Iota.
Abrí la cerradura, antes de empujar la puerta acaricié la chapa, todo había sido una estrepitosa fiesta, hubo cosas extrañas, que me gustaron, descubrí ciertas cosas. Me hice un enemigo, ya no puedo solucionarlo, tengo miedo a que Natalia se entere de lo que pasó. Supongo que no importará, al final es mi nueva vida la que importa, posiblemente me tenga que deshacer de algunas cosas.
Entrando a mi casa, percibí un entorno bastante muerto, parecía que no
había nadie en mi casa, aunque creo que están mi padre y la loca. Los pasos
hacia mi habitación cansaban mi ser, desmoronándome a través de la pequeña
casa; la cama parecía cada vez más hermosa, anhelaba tumbarme allí y morir por
algunas horas.
Llegando a mi destino no lo pensé, me desplomé cual cadáver en el aire, las
cobijas frías relajaban mi tenso rostro, una lágrima brotó de mis ojos, me
sentía algo cansado, reflexioné todo lo que pasó y analicé, eso no era vivir.
Poco a poco mi tristeza me arrulló en un manto de falsas esperanzas. Dormí.
Me levanté con la misma sensación, era algo extraño, anteriormente no
expresaba emoción alguna, simplemente vivía como una planta en el jardín, creo
que me estoy haciendo más humano, no lo sé. Mi cuerpo se siente débil, mis
suspiros vacían el calor de mis órganos, no quiero salir a ningún lado. Siento
la necesidad de sentarme en el sillón mientras pongo a volumen alto las
canciones que me hablan de su sentir, de su pecado personal.
Lo decidí, hoy no será día de escuela, me dirigí al escritorio, encendí la
computadora, me quedé un rato mirando al suelo en lo que la máquina encendía.
El volumen que emanaba el ordenador no era lo suficientemente alto como para
hundirme en mi miseria, pensé. Proseguí a buscar algo que me ayudara, algunas
bocinas.
Nunca había explorado mi cuarto minuciosamente, el espacio no era muy
grande así que si había algo que me ayudara no costaría trabajo encontrarlo.
Comencé por los espacios más obvios,
en el armario y debajo de la cama, desafortunadamente no encontré nada. Me
senté en la cama, pensando en dónde podrían estar.
Lago entró a la habitación silenciosamente, curioseando los lugares que
previamente desordené para buscar. Después de unos segundos solamente me
enfoqué al gato, parecía tener algo mente, algo que decirme, de la nada salto
un brinco hacia el armario, escaló con sus garras hasta llegar arriba de él. Se
quedó sentado mirándome, esperando a que hiciera algo. No entendí su mensaje de
todas formas.
Me vino a la mente la idea de que posiblemente en el cuarto de mi padre se
hallaran las bocinas que creo que hay. Fui, había más lugares donde encontrar,
pero tras mi compulsiva búsqueda no hallé nada, entonces, me tumbé en su cama,
creo que será mejor idea asistir a clases. Volteo mi mirada a la izquierda,
justo ahí un buró, café como chocolate, encima, una hoja doblada, mi inquietud
me hizo querer leer, posiblemente contenga algo que me ayude a entender a mis
padres.
Desdoblé el papel, pero el ruido inminente del maullido de Lago alerta mis
sentidos, tenía que atenderle, o eso suponía yo. Llegando al cuarto, veo que mi
gato sigue arriba, escarbando algo duro, una caja al parecer. Curiosamente
pensé que eran las bocinas, al momento fui al comedor por una silla para poder
alcanzar donde Lago se encontraba. La coloqué, subí mis pies y lo veo, era una
caja que contenía el aparato, o por lo menos eso pensé por la imagen que tenía
impresa la caja. La bajé con cuidado, la puse en el escritorio para conectarlas
al computador.
Parecía ampliar bastante el sonido. Abrí la carpeta con toda la música. No
perdí tiempo, seleccioné la opción de reproducción aleatoria.
