Cansado.
En un lugar de la existencia, donde el llanto no tiene sonido, y mis lágrimas no recorren senderos de piel. Quizás sacrifiqué mi alma por unas cuantas obras de supuesto amor; nunca lo entendí, jamás supe qué era lo verdadero, en cada calle buscaba una motivación de seguir respirando. Mi error, fue fijarme en alguien que a duras penas decía que me quería, siempre fui un engaño, siempre fui esbirro de las sobras de alguien más, de lo que nadie más quiso.
Ya no sé si lo que viví fue verdadero, si alguna vez todo fue real, si en algún momento alguien me quiso como yo siempre hice. No puedo balancearme en una familia porque jamás estuvo tanto tiempo. Ya no sé si cada minuto de oxígeno habrá sido un desperdicio, ya no sé si vuelva a ser como antes, ya no sé si importe todo esto, al igual que el viento de mañana, al igual que la gente en el tranvía, ha sido pasajero, nada se queda, nada permanece en la razón, habrá sido un engaño, habré sido engañado, quisiera matar cada partícula de mí, quisiera un día dejar la cama fría aún permaneciendo en ella. Y no hay mal entendido siempre fue así, desde mi uso de razón, desde que era más que un simple infante, mis motivos jamás se alejaron de dejarme abandonado en una caja de madera con una decena de personas mirándome desde arriba, en pena y tristeza, en la culpa, la única verdad que quizás sentirían, quisiera probar la tierra de panteón, recibir flores cada año, y ser olvidado hasta que los vagos orinen en mi tumba y mis monumentos de fallecido se llenen de óxido y musgo.
Los niños seguirán bailando aunque mi podredumbre me quitara mi rostro, seguiría siendo la misma mierda orgánica de cada siglo, de qué serviría arreglar mi pena, si cualquier mortal podría alterar el orden de mi conciencia, pudrir el fruto de mi jardín y difamar mi única voluntad en este puto mundo, en un mundo que quizás desde hace mucho tuvo que ser destruido, vivimos en la Sodoma y Gomorra de siempre.
Todo lo que quise y amé se desvanece a mis pies, la corona de espinas se me hace poca cosa, nunca veré hacia abajo porque no puedo estar más profundo; Dios, estoy tan ciego, estoy tan arrepentido de haber hecho el poco mal, no merezco ni una porción de lo que tu puta voluntad me da, jamás lastimé para que me dieras provisiones de grandes ilusiones.
Quisiera decir que alguna vez tuve todo, pero la verdad nunca dejé de ser miserable, recostado en una memoria que siempre anhelé, en el amor que nunca llegó, en la paz que nunca tuve, en la mente sana que me condenó el destino, quisiera descansar de una vez por todas. Me reiteran que mi corazón es demasiado grande, quizás demasiado para este pequeño mundo de engañosos aspectos y de cosas que nunca sirven, estar siempre condenado a una esperanza vacía en el mundo incorrecto.


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