Lambda.



Mi opción más sensata era retirarme, es curioso que a pesar de todo todavía conserve algún sentimiento dirigido a ella. He de suponer que no se trataba de un acontecimiento raro, he comprendido básicamente las necesidades de mi mente, una de ellas era tenerla cerca, pero debo tener control de esta mente. Podría arruinar más cosas de no ser así.

Despegué la cara del vidrio donde miraba, el alma se sostenía colgado después de haberse fragmentado. Acaricié mis manos por reflejo, tenía que asegurarme de mi cordura al tocar y sentir la temperatura de mi piel.

La ventisca descendió desde lo alto del cielo para jalarme a otra dirección, pude sentir una basurilla en el ojo que el aire inserto ahí. Me irritó bastante la mala suerte, Torné el paso un poco brusco, casi pateando el suelo al caminar.

Un sentimiento inundó mis pupilas, comencé a recordar nuevamente esa vez que estuvimos en la cabeza gigante, la misma canción empezó a sonar Something About Us. Sabía que no había algo sólido que nos uniera, simplemente las sombras de un pasado borroso. Aunque yo nunca pude amarla, hubo una conexión que de momentos me lo permitía.

Ahora entre el suelo gris y la mirada caída, no sé si en verdad decidí bien cuando le dije que ya no iba a ser lo mismo para los dos. Supongo que no era el momento indicado para ver esa verdad.

Pero como se sentía bien tenerla cerca, no la había elegido, su compañía era mágica al tacto. Mi mente comenzó a recordar decenas de hechos, de la nada veía su mano extendida, sosteniendo la mía mientras caminábamos. Otra en la que estábamos sentados en el jardín de la escuela, mientras la veía desde abajo, ella acariciaba mi cabello, haciendo rizos con él, sostenía mi cabeza, yo en sus piernas, fue tan grato que recordaba el calor que hacía aquel día. No podía creerlo que aquello había pasado, se sentía tan real, obviamente dicho acontecimiento pasó antes de mí, antes de que yo muriera y renaciera.

Alguien arriba pareció entender mi delirio. Minúsculas gotas de agua caían, azotando en lo áspero de mi cuerpo, mi delicadez me hacía percibirlo como el sonido de un partillo en el eco de una casa abandonada.

Me gustaría tener el control de todo esto, si tan solo esta vida que se me dio viniera con un curso de inducción, porque he de reconocer que ser humano es más difícil de lo que se plantea en la televisión. Podría implicar risas, experiencias, amor, cariño, etc. Pero yo hasta ahora jamás pude verlo, estoy aquí por obra de alguien más ajeno a mis intereses. ¿Debería acabar con esto de la misma forma en la que empecé? Con un cerrar de ojos brusco.

He analizado que ni siquiera puedo confiar en mí, no sé cuándo mi instinto hace el llamado de actuar de manera natural, los defectos de mi pasado de pronto recaen en mis manos, sin control. Me torturan aquellas visiones en las que la gente sufre a causa mía, cuando aprecio lo que hice con ellos. Tengo la necesidad de ser arreglado por una entidad espontánea. Sin duda, también tengo la necesidad de dejarme en caer y perderme en el vórtice que Annette me causó.


La lluvia moderada enfrió mi cabeza, de tal manera que la congeló, el cuerpo se derrumbaba a pedazos, lo único que hice para protegerme del frío fue meter mis manos a mis bolsillos, nada más podía ser cubierto. A gritos mi voz interna que se detuviera el tiempo, era tan extraño, me encontraba tan callado, pero la verdadera revolución se halla en el interior de la materia gris. Intentando regresar a mi concentración, se calentaban mis circuitos presentía el fallo total cual máquina. Labios temblorosos, frustrados, me los comía a mordidas estresadas. No aguanté más, y, grité con toda la fuerza que me quedaba después de correr y que las voces me alcanzaran. El llanto se descomponía cual opera al final.