Dulce sonido, Barragán, no sé
qué instrumento sea, sólo sé que es la percusión que transforma el azulejo en
hierba verde, define un lugar de paz, algo familiar, pareciera que ya había
estado antes allí. Una escalofriante sensación de ansiedad caminaba en mis
brazos cual energía eléctrica, estremecía mi boca, mi vista se nublaba por
breves lapsos de tiempo.
De la nada el humo de olor peculiar brotó de mi boca, soñé con aquel pueblo
en el que conocí al chamán, de noche, sus luces contaban una historia, los
caminos de piedra relataban un cuento. El olor se volvió añejo, pero no dejaba
de oler bien.
Cerré los ojos, mi estómago canalizó algo, lo sentía me hacía sentir
consciente del mundo. Me pregunté entonces si debía hacer un cambio en lo que
llevo de vida, sé que no conozco mucho, podría intentarlo, hasta ahora estoy
seguro de que no soy mejor de lo que era antes. Tendré que analizar, en primera,
la escuela, es algo importante, aburrido y raro, pero importante, creo que ya
no debo faltar iré, aunque sea un par de horas hoy. Además, debo llamar a
Natalia, seguramente su hermano ya le dijo todo lo que ocurrió.
Miré la ventana unos segundos, estaba el atardecer, el sol se escondía poco
a poco, era un ciclo repetitivo, no paraba, a pesar de siempre estar mirando a
la misma humanidad destruyéndose, matándose nunca dejaba de hacer su trabajo,
jamás le fue infiel al mundo ni siquiera por todos los defectos que ésta
llevaba, es tonto pensarlo, son simples cuerpos espaciales atrapados por una
fuerza de gravedad, pero puedo interpretarlo así.
Inmediatamente quise llamar a mi sol, Natalia; agarré el teléfono, busqué
su número y llamé, sonaba un molesto “tin” en repetidas ocasiones. No contestó,
posiblemente esté en clase. Tengo que ir a la escuela para ver si la encuentro.
Explicarle que fue algo distinto en la fiesta y que en realidad ya no podía
jurarle el cariño que alguna vez mi antigua persona le dio. Me siento fatal por
decirle esas palabras, pero es mejor para ella no tener que estar con alguien
que apenas se está conociendo y que por su puesto tampoco la conoce. Todo
estará bien.
Agarré mi mochila, cuando me dirigía de salida una tormenta azotó en
cuestión de momentos, eso no determinaba si iría o no, creo que, al contrario,
hizo que no esperara más. Salí apresurado por sentir la lluvia, cada gota en mi
pie golpeaba de distinta manera, con un sabor distinto, difícil de describir.
Salí de la privada. Curiosamente parecía que el autobús estaba esperándome, lo
subí al instante que lo vi. Medio empapado me senté tembloroso, hacía frío.
La ciudad debajo de un manto de agua parecía otra, no sólo por el cielo
gris que abarcaba toda la vista, edificios, parques, autos, perdían el color,
no morían, sino encontraban una manera distinta para que fueran apreciados.
Como si fuera una dimensión alterna en la que todo pudiera respirar y
pensar. En fin, algo ficticio en mi cabeza, pero no negaba que era increíble
sentirlo.
La secuencia gris tomó un papel aferrado, de pronto mi sensibilidad se
secó, tenía un mal presagio; no había tenido visión de esto, así que mejor no
me preocupo. Hubo una vibra maligna que me susurraba cosas, algo dentro de mí
se iba rompiendo a pedazos, se despellejaba, me sentí molesto por rotundo
cambio.
Bajé del autobús, mis pasos dudaban la solidez del suelo, pensaba que se
hundiría. Caminé lentamente a la entrada hasta llegar a las puertas,
desconfiado las abrí, el pasillo estaba repleto, algo raro, desde afuera no se
escuchaba nada, era solitario. Ahora dentro, nadie hablaba, ni se miraba, todo
el lugar mantenía ese aspecto gris. Era de los últimos minutos de clase, lo
sabía por la hora, faltaba una media hora para que todos salieran. Me decidí
seriamente a encontrar a Natalia, me adentré en la callada multitud, evadiendo
y hasta empujando, se me acababa el tiempo, no entendía por qué era importante,
un instinto me gritaba que debía hallarla.
