Kappa.
Me perdía en su calor, su cuerpo era un espíritu celestial, se volvió todo
mudo, únicamente nosotros, respirando, exigiendo el aire que nos dejábamos
tomar, a cortos periodos de tiempo. Mis sensores hacían corto, de pronto tenía
pulsaciones en la pierna, en el pecho, en la cara.
Esto es algo que mi yo de ahora quiere, entiendo que cualquier cosa que
haya sido antes, ahora ha muerto, me dejó en su piel y huesos. No le importará
que haga, él ahora ya está en otra parte. Y a partir de este momento, tomaré
dicho rol que me dejó.
Finalmente, con el torso descubierto, quedamos en la cama, mirándonos de
frente, callados, divididos por un muro invisible. Sabíamos que el silencio debía
perdurar, nuestro ritual fue el indicado. Ahora nos habíamos unido de una forma
más allá de lo que alguna vez sentí en este tiempo de vida.
No pude olvidar lo que ocurrió con Natalia, ella posiblemente se sentía
como yo con esta chica. Quizás era su todo, su Hotel California. Como quisiera
poder amarla del modo que ella me amó mí. Sin embargo, qué puedo hacer, estoy
entendiendo el concepto de vivir. No debo rebajarme a los intereses de nadie
más.
Continuaba admirando el rostro de esta mujer. Iris perplejo, me indicaba
muchas cosas, podía ver un poco de su rastro, no sé si estoy confundido por la
dopamina o en verdad es cierto.
Ahora entiendo que estar en los pies de un humano implica más que instinto.
¿Será que la vanidad de la evolución nos dio estas emociones para no ser
simples súbditos de la naturaleza? ¿Por qué precisamente estoy sintiendo esto?
¿Mi existencia tendrá algo de importancia? No me siento insignificante ahora
mismo, tengo la percepción de poder caminar en el cielo y agua. Estoy ansioso
por la sarta de conductas, ¿Será poder o amor?
Ante el notable receso de miradas, cada segundo era menos, el tiempo que
recorría sus ojos se acortaba de manera significativa. Puse mi mano en su
rostro, acaricio sus pómulos para relajar la pesada idea de que mi pasado ya
está escrito. No es como una partícula cuántica, que su trayectoria previa
puede ser cambiada con simples fotones, aunque la luz sea muy tenue, siempre
cambia.
Me sentía relativamente bien. Porque esto es nuevo, y no sé cómo interpretarlo,
aunque suene gracioso.
No pude despegar la vista de ella. Sus ojos negros eran un agujero de
gusano, como los del espacio, la luz que yo emitía no podía escapar de allí.
Fragmentado en múltiples trozos de cristal, el espectro convertía el prisma de
mi corazón en varios rayos de luz intensa.
No puedo explicarlo, pero entre los diversos destellos y colores. La Muerte de Apolonia me sedujo,
describía tal cual el momento. Por primera vez, sentí el miedo de caerme,
quedar en la deriva, no poder seguir caminando. En tan sólo unas horas, el
valor de mi escaza vida cobró sentido.
El reloj de arena dejaba a los granos en un plano de gravedad cero, tiempo
relativo, estando con esta chica, lo único que debía ser uniforme, lo único que
debería tener sentido, sin controlarlo, se convierte en una medida sin física,
como si el tiempo se manipulara a su antojo.
Podría decir que ahora estoy cambiando el rumbo de una historia que hace
nueve segundos se escribía de forma diferente. Estoy pensando. Posiblemente, no
me haya tocado vivir este cuerpo, soy una casualidad, en un mundo de infinitas
posibilidades. Divago como un alma solitaria, en el mar de identidades.
Asombroso… Cuestiones por montón, simplemente teniéndola cerca, me hace
dudar de verdad, parece irreal, actúa cual estimulante, como el cuadro que me
comí en la fiesta pasada.