Variedad de sonidos mezclaron un efecto de retroceso, el tiempo se endurecía y con él, todo el mundo. Los autos se frenaban poco a poco, la lluvia se detenía sin tocar el suelo, los estallidos de las gotas eran visibles, los árboles ciertamente inclinados por el viento se mantenían en dicha posición, la gente caminando se paraba a medio paso, absolutamente la vida se puso en pausa. ISS tensó las cosas, apareciendo casi al momento en el que la vida cambió de forma.

Mi petición indirecta de detener el tren se cumplió, subjetivamente hablando, me es increíble pensar que esto es una realidad alterna, algo que, posiblemente controle con mis emociones, entonces esto desencadena muchas dudas más. En realidad, ¿Qué soy? No creo que nadie más sea capaz de someter al tiempo a su antojo, de ser así nadie sería infeliz según yo. Posiblemente este sea mi don, ya que, tuve una vida de desventaja ante los demás. O será que simplemente es una ilusión de mi retorcida mente ante la constante exposición a la depresión que este destino me concedió. 

Quise relajar un poco mi existencialismo, comencé a caminar en círculos, para apreciar con detenimiento lo que significa ser y estar.

Con la mirada perdida en una ilusión tras otra, mientras me encantaba con el pavimento; estando ahí parado, perplejo, comencé a entender ciertas cosas, me cayó una manzana imaginaria en la cabeza y desperté. Realmente me sentía mal por una persona que ahora es nada, debía hacer algo, por último, que notara mi presencia y se percatara de mi bondad desorientada.


Eché un vistazo alrededor, quería hallar un bolígrafo y un papel sobre cual escribir. Perdido, tenía una ciudad entera de probabilidades. Cuando por fin mi cabeza se enfrió deduje que posiblemente hallaría ambas cosas en el establecimiento.

Mis pasos temblorosos tocaban delicadamente la acera, juraba sentir el mundo encima de mí. No podía evitar ese carrete quemado de mi conciencia que sobresalía en mi visión cada vez que me acercaba. Jugueteando en la en el sofá, recorriendo los pasillos de su casa descalzos, también cuando nos acurrucábamos en la cama, se hundía en mi pecho como si no hubiera mejor lugar para quedarse, simplemente se iba el aliento cuando el detalle del espejismo tomaba más vida.

Penetré la barrera sentimental, en el tocador del cajero, hallé las dos cosas, bolígrafo y papel. Las personas seguían detenidas, al igual que el tiempo. Cuando me adentré todo era tan silencioso, miradas fijas al vació de los meseros, las personas se veían unas a otras, mientras que la cajera observaba el computador. Sentí una ligera pena por verla, y pensar sobre ella. Aun teniendo mis instrumentos, dude en su rostro invadido por la luz del monitor, carecía de expresión, más bien impresionaba tristeza y soledad, no sé si mi sensibilidad circunstancial ayudaba en la impresión que ésta reflejaba dentro de mí. De igual forma proseguí con mi cometido. Tomé media vuelta y como nunca antes mis tobillos se ralentizaron, el tiempo me había consumido junto al mundo, mi vereda detallaba más el cabello de Nat, su sien opaca exigía un beso, el cual me limité a otorgarle en ese momento.

Me paré a un costado de ella, cuando recorrí aquella vueltecilla pude observar a detalle su cara, tal como la recordaba, seguí la con mis ojos la dirección de sus ojos, directamente al otro muchacho, reconocí lo pulido de sus corneas, un destello repentino hizo que mi mente reflejara esa vista en mi memoria, de hecho, sí, alguna vez ella se enfocó en mi ese modo.

Agarré el papelillo con fuerza, lágrimas brotaban despacio, mi inspiración que traía de la nada se esfumó con la situación. Recargué el papel arrugado sobre la mesa.

“Natalia, sé que he sido un pendejo contigo, sé que posiblemente desconozcas la razón de mi partida. Es porque la persona que tu tanto querías murió en mi cerebro, desapareció. Ahora estoy en el disfraz de aquella persona, te pido me perdones por no valorarte tal como él lo hizo.