Podía sentirla, una presencia, algo que hacía cosquillas en mis pulmones,
era ella, estaba cerca. Mi coraje aceleró la necesidad. Demasiada gente en los
pasillos me enfurecía. Cuando entre tantas cabezas la vi, me volví imparable,
llegué rápidamente, conforme me acercaba miré su vestimenta, distinta a lo
normal, estaba muy abrigada, volteó hacia mí, ojos derrumbados y rojos, nariz
irritada, su pelo con poco brillo, y los labios partidos. No me importó yo la
veía tal como la primera vez, obviamente me angustió, parecía no sentirse bien.
- ¡Natalia! – Exclamé cansado y preocupado.
Ella simplemente me miró frunció el ceño, se retiró, ella ya lo sabe.
Fui corriendo hacia ella.
-Nat, déjame explicarte, hay algo que debo decirte- Le dije un poco
exaltado.
-No tienes nada que decir, has hecho bastante, ¡no puedo creerlo tanto
tiempo, de confiar! - Exclamó mientras comenzaba a llorar.
-Es eso exactamente, ya no soy el de antes, intento ser diferente, lamento
no poder ser lo que alguna vez quisiste tanto. - Desesperadamente me acerqué a ella.
-No tenías que hacer lo de la otra noche, si querías dejarme sólo basta
decirme.
Su llanto no podía contenerse, se liberó y comenzó a correr hacia la
puerta, corría y corría, derramando lágrimas, ahora cualquier cosa que la
hiciera feliz tendría sentido, cualquier cosa que quiera lo tendrá, fue tan
especial, lástima que no pude valorarlo como era debido.
Al final cometí mi propósito de ir, pero se alejó de mí pensando que era un
bastardo, de cierta manera parecía así. ¿Debo sentirme culpable de ilusionar a
alguien que no conocía del todo? Tal vez, posiblemente tendría que enamorarme
de nuevo; no tiene caso, habrá tiempo para que se encuentre a sí misma.
Todavía hay una cuestión, si no tenía comunicación con su hermano, por qué
le creería, más bien, no creo que haya sido el primer intento de parte de él,
en intentar separarnos. ¿Habrá tomado fotos, videos? No lo sé.
Terminé varado, decepcionado, ¿Acaso pudo ser mejor? ¿Así estaba marcado?
La duda creó un hueco interminable, creí que sería distinto, me siento
roto, creo que todavía hay algo latente de mi pasado que afecta mi mente ahora
mismo, algo fuerte, comienzo a sospechar que el sujeto anterior realmente la
quería y mucho.
Me pregunto qué pensaría mi pasado de saber que arruiné lo único que posiblemente
le importaba, es probable que me esté mirando ahora mismo.
-Joven, tenemos que hablar- Una voz dice, interrumpiendo mi análisis.
- ¿Cómo? ¿Yo? – Respondo desconcertado.
-No veo a nadie más en el lugar chico. – Dijo el sujeto. -Ven acompáñame a mi
oficina te advertí de esta situación – Comenzó a caminar derecho.
Era un tipo alto, vestido de un elegante traje, creo que es un profesor.
Lo seguí, no sabía que me había advertido, pero supongo que era algo
importante, ¿Será relacionado a Nat?
Cuando menos vi, nos aproximábamos a una oficina, una puerta con una placa,
tenía algo grabado, “Director Castellano”. Instantáneamente capté, que era la
máxima autoridad en el instituto.
Se sentó en su silla con un escritorio enfrente, un cuarto de madera
bastante refinada, oscura, libreros alrededor, La ventana en medio de la
habitación dando hacia la calle. Entre otras cosas nada fuera de lo común.
