Teta
El coche se encendió, escuchaba al motor encendiéndose segundo a segundo,
el momento era muy lento, los sonidos que causaba éste eran como los ronroneos
de Lago. Me encontraba recostado sobre la puerta, papá con una cara preocupada
hizo una última seña a la pareja, la respondieron y emprendimos el viaje de
regreso.
La carretera se sentía tan suave, la música hacía eco en los reducidos
espacios del auto. Fue cuando después de un señalamiento de velocidad. El camino
se tornó rosa, el desértico ambiente brilló como nunca antes. Era un sueño, no
lo sabía, ni si quiera sentía mis pies, parecía que volaba.
No duró mucho, lo interpreté como una señal. Terminó de golpe. Aunque, las
luces no cesaban. Era un auto dirigiéndose hacia nosotros. Con las pocas
fuerzas, miré a mi padre y estaba casi dormido, al percatarme de su sueño me
quedé paralizado.
Las luces del otro auto subían y bajaban, indicando que nos quitáramos del
camino. Seguíamos sin responder, el lento proceso de la nada se volvió una
estrella fugaz, antes del impacto todo se silenció, el ruido del metal
retorciéndose, el impacto, algunos huesos rompiéndose. Pude ver perfectamente
quienes venían en el otro coche. Una mujer conduciendo; en el asiento de atrás vi
una pequeña silla dos diminutas manos sobresalían de ella.
Mi corazón por un momento se detuvo, ver todo lo que el choque causó me
dolía, sentía un nudo en la garganta, quería salir todo mediante un grito.
Las luces se fueron.
Fue tan rápido, como si no hubiera pasado nunca, estaba consciente. Abrí
los ojos y me encontraba sobre mi cama. Que confusión, yo vi que acabamos de
chocar, ¿no debería estar en un hospital? Cuando menos muerto.
Sorprendentemente me sentía bien, como nuevo. Eufóricamente me levanté y
corrí a la habitación de mi padre. No se hallaba ninguna alma. Me cuestioné si
todo había sido un sueño, una señal, una advertencia o algo. Parecía tan real,
yo estaba ahí.
Me saqué de quicio, bajó mi entusiasmo, perdí la orientación un poco. Me
recargué en una pared, deslizándome hacia el piso intenté recuperar la cordura.
¡¿Qué mierda acaba de ocurrir?!
Esperé algunos minutos en esa posición, pensando, analizando. Lo asimilé de
cierta manera. Mientras mi agonía pasaba escuché unos pasos casi silenciosos,
reconocí el patrón, Lago se acercaba, con el mismo sonido de motor. No sabía
que pensaba mi gato, pero quería creer que se percató de mi estado de ánimo.
Conoce su poder sobre mí y simplemente vino hacia mí. Parecía consciente de la
circunstancia, se pegó a mi brazo caído intentando reponer ciertos daños.
La mirada perdida huía en las montañas, casi olvidaba que tenía la boca
abierta y la saliva escurría.
Tuvo que ser una pesadilla o quizás una visión, realmente no quiero pensar
en esa señora y su acompañante, mucho menos en mi padre.
Me siento mal por querer intentar buscar algo que nadie más puede
encontrar, al menos Ichiro aclaró ese aspecto.
Levanté mi, en ese momento, pesado cuerpo, cojeando fui a la cocina, la
confusión me trajo hambre.
Consternado, me moví cual zombi sin rumbo, movía mis manos para prepararme
algo, fue extraño, como si no lo controlara yo, simplemente sucedía y ya.
Los suspiros ensordecedores fueron introducción para A, su tonada espiritual me indagaba algo, me enseñaba a dibujar con
los huevos que tenía en la mano, fue mi guía para calmar mi rabia, hizo que me
encontrara en el charco llamado mar. Fue entonces cuando me pregunté si esto
había sido causa propia o algún ente divino tuvo que ver en dicho momento.