Te seguiré queriendo, aunque no lo sienta, muy dentro de mí. Atte. Yo”

Hice una breve pausa, apreciando a profundidad mis palabras, no sabía si en verdad quería poner eso, posiblemente debí ser más claro con ese asunto de que en realidad no soy quien aparento ser.  Supongo que si le importaba ella misma me preguntaría.

Sin más que pensar o escribir, me retiré, mi salida fue mucho más fácil, parecía que había cerrado alguna puerta gravitatoria, al salir por las puertas del lugar, absolutamente el universo revivió a mis pies. La lluvia azotó bruscamente reanudando el reloj de arena, repentinamente los sonidos emergieron nuevamente, otra vez me hallaba en la realidad.

A pesar de respirar el olor a calle mojada, que, por cierto, me motivaba un poco al percibirlo por mi nariz. Nada en sí pudo quitarme ese nudo que mantenía. En fin, yo tenía que seguir con mi vida.
Recorría la ciudad a ciegas, debido a que no despegaba mi miseria de una piedra que tenía rato pateando. Me intriga el destino de las cosas, no sé de donde venga esta piedra, ni a dónde irá, sólo he analizado que su interacción conmigo es escaza al menos hasta que deje de patearla.

La lluvia nunca se detuvo, me había acostumbrado a deambular en las calles con toda la ropa mojada, ciertamente era incómodo, pero después de todo ya no podía hacer nada al respecto. Me quedé parado, pensando nuevamente. <<Rayos, jamás dejaré de tener la cabeza en un mundo paralelo.>>

Miré al cielo, su opaco gris sólo embellecido por la luz blanca que emanaba el sol al chocar con las nubes.  Era como si no existiera un más allá de aquí, solamente me encontraba encerrado con toda esta gente.

Ante mi atónita observación escuché a lo lejos unas personas corriendo, zapatazos alborotados. Se hacía más ruidoso tal escándalo, sentí un ligero escalofrío, tenebrosamente era el único ruido que se esparcía en dicha zona de la calle. Comencé a deducir propósitos. “¿Será que planean tumbarme? ¿Qué habré hecho para que quieran lastimarme?”

Traté de desarmar ilusiones y me hice a un lado, en dado caso posiblemente uno esté persiguiendo al otro. El ruido fluyó como sonido de flauta al oído.

- ¡A ver si puedes alcanzarme Ramón! – Dijo un niño al mirar hacia atrás, aparentemente alardeando.

- ¡No vale, yo no puedo correr bien! – Mencionó el otro niño en un tono chillón, que por obviedad parecía ser Ramón.

Me volví hacia atrás, para observar el origen del escándalo, ya muy cerca pasó a toda velocidad el niño que gritó primero, me aparté por reflejo, por tratar de esquivarlo casi me voy con él, dejó atrás una ráfaga de viento. Justo cuando reaccioné y me posicioné de nuevo concentré la mirada en Ramón, un infante considerablemente más pequeño que aquel bólido, cojeaba, al avanzar causaba esa sensación en la piel de que cualquier cosa podría pasarle, podía ver en su entusiasmo el coraje y la esperanza de alcanzar al otro chico, también vi un aparato de fierros que sostenían su pierna, quizás para mantenerla derecha, yo que sé.
Mi humanidad se puso en marcha con la ligera sensación de pena que sentía por aquel chico, no iba a pasarle nada según yo, podría ser feliz con su problema, posiblemente podría curarse. Fue lo más emocionante después de mi recorrido urbano, lo único que llamó mi atención, juraba que tal acontecimiento significaba algo.



Hallé lugar en una banca en medio de una plaza, se hacía tarde, me motivó ver a las nubes movilizarse, despejando el cielo, alcancé todavía a observar los últimos rayos del sol, un atardecer fabuloso, el tiempo hizo toda clase de cosas para darme este espectáculo. Suspiré de alivio, logré encontrar mi calma; el cielo, los niños corriendo sobre los charcos, una pareja de ancianos hablando mientras reían, árboles, senderos de grava roja, el suelo mojado emanaba olores tan naturales que me vi por un segundo en el bosque, aquel dónde estuve con Annette.