-Te advertí el semestre pasado que ocurriría si volvías a faltar en todo tu
ciclo. Me ignoraste y no tengo de otra, de todas formas, nunca destacaste,
además de que ahora haces llorar a jovencitas, eso es nuevo. – Dijo mientras se
acomodaba la corbata.
No tuve palabras para contestar, no sabía que tenía un límite para esto, no
sabía que era una mierda también aquí.
El director vio como me encontraba encogido, decidió hablar más.
-Estás expulsado de la institución, no pudiste ejercer tu carrera aquí,
elegiste mal. – Mencionó con un tono vacío sin más y directo.
Entendí, no era lugar para mí no más, ni antes ni ahora. Tendré mucho
tiempo libre. Podré arreglar muchas cosas, además de entender y adaptarme a
este mundo.
Me retiré de la oficina, molesto, frustrado, se juntó todo, no logré nada,
fracasar, perder algo que será irreparable.
Ya era de noche, la lluvia no cesó, se calmó, gotas pequeñas merodeaban en
mis pómulos, una canción vino hacia mi cabeza, Heartbreaker, decaía mi ánimo, tuve aquello que alimentaba mi ego,
pero desapareció, no por mi malicia ni lujuria, no comprendía esta vida que me
dieron, ese fue mi error.
Iré a dormir, algo que por lo menos hago bien.
Los pies se movían solo, mi alma en llanto ya no soportaba más, aún tenía
que hablar con el hermano de Nat, pero no sabía dónde encontrarlo ni sabía cómo
persuadirlo para que hablara conmigo. Pensaré en ello después. Aún tengo
preguntas, no puedo intentar contestarlas ahora.
Tomé el transporte hacia mi casa, la tonada seguía durmiendo mi espíritu,
le inculcaba dolor y lo apaciguaba a golpes. Sólo espero encontrar a la chica
del otro día para también interrogarla y saber qué quiere conmigo. No estaría
de más que explicara lo que sucedió el otro día, pudo haber sido la droga, el
alcohol o los cuadros de Carolina.
Con la mirada baja, mi cabeza recargada en el vidrio del autobús, intentaba
recordad cosas de Natalia, lo que sucedió antes del día que nací, me moría por
dentro, sentía en mi interior una obligación, no fue la forma correcta de
despedirme de ella.
El tiempo se gastó rápido, en un parpadeo me encontraba a unos metros de mi
casa, decidí bajarme antes de la reja de metal para caminar un poco y seguir
pensando. Sin darme cuenta mi mente me engañó, no eran metros eran cientos,
quedé solo, bajo la luz parpadeante de un farol. No me incomodé, tenía aún más tiempo de
organizar mis pensamientos, mientras mis pasos desviados me encaminaban,
pateaba una piedra, duré un ratillo haciéndolo, cuando de pronto sin querer, la
pateé con más fuerza, rebotó dos veces antes de meterse a una alcantarilla,
cayó, hubo un silencio prolongado antes de que escuchara la roca caer al agua,
al momento inició una canción que no había escuchado ni visto en la
computadora, de la nada llegó hacia mi mente, como costumbre el título lo tenía
en la punta de la lengua. Forever
Dolphin Love. Su contraste manipulaba la realidad, tenía sensaciones
extrañas, mis dedos perdieron el tacto, mis ojos, pesados, la garganta se secó
cual tierra árida. Lo único que me reconfortaba era el frío abundante de la
noche. Cada paso era más agobiante para mí, era como estar enfermo. Fijé la
vista al horizonte de la calle, se alumbraba conforme avanzaba, parecía que
traía una linterna en la mano. Mi cordura comenzó a rascar miedo cuando a lo
lejos se observaba una figura sentada en la banqueta, en la húmeda acera, que
curioso que alguien ande por aquí a estas horas. Seguí avanzando curioso, podía
reconocer ciertas características, al principio, una mujer, continué, después
un vestido bastante atractivo en mi parecer, un patrón de líneas negras en un
fondo color hueso, singular gusto. No paré
hasta notar que, era ella, la chica de la fiesta, la que me sedujo al cuarto
oscuro. Sentí inquietud de interrogarla, pero me detuvo una mirada decaída, fue
ella que, al percatarse del ruido de mis pasos, levantó el mentón frágilmente,
apuñalándome con sus ojos tristes el rímel escurrido, no sabía si por la lluvia
o por sus lágrimas.
