¿Es mi amor suficiente?

Regresaba del hueco, de la resignación, cuando quise transformar una simple charla, las canciones enviadas, y nuestra ausencia en algunas clases.

Poco podía ver detrás de todo, no imaginé la intensidad en la que derivaría el hito de esa noche ebrios, donde juré una persistencia en el querer, no me arrepiento, la guardo con mucha nostalgia.

Fue en ese periodo donde pude conocer más de mí, tanto como mi mejor lado como el peor, aprendí a enamorarme de verdad, a esforzarme por obtener una pequeña porción del todo, a no quejarme de lo recibido sea mucho o poco todo tiene valor.

En la miseria viví, no me despegué de ahí por un buen rato, hubo un periodo oscuro, mis días llenos de Alcohol, llenos de estupefacientes, con la esperanza de avanzar, de llegar a cierto punto en el que pudiera olvidar todo, me dolía más por la falta de razones. De un día para el otro todo acabó, todo había sido tan sintético y parcial, como si de un juego se tratase.

Pese a los absurdos intentos de salir adelante más daño le hice a mi cuerpo, a mi mente, ya era peor de como había sido alguna vez. Toda la fe, toda la felicidad había sido desvanecida, era un alma podrida a Merced de las corrientes, un cáncer para la existencia. Jamás había sido tan infeliz.

La eventualidad de los hechos no fue tan terrible, pero la recibí de manera brusca por el contexto de las cosas. Sabía que, dentro de su corazón, ella me quería y estaría feliz de tenerme al lado, pero no era el momento para seguir con ese juego llamado amor.

Durante la lúgubre travesía, recordaba con severa tristeza todos aquello responsable de mi lucidez, el día en el sillón, los almuerzos aleatorios y las dulces despedidas en la parada de autobús; no había hombre más complacido en la tierra, no había barrera entrometida entre todo, pues el contar con ella a mi lado era suficiente motivación para poder explotar todo alrededor.

El tiempo me curó a medias, cicatrizó la herida, pero la infección seguía allí. Después de varios meses, volví a verle, me encontraba nervioso, como siempre, fue una comida casual, cuando terminó el encuentro, pude notar el hecho de que ella no había olvidado, seguiría correspondiendo a todo, mirándome de esa forma, yo Siempre viví ilusionado. Ella nunca decía mucho, su clara ausencia de palabra increíblemente especulaba más, me hacía despreciarme a mí mismo, a quitarle mérito a los tantos esfuerzos que hice, a mis escritos, al escaso talento que poseo, me odiaba porque no me lo reconocía, lo cual me hizo entender. El único responsable de mi valor soy yo, soy yo quien juzga mis acciones, mi arte, mis virtudes, no dependen de nadie más. Con su silencio aprendí la infinidad, lo Básico de empezar a vivir por ti, a no vivir en ilusiones, a darle su respectivo lugar a todo, a ponerle empeño a mis deseos, nadie más estará ahí para hacerlo, ni si quiera la persona que dice amarte. La verdad le agradezco, Por el hecho de haberse ido sin la más mínima razón, en el más inoportuno caso.

Por ahora no sé a donde irá todo esto, si se extinga mañana, si ya no es igual, si un día le veo paseándose feliz con alguien que no soy yo, si un día recibo sus palabras para finalizar todo, si todo había sido una cruda mentira, o si volverá, si después de tanto habrá otra oportunidad. No lo sé con seguridad, sólo sé, que donde sea que ella esté, con quién sea que esté, sabrá de mí, mientras yo deseo estar ahí.


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