Mis manos hormigueaban, pensé que se caerían, la repentina acción de ella
al levantarse de la cama me trajo de nuevo al mundo real, con el tiempo
nuevamente establecido.
El pigmento que daba color a mi piel se aclaró, brevemente mis venas se dilataban
otra vez. Y justo ahí, la vi, parada
frente a mí, yo acostado todavía. Quitándose la sudadera, dejando al
descubierto ese cuerpo que derramaba huellas de mis caricias. Buscaba en el
armario algo que le acomodara más, podía verlo.
Los ojos me hacían percibir sombras borrosas repentinamente, un poco
exagerado, pero ya podía sentir el frío, el presagio me decía que era hora de
que se marchase. Reaccioné en un intento
desesperado de volver a mi cuerpo.
-Ya ya ya ¿Te vas? – Dije tartamudeando.
-Sí, muchas gracias por todo, no sé qué decirte, hay algo bueno en ti.
Pareces buen chico. –
Agarró su ropa mojada, se la llevó en los brazos, su lindo vestido
escurriendo; se iba con un pantalón deportivo y con una camiseta de Radiohead,
lo noté porque en la parte trasera tenía inscrito ese nombre.
Era una locura, ya era demasiado tarde, al parecer alguien accedió venir
por ella. La acompañé a la puerta de mi casa, con intención de llevarla a la
reja.
-Espera, será mejor que te quedes aquí, iré hasta la reja yo. Es que les
dije que estaba con una amiga. – Dijo y al finalizar soltó una pequeña risa.
- Está bien, supongo. Oye, ¿Cómo te llamas? –
- Me llamo Annette. Mucho gusto. – Sonríe. - ¿Y tú? –
-No sé. – Mientras lo dije me sentí muy estúpido.
Solamente volvió a sonreír, se giró a besarme en la mejilla, se fue, sin
cerrar la puerta, creo que pretendía asegurarse de que yo mirase su retirada.
La lluvia contrastaba el agua brincando cuando ella pasaba. Sólo pude asomarme
para ver si en realidad había algo detrás de la reja. Un coche negro, con luces
cegadoras parecía esperar.
Mis dudas se fueron en seguida. Abrió la puerta, subió al auto. Se retiraba
como un sueño interrumpido. Sin verlo acabar, es cuando te das cuenta que ya
has despertado.
Miré hacia el cielo, con un garabato en mis pensamientos, anulaba cualquier
conexión con lo que ocurrió. El alucinógeno tenía un nombre bastante bello,
Annette…
Middle Names,
comenzó con las gotas de lluvia, al compás de las ventanas llenas de agua, sus
vidrios siendo golpeados por la precipitación. Suspiré, era lo menos que podía
hacer después de aquella efímera experiencia. Mis pies descalzos se volvían
termosensibles otra vez. El éxtasis de
morir conscientemente, la parálisis mejor experimentada.
A la vez me preguntaba ¿Cómo pude caer en estas cosas? Yo ni siquiera
conozco de instintos. Adscrito en mi cerebro, puede que esta sea una
advertencia. Quiero creer en algo que me dio estas capacidades, o ¿Nada más
existo porque así debe de ser?
No era tiempo de quebrarme, tengo que vivir ahora.
Casi oportunamente escucho a Lago maullar, estaba acostado en el sofá,
siendo espectador del espectáculo. ¿Qué habrá en la cabeza de este animal? ¿Razonará
todo lo acontecido? Si pudiera decir algo creo que ya lo habría hecho.
Desconfío de su mirada confidente, parece ser de eso intelectuales en los
videos que vi. Mirada fija, labios sellados con hilo invisible, debatiendo la
guerra en sus neuronas, volviéndose locas por una hipótesis exacta, que dé
respuesta al sufrimiento.
Quizás imagino muchas cosas para un gato que se deja llevar
circunstancialmente.