La oscuridad hizo su presencia radical en toda la ciudad, a medida que ésta se esparcía, la música de un lugar se hacía más ruidosa. Técnicamente estaba varado sin esperanzas de hallar a alguien ese día, así que seguí mi curiosidad, no tenía nada que perder.

Me dirigía hacia donde surgía el ruido, claramente, cuando me acercaba, pude oír voces, la tonada iba empezando con una introducción bastante alternativa, sonidos armoniosos sin melodía. Parecía ser el único lugar vivo de por ahí, las luces amarillas significaban calidez en todo lo que ésta iluminaba. “Goodbye” se alcanzaba leer desde mi ubicación, el lugar tenía pinta de un salón, parecido dónde encontré a Nat, pero con una fragancia diferente, se sentía en los escalofríos de mi piel; pensé en la familiaridad del lugar, pero lo ignoré.

Pisé el suelo de madera, la introducción terminó, un silencio pretencioso por parte del grupo musical causó revuelo en las miradas de todos los comensales, automáticamente las cabezas se alzaron de sus mesas para apreciar la próxima obra de los músicos.
La magnificencia de las luces, las mesas bastante atractivas, el suelo de madera con mosaicos realmente bellos, por último, la ambientación hacía que mi sien temblara de comodidad. La guitarra del cantante comenzó con una ligera tonada.

- Esta es…. Secret, disfrútenla…. – Dijo mientras su voz se desvanecía en la dicha elegante.

Yo estaba por dar el paso hacia la gente, cuando, una suave voz me llamó la atención.

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Al instante decayó mi inspiración, a su vez, hice caso. Me volví hacia la voz, una camarera al parecer, camisa blanca, corbata tipo Slim, unos pantalones negros un poco ajustados. La miré de pies a cabeza, ésta se percató de mi acto, simplemente clavó sus ojos coquetos en los míos y esbozó una sonrisa. Creo que ya se había acostumbrado a que cada cliente la mirase así, o surge la remota idea de que le agradó mi análisis.

Me abrí paso entre las mesas, encontrando un lugar que me acomodara, no me di cuenta de que el lugar era más amplio de lo que planteaba mi visión superficial. A éste, le conectaban varios pasillos cortos que se dirigían a pequeñas salas igual de cálidas.

En todas había gente, fue ahí que me comporté un poco selectivo, podía interpretar de manera simple la personalidad de cada sujeto con solo verle el rostro o mirar el modo en que éstos chocaban las copas para brindar, bastante extraño, pero qué puedo decir, así me comporto.

Me sentía muy desubicado ante la bruma de que la gente, al parecer, se conectaba, parecían expresarse y percibirse al unísono; esa era el estímulo que reflejaba el lugar, mucha inercia en los sujetos.

Una ráfaga de viento se colocó en la parte trasera de mi cabeza, haciendo hervir mi sensibilidad, percibía algo cerca, algo dominante y excitante. Me volví hacia uno de los pasillos, se podía ver con claridad lo que contenían las habitaciones, se podría decir que estaban casi pegadas, salvo el pasillo que las separaba.  Observé atónito. En una mesa pegada al suelo, le rodeaban varios cojines. En el que se encontraba pegado a la pared, la vi, recargada, una pierna alzada y la otra tirada, un brazo sobre su rodilla, fumando un cigarro, empujando el humo hacia mí, ella ya me había visto desde antes, era el depredador y yo su cena.

Por un momento mi entornó se volvió silencioso, únicamente escuchaba el sonido del azúcar cayendo sobre las respectivas tazas de los comensales, las gotas de sudor recorriendo los rostros cansados, el crujido de que emitía la sonrisa.

Annette, mi querida, posaba para mí, sólo para que yo la viera, fui deprisa hacia su rincón. Ella se limitó a observarme como niño a hormiguero, la banda con un estruendoso inicio empezó otra canción. Tristes Ojos.