Inmediatamente paré para preguntarle de su estado.
-Oye, ¿Todo bien? No te ves muy bien. – Comenté.
Ella simplemente siguió viéndome, la intensidad de su iris fue tal que me
fui desarmando poco a poco, si más la miraba, más me rompía, no tuvo que decir
nada para saber que en verdad necesitaba ayuda.
-Ven, tengo algo de ropa seca en mi casa, por si quieres esperar en lo que
llamas a alguien. – Le ofrecí amablemente.
No dijo nada, sólo quiso sonreír, retorcidamente, pero lo intentó. Sin
objeción, se levantó con cuidado, no me había fijado que llevaba tacones. Tomó
mi brazo como guía y comenzamos a caminar.
Sin duda no pensé en nada más, no podía preguntarle nada en ese estado, lo
mejor es que se recupere en lo que decide qué hacer. Olvidé todo por un
momento, sólo quería llegar a casa, la chica estaba devastada, no sé si fue mi
obsesión por conseguir respuestas o porque me preocupa. De igual forma pronto
lo sabré.
Ella no paraba de ver hacia enfrente, parecía analizar algo, era mejor
dejar que se despejara de su tragedia. Me era inútil concentrarme, algo impactó
en mí borró lo de hoy.
Llegamos a la reja, olvidando absolutamente cualquier señal de vida, miré fijamente
los fierros, mojados, el agua caía y dejaba gotas en el frío metal negro que hacía
una reja. Me pregunté, ¿Vas a llevar a una desconocida a tu casa? Pero otra
parte contestaba. “No es tan desconocida, ya has tenido momentos con ella”
Paralicé mis ojos, agarré las varillas con fuerza, algo tan simple que
parecía frustrarme más de lo debido. Ignoré a mi conciencia, procedí a sacar
las llaves.
Una vez abierta, le insistí en que pasara primero, como buen gesto. Cerré
la puerta de la reja lentamente, por alguna razón creí que el ruido sería
estruendoso, pero posiblemente sea un sentimiento de culpa.
Dejé a la chica caminar delante de mí, observaba su figura desde atrás, el
recuadro que le rodeaba, simulaba una foto perfecta, un retrato más bien. Casas,
árboles, oscuridad, pavimento mojado y el negro profundo de la carretera, sus
pasos lentos, eternos, causaban curiosidad en mis labios.
Sin pensarlo, con mi celular, activé la cámara, cuidadosamente, enfoqué a
todo lo que quería capturar. “Fich fich” El
sonido del teléfono al tomar la fotografía.
Se dio cuenta de mi hazaña, alentó el paso, giró, llevándose todo su
cabello a un lado de su hombro, con su pulgar se limpió una lágrima, sonrió
hacia mí.
- ¿Salí guapa? –
Bajé el celular, no dijo nada más, continuó con su vereda. Me encontraba
parado, atónito, eso fue demasiado extraño, pero…. Me gustó.
La lluvia ya no se sentía fría, ya no tenía la necesidad de seguir vestido.
Olvidé a dónde íbamos, al parecer estaba atontado, pero al ver una luz
encendida, reaccioné. Alarmado, pensé. -Que rayos, ¿Quién estará en casa? –
Obviamente, suponía que era mi padre y la loca, le dije a la chica que se
detuviera, y señalé mi hogar. Preocupado, me rasqué la barbilla, nos dirigimos
a la puerta de mi casa. La abrí de igual manera que la reja, me di cuenta en el
momento, que rechinó mucho.
-Ya comenzaba a disfrutar la lluvia, sabes. – Dijo la muchacha cuando supo
que estábamos entrando.