Lago al percatarse de mi obsesión, decide levantarse, se estira clavando
sus garras en el sillón, pasa por encima de mis piernas, su sensual cola toca
mi cara, intentando decirme algo. Rasca
donde se hallaba el papelito que mi padre dejó.
Curioso quise saber un poco de su estado, presentía que dicho papel tenía
algo que ver con su extraño comportamiento. Desdoblé el papel, era mensaje
escrito, con lo siguiente:
“Querido amor mío. Lo lamento, he tratado, pero no puedo.
Ya nada es como antes, no he querido decir nada. Tuve la esperanza de que te
percataras del mal creaba todo el contexto. Es por eso que te estás leyendo
este escrito, debemos dar el tiempo que comprendas que no eres un esclavo del
trabajo, que todos en esta casa te necesitamos. Me duele tomar los roles que no
me corresponden, no te involucras y eso hace más daño del que imaginas.
Odio tener que ser la perra que siempre anda molestando a
tu hijo, nuestro hijo. No me gusta tener ese rol de intentar hacer de él un
buen hombre, no puedo saber cómo. Desgraciadamente no soy su madre. Quisiera
demostrarle esa sensibilidad que cualquier madre haría con su hijo, no fue así,
me insististe en que fuera dura con él. Amor mío, esa no era la solución y tú
mismo lo estás viendo. Te dejo indefinidamente porque quiero que hagas lo
correcto para el futuro de tu hijo y tal vez el de nosotros. Te amo, sabes que
siempre lo he hecho. “
Congelado, una daga en mis costillas se clavaba más profundo con cada
palabra que leía. La loca, o bueno, mi otra madre, no era mala después de todo.
Quiso ser algo que no quería, no podía. Quiero creer que en verdad me amaba,
como posiblemente mi madre lo hizo alguna vez. Creo que fui un tonto al dudar
de mi padre con esta mujer. Sólo hizo lo que mi padre le pidió, se dio cuenta
de las discrepancias y ahora intenta iluminarle la verdad.
Mierda, esta vida tiene muchos secretos, al parecer muchos buenos son malos
y muchos malos son en realidad buenos. No hay un patrón de orden, simplemente
existe todo lo que puede albergar este mundo.
No sé qué sentir, ahora mismo me siento como en un paracaídas, cayendo
desde lo más alto a alta velocidad, el suelo anhela el crujir de mis huesos.
Así es en este momento.
Realmente ¿Quién es el malo aquí? Lo que mis facultades señalan es que no
hubo maldad en este trato, sólo la ignorancia de esperar cambios mediante
exposiciones de dureza. Nadie sabe cómo en verdad controlar la vida de las
personas de manera simple, no somos plantas.
Una llama espontánea carcome mi corazón, debo encontrarlos, a ambos, quizás
pueda decirles lo que en verdad soy, que no soy el hijo que ellos aman, sino
alguien más. No debería importar, tenemos que salir adelante.
No tengo ni la menor idea de donde estén, no conozco la ciudad, no tengo
auto, posiblemente no haya transporte ahora. Mi ansiedad tiene que ser callada
con sueño, de esos en los que viajo por el espacio.
Las ojeras se sienten como sellos, marcados en mi cara, es imposible tener
un hueco en el corazón cuando hace unos momentos era un bosque de árboles
maduros. Esto ha de ser el poder de las emociones.
Silencio en las paredes de mi hogar, desesperaban mi conciencia, ahogando
el grito que quiero soltar.
Sin fuerzas, la sonrisa colgada, espejismos de relatos previos contaminan
mi cordura, de alguna forma mi estado emocional afecta mi perspectiva de lo que
hay. No sé si sea normal, tengo claro que no es agradable.
Mis manos, se derretían sin parar, dejando al descubierto mis huesos.
Acordes desentonados, en orden aleatorio, calentaban mi cabeza, entendí
entonces que se venía otro momento musical, con los dientes rechinando de
ansiedad, lo dije Asilos Magdalena.