Se levantó de su cómodo asiento, tambaleándose ligeramente al principio, se pasó la mano por el cuello como si estuviera cansada de estar sentada, esbozó una sonrisa coqueta hacia mí, se fue acercando, nuestros cuerpos eran dos trozos de metal atraídos por un imán céntrico. Estupefacto la miré a la cintura, una vez muy cerca, la tomé de ahí, llevé su mano izquierda a mi hombro y tomé la otra, comenzamos a balancearnos de un lado al otro, bailando, así le dicen; al compás de la melodía.

Me acerqué lentamente a su hombro, olí su perfume, acaricié con mi nariz a su oreja, tiernamente le pegué un beso en el cuello, ella recibía mi afecto con placer.

Casi al final de la canción, extendí mis brazos alrededor de su cintura, estrujándola contra mí pecho, quería sentirla de frente, encendida en mi presencia. Estando en dicha posición, ella me miró, hizo la cabeza hacia arriba para observar mis ojos, realmente no pudo ser mejor, porque quedé cautivado en su adictiva sonrisa, pintada de un color mate violeta oscuro. Llevé mi oreja a su rostro, recogiéndole el cabello de la sien, cuidadosamente mis dedos rosaron su tersa piel, la piel se me enchinó enseguida, una corriente gélida atravesó por todo mi aparato respiratorio, dando a luz un suspiro agradable, seguido de un dolor insistente de cogote.
No dudé más, me acerqué a sus labios, cuando estuve a punto de plantarle los míos, me separó de ella, salió huyendo de ahí a un paso levemente veloz. Desconcertado mire alrededor, decenas de ojos actuando de reflectores a mi contra, queriendo decir: “Vamos, ve tras ella.”

Salí corriendo despavorido de ahí. Malditas coincidencias, ¿por qué ella estaría ahí?  ¿Ella habrá pedido dicha canción?

Al estar en la calle, el mundo calló, ni la gente adentro, ni los autos de afuera emitían sonido alguno, ahora mis sentidos se estremecían por falta de ruido. La noche era más que profunda, era un inmenso mar con estrellas actuando de decoración. Por un momento pensé en darle una palmada al cielo pensando que éste rebotaría cual agua en un lago.

Los faros de luz amarillenta se encendieron consecutivamente, indicando un camino a seguir, crédulamente confié en mi juicio, corrí y corrí, hasta que mis pulmones juraban colapsar. La fuerza del viento contra mis ojos era tal que sólo veía luces y oscuridad mientras corría, esperando a que se encendieran más faroles del pavimento.

Me detuve a respirar algunos segundos, sorprendentemente la carrera me mató, ya no podía moverme, me hinqué bruscamente en los mosaicos de la acera, coloqué mis manos en el suelo, aún seguía mojado por la eterna lluvia.

Desolado por no encontrar algo, por quedarme atrás en la magnificencia de esta chica, me puse de pie y continué, que más quedaba.

Desorientados por las mixtas corrientes de aire, venidero del vacío al que me enfrentaba, el sonido se destapó, volviendo radicalmente en toda la ciudad, aunque podía oír de nuevo, mi cerebro se concentró en sólo una cosa. Pasó una sombra corriendo, dando vuelta en un callejón. La escasa luz apenas me hacía pensar que era algo humano lo que giró hacia el otro lado.

Dudé si seguir nuevamente a mi cabeza, ya me había dado un espectáculo hace apenas unos segundos, como para volver a lo mismo.

Pasos quebradizos abrieron la marcha a lo desconocido, aceleré hasta encontrarme con la esquina del callejón.

Al querer entrar al vacío de la calle, una silueta me empujó con su dedo índice, consciente de que apenas podía sostenerme, caí en sobre mis glúteos, exasperado por el cansancio y ahora el dolor.

- No sabía que te encantaba. – Dijo la silueta.

Desapareció entre la oscuridad y ni siquiera pude saber quién era dicha forma.

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