Los bocetos de Diego III : Deleite.

La humanidad ha tenido tantos cambios innecesarios a tal punto de ahora tener estándares dentro de toda categoría: vestimenta, apariencia, clases, estereotipos, prejuicios, relaciones.

Para todo hay palabra que define a un individuo con sólo deslizar tu mano sobre la dermis de su alma, una breve demostración detrás de sus ojos.

Sentimos felicidad, cuando en realidad es una acción como correr o gritar, lo provocamos para placer propio; a partir de un estímulo, que nos inculcaron indirectamente desde las sonrisas de tu madre o la postura de tu padre con la gente diferente; se dividen opciones y si limitan anhelos. Es irónico que en algún punto negamos la influencia social cuando en realidad hasta el como lo niegas, nace de una construcción que alguien más creo en tí, hasta cierto número de personas consideradas cultas a los ojos de alguien menos idiota a la mayoría. Porque todos lo somos, a una manera específica en unos rubros específicos. Algunos hombres creen ser conquistadores, y algunas mujeres piensan que son manipuladoras.

Nos quebramos con el placer que hacemos, en realidad no tiene nada que ver con la felicidad, a pesar de ser tan parecidas; el estigma social ha vuelto vulgar ese concepto.

El deleite es el arma de quienes buscan los ojos de la multitud, es el arte de los desorientados y el pan de cada día de los ignorantes.

Por instinto buscamos el placer, seguridad y tranquilidad. Distorsionado por pedazos de carne, papeles de valor y uno que otro deseo. Lo acoplamos a nuestro contexto y surge lo imposible, las metas, los gustos, los disgustos, la ilusión. Y justo cuando se va, sufres decaimiento forzado, la dopamina ausente abre un hueco en tu pecho, crees que estás de pie por las razones que no tienes, pero justamente le estás respirando al ego de querer tener todo. Eres humano y jamás estarás satisfecho ni seguro de nada.



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