25 de Mayo.

Recuerdo bien los días anteriores y posteriores. Antes de consumar algo, en la ebriedad de la situación y la privacidad relativa, privacidad sólo establecida por un baño. Me acurruqué en donde no sabría que podría ser una odisea de cosas, emociones, momentos, sentimientos. La noche transcurría y mi boca floja decía: Seas lo que seas, hagas lo que hagas, estés donde estés, yo siempre te voy a querer, no me importan tus defectos, no me importan tus derrotas, me importas tú, porque te quiero como no tienes idea, no es tu cuerpo, es la esencia que creas en mí.
Ante un estado melancólico y meloso, las lágrimas empezaron a brotas por ambas partes, sentía como estrujaba al oír mis palabras, como su voz se quebraba y se quedaba sin palabras. Esa noche previa juré con corazón que jamás la dejaría ir, no hubo contacto, ni si quiera un beso que sellara esa noche, ambos nos apenábamos de que fuera sólo por el alcohol, simplemente sentíamos que algo estaba hecho.
Pues ya estaba de esperarse todo, ya estaba prescrito ante los ojos de los demás, un acontecimiento que todo querían ver, pese a que yo miraba a este en ojos de alguien más, la química seguía creciendo por otro lado, inevitablemente todo volvía a reconstruirse. Debía pasar.
No voy a olvidar como las canciones emblemáticas de la prepa, decoraban esa conmovedora escena, en la casa de mi buen amigo Sergio.
Ya estando en la unión, jamás pude ver tanta fe en mí mismo, siempre fui el chico que hacía las cosas a medias y tenía cosas a medias con gente, claro en la manera afectiva. Era totalmente nuevo para mí. Era una felicidad incontrolable, todo en mí fluía como electricidad en el cobre. Era notorio, mi madre me lo comentaba en ocasiones. Empecé una etapa de conocimiento propio, una que jamás olvidaré porque hasta apenas va tomando su lugar, un año después.
Era más que enamorado, vivía en sueños, y portaba con orgullo un título divino a mi perspectiva, fue mi etapa más vulnerable que jamás haya tenido.
Pero el tiempo pasó demasiado rápido, zarpó y en cuestión de meses acabó, iba mal, no había seguridad, éramos dos niños jugando a los novios, jugando a tenerse el uno al otro. Claro, lo que sucedió después no es mi mayor orgullo. Alcohol, marihuana, más alcohol, canciones desgarradoras y un odio a la vida en sí irracional, dominaron mi cuerpo, tomaron control e hicieron algo nuevo, algo que jamás había visto en mí. Muchos me criticarán, el por qué de mis actos si sólo algo de tres meses, en realidad fueron dos años de conocernos, en los cuales, sin darme cuenta, con el paso de los meses y semestres, sólo afirmó lo que ella alguna vez dudó en sentir, porque una vez me había rechazado. 
No mejoraba, cada vez iba peor, fue la peor depresión de mi vida, me quejaba y maldecía. Nunca pude ser plenamente feliz, nunca pude estar en los brazos de quien yo amaba en su respectivo tiempo, siempre había miedo o algo que simplemente era parte de una inseguridad propia de un adolescente; en su tiempo, reclamaba la razón por la cual, me despojaban de todo siempre. Aun recuerdo que fue un golpe sin previo aviso, ella no lo pasaba bien, tampoco yo. En mis pobres intentos de recuperar todo, caí en las insistencias tontas, argumentando, dando palabras, matándome para poder decir algo útil y así, volver a estar juntos. Pero, aunque apenas fue un año atrás, era demasiado estúpido y joven mentalmente. No respeté lo que ella vio mejor, lo que era necesario quizá.
Me aferré a ella como un perro a un hueso con tuétano, no sabía amar en realidad, sólo a depender, sólo sabía escribir un montón de cosas dedicadas para ella, sólo sabía soportar, sólo sabía querer infantilmente. 
Mi negatividad fue tal, que me orilló a dejar una buena escuela, mi hogar, mi ciudad, y la frecuencia con gente cercana, no echo culpas a nadie. Pero ya no quería ni ver la catedral de la misma ciudad de Toluca, escondí todo, haciendo parecer que necesitaba el cambio, en aquel momento no, pero hasta ahora veo que fue necesario.