No importaba mucho, nada en realidad, sólo tenía que vivir sin premisas. Me
alegra un poco saber que cuando estoy perdiendo la cabeza nadie está presente,
es coincidencia que me esté descerebrando solo.
Terminé todo en un complejo vals.
Al acabar miré mis manos, perplejo de los hechos, de alguna forma mejoró mi
día considerablemente.
Casi automáticamente recordé que debía ir a la escuela. Mi supuesto día
perfecto acababa de empezar.
Repetí el ciclo de bañar, vestir, e irse. Una vez saliendo, la luz
deslumbraba, los sonidos se esclarecían, los pajarillos tal como en casa de
Natalia, cantaban sin cesar.
Pensé que al fin me estaba acostumbrando a la vida en la que se me puso,
habrá una razón.
Ya adaptado a la salvaje naturaleza vi la reja a lo lejos, no hice más que
comenzar a correr, no sentía ni una gota, ni el cansancio.
Abrí la puerta de metal y salí en espera de mi autobús, miré la hora en el
teléfono, quince minutos para la una, llegaba bien y me sobraba tiempo, en este
día quiero conocer a la humanidad y poder entenderlos, no debo limitarme a sólo
estar con Natalia, mis padres y Samael, creo que podría enlazar con alguien
más, aunque piensen que sea un idiota.
Llegó el autobús, como siempre, subí. Mi mirada paralizada al entrar,
presentía en mi piel que algo ocurriría, pero no hice caso.
Me senté al lado de la ventana, quería interpretar lo que había visto, el
choque, algo me detuvo, una pequeña voz diciéndome: “Mente fresca, acciones
normales”. Tenía sentido, suponía que no era normal irse todo el tiempo en
recuerdos y quedarse con la cara de un muerto, debía socializar.
Antes de entrar en modo “normal” decidí por última vez observar todo, no ha
sido sencillo ignorar, ha habido varias cosas que me causan intriga, pero,
simplemente no tengo el tiempo de analizar ni de preguntar. Mis días parecen
una canción, con una introducción, un clímax y un final, sin más explicación, sólo
pasan.
Observaba a una simple mosca, veía como volaba brutamente, se estrellaba en
las ventanas, me pregunto cómo será su percepción de esta cosa, no creo que
tenga la mente para pensar: “Oh carajo, estoy en esta porquería otra vez,
intentaré estrellarme en los vidrios a ver si así salgo”.
Aunque, eso me hizo pensar, puede ser que no lo entiende no por falta de
capacidad, sino porque ve el mundo de manera distinta, no gozamos de tener los
mismos ojos ni características tan similares a momento de sentir el entorno.
Puede que cada especie sea un mundo, vaya que es interesante.
Mi curiosidad quedó atrás cuando vi la escuela a unos metros de dónde
estaba, me di cuenta que pensar quita tiempo, demasiado a veces. No concibo
como podría ser la vida sin pensar, digo, yo apenas llevo aquí algunos días y
pienso acerca de todo. Que se sentirá hacer las cosas sin remordimiento, sólo
porque el contexto se prestó para tal cosa.
Bueno, es hora de dejar todo esto atrás por unos días para integrarme al
mundo. Crucé la calle a la escuela. La gente parecía estar tranquila, reían,
gritaban, hablaban, cada quien, en su canal, nadie me prestaba atención ahora.
Eso, me relajaba, tenía una oportunidad de ser alguien diferente.
Los pasillos llenos, se escuchaba más escándalo aquí dentro, era raro ver a
todos pasar, al igual que con la mosca, imaginé que cada uno de ellos tenía
cierta percepción con el entorno, claro nadie tiene ojos de mosca, pero pensaba
infinidad de cosas, me inquietaba saber con quién podría coincidir al fin. Pero
sería después. Decidí ir directo a mi salón. Revisé mi teléfono para ver si
estaba a tiempo para mis clases. Sin darme cuenta, llegué a buena hora,
faltaban diez minutos. Supongo que mi aula ya estaría abierta con algunos
compañeros dentro.