Instantáneamente de su frase, el sillón emitió un ruido, abundaban pasos
cansado y al final, el ruido de la puerta de un cuarto tronando con cierta
fuerza. Apuré mi acción, miré la sala, las luces prendidas, en el sofá, un
papel doblado, parecía una carta. ¡Claro! Era lo que había visto hace rato. Por
como sonó todo el escándalo, mi padre al aparecer escuchó la voz de esta chica,
quizás él no quería que lo viéramos mal. O a lo mejor sólo ella. No pude evitar
esa culpa, a lo mejor él quería estar solo, o decirme algo a mí, pero mi
insolencia pospuso aquel momento. No debo sentirme tan mal, trato de ayudar a
la muchacha sin recibir nada cambio. ¿O no?
Tengo que parar con el remordimiento, simplemente actuaré.
Le tomé la mano a ella, la llevé a mi cuarto, encendí la luz, cuando de la
nada noté que la loca no estaba en casa, eso me hizo dudar de lo que le pasaba
a mi papá. En fin, seguí con lo mío; le dije que se sentara en mi cama, que podía
quitarse lo mojado.
-Ehm, ¿Contigo aquí? – Respondió.
Al oírla me extrañó su pregunta.
- ¿Qué? ¿Tiene algo de malo que esté aquí? –
-No lo sé, es sólo que… pues me voy a desvestir. –
-No tengo problema con que lo hagas, ¿Por qué? ¿Tú sí?
-No tanto, es que no normal hacerlo. –
En dicho momento entendí que le incomodaba quitarse la ropa en presencia mía,
no lo entendía, Natalia lo hacía sin problemas, no creo que influyera mucho, o
¿Será que esto se inmoral? Puede que lo haya olvidado, no recuerdo algunas
cosas, en especial en lo que está bien y mal. Guardé silencio, asentí a su último
comentario y salí de la habitación cerrando la puerta delicadamente.
Vaya, espero no haberla asustado o molestado, no era mi intención que prácticamente
me sacara del cuarto. Pero, ahora que estoy afuera, ¿Qué demonios se pondrá si
toda su ropa está empapada? Desde afuera de la habitación le grité.
- ¡Puedes tomar ropa del armario que está ahí, lo que más te acomode! –
- ¡Ok! – Exclamó, afirmando.
Escuché algunos ruidos, de cómo abría el armario, lo cerraba, lo volvía
abrir, así.
Mientras terminaba, decidí ir con mi papá unos momentos para explicarle, el
porqué de la presencia de mi amiga. Entré a su cuarto, y no había nada, sólo
una luz apagada, la cama tendida, y una nota en su lámpara, era muy raro que
estuviera ahí, supuse que era para mí. La tomé, la leí.
“Hijo, no me encuentro muy bien, creo
que saldré a despejarme, también para que no incomode a tu invitada, llego
tarde, no me esperes despierto.
Te amo. “
Creí en lo peor, tenía ideas divagando en mi cabeza, pero no entendía, él
no tiene por qué salirse, no iba a incomodar a nadie, ahora que lo veo, puede
que me dé la razón a mí, no es duro, no es agresivo ni nada, es como mi amigo. Respetaré
su decisión, será mejor que lo contacte al otro día.
Suspiré, me da tristeza que mi padre no se encuentre bien, no lo conozco
desde siempre, pero tiene la pinta de ser un gran hombre, aunque padre, yo creo
que apenas puede darse el lujo de serlo.
La tranquilidad fue sorprendida con el rechinido de mi puerta.
-Ya puedes pasar… -
Escuché quebradizamente la voz de ella, salí de la habitación de mi padre,
la vi, con un short que les quedaba a las rodillas, una sudadera gris, típico
de mí.
-No tuve con que sostenerme mis pechos, así que agarré una bufanda tuya. –
Inesperadamente, comencé a reír como loco, se me hizo burlona esa comparación,
fue raro, ella también comenzó, grato momento compartido.
La invité a que pasara al cuarto.