Fui corriendo a mi habitación, tuve que dejar a Lago afuera, no quería que me
viera así. No pude tomar el control de mis piernas, se debilitaron, caí al
piso, sin la oportunidad de levantarme, mis intentos nulos frustraban mi mente,
los pensamientos buenos, los momentos, quemados cual fotos de cámaras
instantáneas. No veía a nadie, pero sentía a alguien, su compañía no era
agradable, me comenzó a hablar, tantas palabras por segundo se infiltraban como
gusanos en un cadáver, me dijo su nombre en varias ocasiones, me lo repetía,
Mataiosi, desagradable al oído. Terriblemente pesado, lo sentía, mi pecho
colapsaría.
Pude levantarme, él insistió.
- ¡Hazlo! ¡Vamos marica, hazlo! – Me dijo con una voz cruda y mórbida. -No
te detengas, nunca lo hagas. –
Casi por instinto mi furia era imparable, mi piel hervía, directamente
comencé a usar mis puños, el armario recibía los estallidos de Mataiosi, era su
voz, su alma, aprovechándose de mi vulnerable ser. El dolor estaba dormido,
entre cambios de matices, noté que en realidad mis manos estaban enteras, lo
que vivía era una distorsión, aun así, mis nudillos los observaba hinchados y
morados. Lentamente mi voluntad se liberaba de la voz, de lo que me perseguía.
Se fue, caí de rodillas, mi cansancio me mataba, instantáneamente percibí
el dolor, un intenso ardor agudo inmovilizaba mis dedos, no dudé en gritar.
Sólo pude sentir un dolor en la cabeza junto con un espeso mareo, antes de
caer al suelo inconsciente.
Despertando, más lastimado de lo normal, parecía como si hubiera tenido una
borrachera anoche, tanto duelo en una noche, fue tal el dolor, que pareciera
inexistente el hecho de que Annette estuvo aquí. Sé que ahora no estoy
particularmente solo, posiblemente lo de anoche haya sido un ataque de ansiedad,
algo que llevaba dentro desde antes de adquirir este cuerpo, no lo sé. Es nuevo
y espero no se vuelva a repetir.
Prendí la ducha. El agua caer funcionaba como un analgésico mental, porque
mi daño no era físico, sino emocional, perdí noción de todo, mi consciencia
tuvo un ligero cambio de perspectiva. Me desnudé en mi habitación, recorrí mi
hogar en busca de una toalla, desorientado en mi propia casa, era como una guía
turística en un manglar, los pies fríos, incluso sentía miedo.
Pasó una eternidad en mi cabeza, de pronto ahí estaba, en el sofá, Lago se
encontraba recostado encima de ella, disfrutando de su simple existencia. La
tomé. Sin pensarlo, cuando menos esperé Sleep
Alone, intentó apaciguar el descabellado momento. No hizo más que hacer que
entrecerrara los ojos, lentamente mi aliento se escapaba de mi cuerpo, los
dedos me hormigueaban, mareos repentinos desequilibraron mis pies.
Me apuré a tomar mi baño, cuando vi el agua caer lo presenciaba en una
grieta desolada, varios tonos de azul creaban el ambiente necesario para perder
la cabeza gracias al aislamiento.
Mojaba mi seca cara, entregado a la regadera, podía comunicarme con las
paredes de mi baño, el cancel representaba un retículo en mi ilusión, uno liso
de hecho.
Por un momento me dividí en fragmentos confusos, cada uno encontrando su
lugar en este mundo, sin saber su propósito, perdidos por ahí, flotando sin
fuerza alguna que los mantuviera en el suelo.
Nuevamente sentí el presagio de mi cabeza. Tengo mucho qué hacer, hablar con
Annette, o bueno, intentar ubicarle, encontrar a mi padre, entre otras cosas,
también me interesa el paradero de mi madre.