Subo las escaleras a ritmo apresurado. Los veo, a mis compañeros de la otra
vez, asomados en el barandal, me alegraba de verlos, no sé por qué. Continué mi
camino hasta meterme al aula, una vez entrando, observé las bancas, algunas
llenas y otras vacías. En las que se encontraban ocupadas, vi a Samael, quise
saludarle, pero se notaba serio, y más aún cuando me vio.
Consideré que debía darle tiempo, posiblemente le sucedió algo durante
estos dos días.
Quise mirar a más gente, pero todos parecían ocupados, en sus celulares,
otros simplemente observaban atentos su libreta o lo que sea que tuvieran en su
pupitre, unos pocos charlaban en grupo.
Me sentía estúpido, no sabía cómo iniciar alguna conversación. Me senté en
mi lugar de costumbre, Samael se cambió al notar dónde me sentaría, se fue a un
lugar más distante. No me importó de igual forma.
Saludé a Carolina, era extraño sonrió cuando la saludé, creo que ya puedo
contar con alguien más.
La persona que se sentó detrás de mí me saludó igual, se veía entusiasmado,
era un chico. Me tocó mi hombro para llamar la atención.
-Oye, ¿Irás al rato a la fiesta que haré? – Dijo el muchacho.
- ¿Eh? ¿Fiesta? – Respondí desconociendo todo.
-Sí, donde te vas a divertir, embriagar y a drogarte pendejo. – Mencionó
irónicamente.
-Ok, creo que sí, pero, ¿Dónde será?
– Dije.
-En mi casa, Carolina sabe dónde es. – Respondió.
Le confirmé y volví a lo mío. Vaya una, fiesta, creo que puedo divertirme
ahí, a embriagarme y drogarme, suena divertido, menos mal no iré solo, estará
Carolina allí por cualquier cosa, además podré conocer gente, perfecto.
Me concentré en mis manos un momento, aprecié su pálido color, en los
nudillos podía ver un morado que encarnaba algo, la verdad, no recuerdo haberme
lastimado. Dejé a un lado eso, y enfoqué mi atención al entorno, a las risas,
el viendo atravesando el salón, los susurros, inclusive el sonido del lápiz con
la hoja. Por un momento me sentí alterno a mi realidad, lo percibía de manera
distinta, como si fuera otra dimensión. No entendía si los demás simplemente lo
ignoraban y seguían con sus vidas o no lo entendían. Es maravilloso sentir al
mundo de esta manera.
Mi trance lo interrumpió la estampida que entró, suponía que el profesor
venía atrás de ellos como el otro día. Pero casi lo olvidaba, esa había sido
otra clase, creo que ahora me toca otro maestro.
A medida que escuchaba los pasos del fino calzado de hombre con tacón, las
ondas de luz que me daban la vista, se distorsionaban, como cuando se pierde la
señal en la televisión. Y lo vi a un hombre de finos rasgos, edad un poco
avanzada, un saco café, denotaba elegancia en su presencia. No esperaba nada de
éste sujeto, sólo quería saber que rayos impartía.
-Hola muchachos, ¿se acuerdan todavía de mí? – Ríe quisquillosamente,
seguido, una sonrisa arrogante; Espero que no hayan olvidado lo que les encargué.
–
Oh cielos, no tengo ni idea de lo que pidió éste hombre. Sigue hablando con
esa misma mirada. En ese momento mis ojos se cerraban, mi mente decía que no
valía la pena seguir escuchando, que debía ignorar a todo por unos minutos.
Justo cuando obedecí a mi subconsciente, el aire aceleró la corriente, el
ritmo de las voces aumentó, la habitación se enfriaba a grandes escalas, mis
movimientos costaban menos esfuerzo, todo era tan efímero.