-Por cierto, te recuerdo de todo, la fiesta principalmente. –
-Ah sí, lo siento, ¿Estuvo mal? Vi que te buscaban por ello. –
-No lo sé, sólo era un tipo loco que tenía desquite conmigo, igual y estaba
borracho. –
- Parecía que le habías hecho algo. –
-No pasó nada, pero, aun así, sentí algo en ti, cuando te seguí, y cuando
estábamos a oscuras, estaba drogado, pero podía percibir un cambio que me
gustaba. La cadencia de tu ser al caminar, prendía muchas cosas, principalmente
un instinto. –
- Sabiendo eso… Creo que había sentido lo mismo, te vi llegar, noté tu
preocupación, tu entusiasmo, entre otras cosas. Sabía que tenías algo que
enseñarme, algo escondido, así que… Sonará feo, pero quise atraerte hacia mí. –
Callamos los dos, después de eso, hubo un juego de miradas, su iris tocaba
una melodía. Hotel California. Quedamos
fijamente, separados por un espacio reducido, sentados en la cama, desvió su
mirada a un costado, emitía algo de inquietud. Fue entonces que extendió su
mano a través de las cobijas, hasta llegar a mi pierna, con su mano, ella misma
se fue inclinando, colocó su frente en mi barbilla.
-Eres una luz que no se extinguió ni en sus momentos de ebriedad –
No pude evitar hacerlo, levanté su rostro, la besé, no puedo mentir, mi
piel se estremeció, mi cabello se quebró en cientos de hilos, cada segundo con
sus labios, era una espesa cápsula de placer, me sentí tan completo, tan lleno.
Me lancé hacia ella, despacio, fui bajando mi mano, para meterla debajo de la
sudadera, no miento, acariciar su piel, fue sentir una corriente eléctrica en
mis dedos, deslizaba mi mano en sus notas de cadera, era como sostener algo frágil,
no sabía en qué punto rompería. Llegué más arriba, me percaté de que, mintió
con lo de la bufanda. Estaba en el lugar con la persona correcta, le retiré mi
sudadera, quería conectar mi mente con la de ella, mantener ese lazo espiritual,
seguir explorando el mapa de su carne, sin terminar.
Ella prosiguió a hacer lo mismo, quería acurrucarme en su cuello, frotar
mis labios, suspirar en su oído, jamás me había sentido tan vivo. La guitarra
me alentaba a tocar su pecho cual cuerdas, una tonada lenta, llena de emociones.
Se balanceaba hacia mí, moviendo su espalda baja de manera oscilante, quería
más, tanto como yo. No comprendía cómo era que se había adentrado a las raíces
de mi razonamiento, solamente la tenía a ella por un momento, la respiraba, la vivía,
la escuchaba. Sin dudar arremetí a cargarla, seguíamos, tenía en mis brazos, su
curva porcelana, el cristal pulido de sus mejillas, iguales a un rojo cálido.
Acostados de nuevo, besé cada rincón de su tórax, bajando, hallando aquel
espacio de emociones, continué, ella agradecía corporalmente mi desempeño. Solamente
seguía a mi alma, mis instintos controlados por una fuerza divina que abrazaba
mis neuronas.
Se desvanecía el acto, un color negro se apoderó de mis corneas. Me
encontraba tan cerca y lejos de rendirme ante la intensidad de mi corazón.
Se apagó.
El vórtice de colores pálidos y brillantes me transportaba a diversos
lugares. Un bosque gris, un hermoso lago, colinas de césped, un atardecer, las
nubes rojas del anochecer.
De golpe, en cámara lenta, vi de frente, el bosque en el que estaba con ella,
se recorría a pasos agigantados, cada milisegundo era un kilómetro.
Perplejo, algunas lágrimas caían, brotaba de mis venas lava, sudé de estrés
y de amor.
Nuevamente, un golpe quiebra la visión. Dejando todo a un posible futuro,
esperando que sea con ella. Con la chica cuyo nombre no conozco.

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