Salí del baño, una estela de humo salía de mis hombros por el calor de mi
piel ante la exposición del frío exterior, la mente en la tierra. Algo gracioso
es que es cómo andar desnudo, la ropa hace unos instantes actuaba como jaula de
un animal.
Salí sin la idea de qué hacer temprano, el sol transmitía unas ondas
calurosas, el cielo despejado, árboles moviéndose al compás del viento, parecía
un buen día.
Me dediqué a caminar hacia la reja, para tomar el bus. Posiblemente
explorando la ciudad halle a quienes busco.
Parado en la esquina, como de costumbre, esperando el transporte. Oigo la
tranquilidad de afuera, jamás me había percatado de este extraño placer que
anda brotando de mí. La paz y el silencio, me ayuda un poco.
De la nada apareció una sonrisa silenciosa en mi rostro, era extraño como
mi piel se estiraba para darle vida a tal hecho.
Sin darme cuenta el autobús ya estaba delante, era dar algunos pasos para
subirme a la carroza de metal. El día pintaba diferente a todos, por un momento
tenía todo, mi garganta se anudaba. Felicidad de abundancia, encerrada en los
muros de metal.
Tomé mi asiento con tranquilidad. La hierba unísona, onduladas por la
fuerza del aire, se retorcían entre sí, pareciendo una muchedumbre bailando. Sostenía
la presión de encontrar todo y unirlo por partes.
Me dejé llevar, mis pupilas se concentraron en la carretera que dejé de
escuchar por un tiempo, de alguna forma mi instinto señalaba que debía
mantenerme sereno, por lo menos unos pocos minutos. Ignoré a la voz correctiva,
saqué mis audífonos y me los puse. Naturalmente la canción en reproducción me
mantenía en el trance que mi cerebro demandaba. Natural Blues.
Mientras más me consumía en el delirio espiritual, más oscuro se volvía el
sol, deformando su luz, comenzó a tornarse violeta, dejaba de lastimar, las
nubes se volvieron verdes, el cielo se mantuvo en un azul poco cambiado,
turquesa para ser exactos.
No me miraba a mí mismo, pero tenía el presentimiento de tener la cara ida,
mirando de forma diagonal, el metal de los retorciéndose, mi enfoque
concentrado en los acertijos.
El color violeta se hizo lila, abarcó absolutamente todo.
De nuevo. Una visión, como cuando fui al pueblo.
Atravesaba nuevamente un portal, no tuve elección ahora, fui encaminado a
una ventana muy clara, en ella, mi padre en un establecimiento, sentado
enfrente de una barra, con un vaso. Se veía descuidado, manchado y eso que
solamente se encontraba de espaldas. No dudé en gritarle, tenía algo dentro de
mí, llamado cariño, me importaba hablarle.
El vórtice se cerró y pareciendo una caída, me regresé a mi cuerpo, tan
poco tiempo en ese espacio de recuerdos y visiones, pero, bastante en el mundo
tangible, lo supuse porque ya estaba por la escuela, bueno, mi antigua escuela.
Ni siquiera sé que estudiaba ahí, para qué me estaban preparando.
Sediento de verdad, intenté apurarme en mi exploración, bajé del autobús,
la sonrisa se había ido, otra vez esa vaga expresión de miseria. Por un momento
fui libre de toda esta mierda, por un momento dejé de ser humano.
Era curioso que no sabía por dónde andar, así que decidí caminar, para ver
que me encontraba. Las coincidencias eran tales, el cegador sol fue envuelto
por nubes gigantescas, quitaban el abrumador calor, pero con él, la esperanza
de seguir, no entiendo por qué, pero eso me desmotivó.
Eché un vistazo a la escuela, desde afuera, la gente riendo, tomándose
fotos, acostados en el jardín, viendo al cielo, podía ver que hablaban de
cosas, sus labios se interrumpían para soltar carcajadas. Mientras que yo, les
veía, apreciando su comportamiento desde el otro lado de la calle. Jamás he
compartido esa sensación de reír ruidosamente, comunicarme a profundidad. Mi
contacto se reduca a besos, caricias y suspiros de placer. Conservo un lenguaje
más corporal. He pensado demasiado en lo que soy, tanto que consume mi persona.