Se detuvo, justo cuando la voz del profesor de filosofía, haciendo
presencia, abrí los ojos, miré a mi alrededor y la luz del sol que venía de las
ventanas, había desaparecido, ahora lo encapuchaba un manto negro de con
estrellas. Mierda, ¿Cuánto tiempo estuve en mi estupidez? No importa ahora. El
tiempo se había comportado relativamente raro, no parecía funcionar con el
universo, alguien lo manipulaba a su antojo y a mí me tenía como conejillo de
indias. Decidí comprobar mis argumentos y volví a cerrar los ojos. Ahora sin
pasar nada me confundí bastante. ¿Qué implica ser mis recuerdos, ser el tiempo
y las visiones? Posiblemente es algo que aun no entiendo.
Lo que hice enseguida fue dormir, honestamente me aburrió muy rápido la
clase, creo que no tendré un vínculo significativo con la “escuela”.
La voz del muchacho hacía eco en mi cabeza, de aquel muchacho que me
invitó.
-Oye, oye, oye. ¡Despierta Bastardo! – Grita al final de su insistencia.
- ¿Eh? ¿Cómo? - Contesto en un rápido levantamiento, limpiándome la saliva
de mis mejillas.
-Es hora de irnos a embriagar. – Dice de manera entusiasmada; Carolina te
está esperando afuera. –
El sujeto al instante se echa a correr. Me tallo los ojos y me percato de
que ya no hay nadie en el salón. Me levanto un poco exhausto, me dirijo hacia
afuera, ahí estaba, Carolina recargada en el muro, haciendo bola un papel que
tenía en sus manos. Se da cuenta de mi presencia.
- ¿Ya nos vamos? – Dijo, mientras sonreía delicadamente-
Asentí, bajamos por las escaleras, apresurados porque ya íbamos un poco
tarde. Salimos de la escuela, me detuve un segundo al ver iluminado el jardín,
de gente, planeando su ida a la fiesta. Carolina se sigue y a lo lejos me
grita.
- ¡Por aquí! – Mientras seguía caminando.
No perdí más tiempo, caminé directo a su trayectoria. Ahora no iba a la
parada del bus, nos movíamos a dirección contraria, a la otra esquina, veo a
Carolina dar la vuelta, cuando yo llego a maniobrar igual, observo que se mete
a un auto negro. Ya dentro, me hace señas para que la siga. Me sentí algo desconfiado,
pero le hice caso, me subí y cerré la puerta del coche.
En el auto, nos encontrábamos ella, dos chicas más, una al lado de nosotros
en la parte trasera y la otra de copiloto y manejando un sujeto de rostro
cálido, inspiraba tranquilidad y confianza.
No conocía a nadie, pero sabía que sus rostros los había visto en algún
lado. Notan mi silencio todos.
-Ah, mira ella es Miranda, - Carolina señala su lado derecho; - Ella es
Grecia – me indica con su mano hacia el asiento de copiloto; -Y él es Mauricio,
su novio. –
Vaya, si me lo dice es porque en verdad no los conocía, qué bueno que fue así,
hubiera sido muy incómodo que pensaran que no me acordaba de ellos.
Enseguida arrancó el coche, y nos dirigíamos a la fiesta.
-Es en la casa de Alejandro, ¿Cierto? – Dice Mauricio con curiosidad.
-Así es, por el puente de Colonia Camus. – Contesta Carolina.
Comenzó el camino, de pronto una sensación extraña en mi muslo me hizo
acordarme de que posiblemente no llegaría a casa. Decidí mandarle un mensaje mi
padre para avisarle de lo que haría. Ahora sí, podré ir en paz.