Al principio no hubo cambio, era la misma miserable persona, pero viviendo en una casa distinta, a 77 kilómetros de mi ciudad natal, sin estudios, buscando una nueva oportunidad en qué enfocarse, decidiendo emprender una nueva vida, lejos del dolor que yo mismo provocaba. Era todavía el mismo mucho pendejo que dependía de una ilusión.
Por más que quisiera quitarme rastro de todo, no podía, parecía que mi promesa de aquella noche, se había vuelto un hechizo porque me era imposible dejar de quererla tanto. En mi nuevo hogar, mis amigos eran botellas de vino y tequila, era el suelo de madera en el cual me quedaba tirado de lo ebrio que estaba, de manera que mi papá no se diera cuenta de mi frecuente ahora vicio. 
Lejos de cualquier otra decepción, las cuales vi con amigos, familiares, conocidos, etc. El típico hombre con corazón roto que desquitaba sus penas con vicios además de buscar y mendigar amor que no sentía, ilusionando a otras mujeres, sólo para desquitarse, inventando un sentimiento falso a costar de tener algo más carnal. La verdad siempre controlé ese lado salvaje, estaba muy desanimado, pero tenía la autoestima suficiente, como para no utilizar gente para mis estúpidos deseos carnales, además de que no deseaba a alguien más. Sigo recordando como mis manos pasaban por sus muslos lentamente, mientras que una catarsis yacía en mis hormonas débiles de adolescente.
No dejé de verle, no dejé de hablarle, ambos vivíamos inmersos en la misma nube gris, pero en cielos distanciados, ella allá y yo aquí, en Valle de Bravo.
Pasó el año y a comienzos, con rastros de mi infantil carácter, hubo una nueva reincidencia, después de tantos meses, por fin la volvía a ver. No voy a mentir, quizás de las sensaciones más reconfortantes que había tenido, era como una cita, de aquellas que teníamos como pareja, pero ahora sin nada entre los dos, simplemente viéndonos, no pasó mucho hasta que la besé, y nuevamente prolongar el beso mientras le abrazaba, sentir esa conexión, sentir ese furor dentro de mí. Nada había regresado, sólo éramos dos muchachos que se querían demasiado, pero no guardaban un nombre. ¿Free? No, no era algo tan juvenil, Sólo pasaba de repente.
Fue entonces que mi exploración comenzó a sanarme y a darme pistas de todo. Era obvio que no iba a dejar de quererle, y era triste ver que aprendía más estando separados, que en una relación. De pronto dejé de tener noción de mis emociones, más justo conmigo mismo, comprendiendo mis razones, jamás esperaba nada, lo hacía porque quería, pagaba boletos de autobús de dos horas y media de viaje para por lo menos apreciarle una hora. Me acababa mi dinero en eso.
Estaba aprendiendo a amar, no dependía de nada, sabía sus cosas, su vida, sus problemas, sus gustos, su todo. Y no me veía encaprichado por cosas pasajeras, por excusas y peleas vanas. Su falta de tiempo me hizo una persona tolerante, me hizo una mejor persona, hizo que me quisiera y valorara como tal. A lo mejor ya no lo manifiesto como antes, porque el amor no se describe, es surreal, es relativo, implica más que un mensaje de buenos días, que un ramo de flores. Es conoce y comprender, es estar ahí deseando lo mejor cuando quizás uno está por el suelo, es no reprochar atención, es querer ver a esa persona alto, más alto de lo que uno anhela. Para emendar esta revelación, tuve que sentir celos, tuve que imaginar cosas impropias, tuve que experimentar, tuve que observar, vivir. Sigue sin decrecer esa sensación, dudo que ella esté leyendo esto, pero lector, uno no sabe amar hasta que pasó un año entero en una pila de mierda sin fondo, haciendo y deshaciendo. A un año de haber empezado la relación, la cual terminó en agosto. Estoy aquí sentado, siendo más consciente, y orgulloso de mí, amándome….
En tu presencia me ayudaste a conocer la felicidad, en tu ausencia a vivir, no puedo tenerte rencor, pues indirectamente, creaste a alguien más fuerte que ayer, el mismo Diego, pero con un poco más de mente.
 “Judy, siempre te voy a querer, hagas lo que hagas, estés donde estés, con quien estés.


Comentarios

Entradas populares