varias sensaciones, puedo describir este arte como una llegada a casa, con el sol cayendo en la tarde de las seis.


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