Tomamos una ruta diferente a las que conocía, atravesando por edificios
vistosos, parques y una zona de restaurantes, las lamparas de las calles me
hacían sentir bien, una mezcla de sensaciones, mi pecho se contraía, sentía mi
pulso en los brazos, en las bocinas en el ambiente, sonaba Paricutín. La armonía de los fragmentos rompía el ego que cargaba,
volviendo el viaje en un adictivo ciclo de luces y placer sensorial. Pensé en
Natalia, en lo que me provocaba hacerle mi coreografía de caricias, en lo que
me hacía ser rudo y tierno a la vez con ella. Sé que tengo un papel asignado
con ella, pero me pregunto si algún día todo cambiará, y dejará de tener el
protagonismo de mi atención, porque viviré bastante tiempo en este cuerpo,
conoceré gente y aprenderé a ser humano, posiblemente, sea feliz, tenga una
familia, y mi padre sea abuelo, puede que todo se estabilice, consiga un
trabajo de mierda para poder sustentar a los que dependen de mí. Porque por lo
que he visto así es la vida en esta especie, en esta perspectiva ciega llamada
vida.
Sólo quiero estar en una cascada de agua ligera, en la que no nade y pueda
volar, con la respuesta que busco en la lengua y a aprender a vivir con ello.
La meditación espontanea es distraída por las voces de los chicos.
-Creo que ya llegamos. – Dice Mauricio, emocionado.
-Yep, aquí es. – Afirma Carolina.
Baja la velocidad del auto, estamos en medio de algunas casas, no como las
privadas en las que vivo, son departamentos en medio de la ciudad, es curioso,
supongo que es divertido vivir en medio del espectáculo de las luces.
Se veía enseguida dónde era todo, gente afuera, coches estacionados,
algunas personas fumando en pequeñas varas de papel y otros en unas piezas de
piedra, hace lo mismo, pero parece que fuman cosas distintas.
Nos bajamos del auto, menos Mauricio, al parecer buscaría un lugar en donde
estacionarse. En la banqueta se separaron todos, Las chicas se metieron con
Carolina, mientras yo seguía ahí parado apreciando lo llamado “Fiesta”.
Proseguí a meterme, pero antes de llegar a la puerta alguien me detuvo,
olía raro su aliento, y se veía confundido, con trabajo se mantenía en pie y
arrastraba las palabras.
-Oye, ¿Oye no quieres un cigarro? Dijo de manera breve en lo que sacaba una
caja llena de esas varas de papel que había visto antes.
Simplemente lo tomé y él se desvaneció entre la gente de afuera, no sabía
cómo usarlo, sólo que pues los demás lo fuman. Antes de perder más tiempo me
metí al departamento, subí las escaleras, gradualmente escuchaba la música, la
percusión hacía temblar las paredes, música hecha por máquinas, un nuevo
descubrimiento, que podía notarse era propio de las fiestas.
Al fin, en la entrada de todo el caos, la gente bailando en la neblina
artificial, pasos aleatorios en ritmos desconocidos, algunas chicas besándose
entre sí, las parejas igual, no había nada que distinguiera a nadie, todos eran
iguales, se tocaban bailando, mientras fumaban en piedras con su vaso
desparramando bebida. Las luces hacían emotiva la euforia, me contagiaba de la
actitud.
Me adentré en el salvaje valle de almas ardientes, sin temor a lo que
ocurriera, persistiendo en descubrir. Caminé entre la gente hasta toparme con
una barra, del otro lado se encontraba Alejandro, sirviendo algunas bebidas,
mezclando cosas dulces con licores, no sabía que tan bueno era eso, pero por
deducir, supuse que mucho de eso te hacía actuar como la persona que se me
había atravesado minutos atrás.
Le hablé y respondió momentáneamente, le dije que, si podía servir un poco
de su experimento, hizo una cara de burla, pero accedió. Le di un sorbo a mi
vaso, un sabor bastante dulce para algo tan amargo, sabe bastante bien. Le
pregunté a Alejandro que era lo que contenía mi bebida.
