ANA.



Ha pasado un año, desde aquella noche que bien recuerdo, recibí la noticia, cayó en mi tórax como yunque al suelo, la presión de varias manos empujadas en mi corazón, nadie vio esa evidencia de que hoy te extrañe mucho, porque en las memorias borrosas te veía contándome tu día, pequeñas curiosidades, a ti te gustaba hablar y a mi escucharte. Siempre fue una amistad a distancia, era evidente de que no éramos los más apegados, pero cuando nos encontrábamos vaya que era asertiva la conversación.
No me atreví a escribirte algo en dedicatoria, porque nada que yo supiera en aquel momento podría describir lo mucho que significas. Aún te veo en pensamientos aleatorios, me pregunto demasiadas cosas casi cada mes. “Esto le habría gustado a Anita” “Me hubiera gustado que siguiera la tradición de asistir a estos tres Valles”
Puedo estar contento de que despertaste ese sentimiento que se había ido meses atrás, aquel día, recuerdo, ese día que leí de tu partida. Me encontraba tan débil, marchito; simplemente me derrumbé en agonías mentales, pensando en que aún nos faltaba por hablar, aún no llegábamos al punto en el que nos contábamos nuestros profundos anhelos y secretos. Me dejaste con ese nudo en la garganta.
Los minutos que estuve solo en la parroquia se deslizaron con el viento, a pesar de que en la palabra del sacerdote no cubría tu persona, sincronicé mis recuerdos para verte en la calma de aquél sitio, por respeto a tu memoria, a tu paz. No fue sino en tu casa que al estar frente a tu hermana, madre y abuela, sentí la nostalgia de verte nuevamente, vestida con una toga, con un lindo vestido, en una cena. Tomándonos la última foto de generación con los demás.
Jamás respiré tan hondo, jamás pude sentirme tan acoplado en un lugar, como en tu casa, allí sentí el tenerte al lado, mientras tu madre contaba anécdotas sobre ti, me imaginé a todos riendo y recordando momentos, me imaginé a ti sentada con un café en la mano, sonriendo retorcidamente por quizás algunas experiencias bochornosas.
Ahora, cumplimos el cometido de no quedar atrás,  de no dejar los sueños terminarse, de seguir el corazón que aun late en nuestros cuerpo, prácticamente puedo considerarte coautora del libro que planeo publicar, porque sin esa confianza a mis escritos secretos, sin esa confianza a mi poco talento, nunca podría haberme dado cuenta de lo que en realidad quería hacer. Por eso y por nuestros pequeños momentos te digo gracias. Por darme espacio en posiblemente en el cálido cottage de tu alma. Te extraño mucho Ana..

Comentarios

Entradas populares