Me limita a establecer un lazo.
El asfalto gris no terminaba, la cabeza hacia abajo, la verdadera lucha se
hacía dentro de mi cráneo, perdí la noción de los lugares que conocía alrededor
del instituto, paso tras paso, cruzando calles, esperando semáforos. Casi por
accidente noté las construcciones. “No recuerdo este lugar” me dije. Eran
edificios de poca altura, de un piso. Acabados diferentes a lo cuadrado de la
ciudad, te topabas con un árbol cada diez metros. Me susurraban al oído lo mal que se sentía ser
un árbol en un bosque de cemento, no pertenecían a su lugar otorgado. Justo
como yo.
En seguida de aquella calle había un parque, sorprendentemente solo, con
muchas bancas vacías, las hojas en los senderos les daban un toque único a los
senderos de piedra.
No me di cuenta que, una serie de restaurantes se encontraban al lado
opuesto de mi ubicación. Cada uno con un estilo peculiar, muebles con
apariencia vieja, repleto de vidrio, luces cálidas, etc.
Observaba a los comensales, analizando cómo disfrutaban su compañía, unos
con otros. Un destello deslumbró de uno de los restaurantes, llamando mi atención
me acerqué, crucé la calle sin cuidado. Varios coches se detuvieron para darme
el paso, molestos me gritaron variedad de cosas que no entendí. De igual modo
algo me llamaba a la vitrina de uno de los establecimientos.
Se aclaró todo, y la vi, Natalia sentada en una mesa, mi estómago sin
voluntad empezó a arder en dolor, sonreía. Estaba tan brillante, la extrañaba,
y eso que solamente había pasado un día. Como me gustaría disculparme, pero
ahora ella me ha de odiar. Me arrepentía de haberle dicho lo que en verdad sentía,
o más bien lo que no sentía. No me importaría estar con ella, aunque no fuera
mi otra mitad, con que ella estuviese feliz, sin que haya tenido que derramar
una gota de rostro.
Estuve perplejo por su presencia, cuando vi, una mano salir del otro lado
de la mesa, acariciando la de ella, parecía disfrutar ese gesto. Recorrí la
mirada, se encontraba un sujeto, cabello castaño, dientes derechos y blancos,
no sé de belleza, pero por lo que leí, él cumplía con todos aquellos requisitos.
Me emocionaba un poco que se viera contenta en compañía de aquel muchacho, al
parecer no fui tan necesario como pensé, como escribió ella en la carta.
A pesar de mi considerable felicidad, había algo que anulaba eso, un
sentimiento de egoísmo, me molestaba verla con él, no sé por qué, si el
muchacho no me hizo nada, no lo conozco. Podría sentir tal rencor con el
hermano de Natalia, por golpearme, pero este chico solamente estaba acompañando
a Nat.
¿Será que algo nuevo me está pasando? ¿Un nuevo hecho humano se concentra
en mi sangre?
Quise girarme, para continuar, pero mi pechó dolía, suspiré profundamente,
mi fuerza se desvaneció en unos segundos, la garganta pesaba. ¿Estaré triste?
¿Por qué? Ella es solo una chica que revuela sin mí, eso es lo que quería,
rompí el código que mi antiguo yo escribió entre los dos. Aún recuerdo ese día
en su casa, me mataba con los rayos del sol que atravesaban su cabello, un
resto de mí aún se conservaba, mis dedos quedaron marcados en su piel. Casi
olvidaba el olor que mis fosas percibían cuando mi nariz transitaba por su
cuerpo.
Me quedé sin la oportunidad de tenerla, porque mi mente le pertenece a
alguien más, a alguien que no conozco.

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