-Es algo que estoy creando amigo, Tequila, refresco y otra cosa que me dio
un tipo todo ebrio, la verdad no recuerdo. – Dijo mientras reía de lo borracho
que estaba.
Me asusté, que yo sepa, los fármacos no se mezclan con licores, pero si
todos lo tomaban así es porque no pasa nada. Aunque debía disfrutar mi bebida,
era un poco difícil mantenerlo lleno con toda la gente que había, se empujaban
de repente y tiraban mi extraña mezcla de cosas. No lo pensé mucho y lo tomé de fondo.
Seguí caminando, esperando encontrar a alguien para por lo menos conversar.
Empecé a buscar Carolina y a los demás, para conocerlos mejor. Pasaron algunos
momentos y los hallé cerca de unas puertas, hablando. Me acerqué para saludar.
-Ah, ahí estás, esos cuadros sí que estaban muy concentrados. – Dijo
Carolina.
- ¿Cuadros? ¿De qué hablas? – Pregunté.
Los cuatro se rieron, pensando que
bromeaba al respecto.
-Sabes, mejor olvídalo y cómete uno. – Propuso Mauricio, mientras me lo
daba.
Era un pequeño pedazo de papel, efectivamente en forma de cuadro, en lo que
lo observaba, ellos me hacían señas para que lo colocara sobre mi lengua, lo
hice y esperé a que se disolviera, no sentí nada, ni comprendía el por qué decían
que estaba concentrado. De cualquier modo, empezaron a reírse solos y a desviar
la mirada de un lugar a otro, parecían desorientados, no quería interrumpir su
extraño ritual, así que me retiré de las puertas a buscar gente.
Las canciones tomaron un propósito más denso, ya no eran alegría y baile,
eran ritmos en los que podías escuchar tus pensamientos, la gente se emitía
mensajes entre sí, sin la necesidad de hablar, se tornó extraña la fiesta.
Detecto la melodía, Sex and Tears.
Las personas se dividieron en parejas, en tríos, con un baile delicado, pero
igual el de los demás, brincaban, era notorio su nivel de intoxicación, las
luces ya no eran de colores, parpadeaban rápidamente entre blanco y negro, la
euforia de las caderas de la multitud llamaba mi atención, todos mirándose
fijamente, se besaban, se agarraban bruscamente de las prendas y se sujetaban
unos a otros, mi cabeza sentía los bajos de la tonada, caminaba un piso
fantasmal, cuando la canción empezó a emocionarse, se volvieron locos, lloraban,
reían y saltaban más alto, parecía una locura.
Entre ellos, noté la presencia de un alma solitaria, disfrutando pero sin
nadie más, podía ver que era por decisión propia, nadie se le acercaba, fue un
momento espontáneo, sus ropas marcaban si silueta, tenía una fragancia sabor a
ella, sus labios pintaban un mar de mil colores, sus movimientos eran reflejo
de perfección en ángulos imaginarios, me volvió loco su manera de existir en
ese momento, mantenía los ojos cerrados para negar la existencia de todos, no
podía ser más natural, era simple, pero complejo, era una mezcla de emociones
que provocaban la sensación de observarla a los ojos mientras me acercaba a su
boca.
Sin miedo a lo consecuente, me acerqué hacia ella, me abrí entre la gente,
cada paso pesaba más, una fuerza me advertía de no hacerlo, pero la voluntad de
seguir, superaba cualquier cosa. Justo cuando iba a llegar, los muros
comenzaron a retorcerse, cerrando el paso hacia la persona, impidiendo que
continúe, no era normal, algo lo provocaba, pero lo ignoré, persistí en mi camino.
Las personas que me rodeaban comenzaron a crecer cual árboles, sus risas se
convertían en largos y molestos ruidos. Tropecé, mi cara se estrelló directo
con el suelo, no sentí dolor, me sentía anestesiado, enseguida que me levanté,
mis pies vibraban, no era consciente del tiempo porque todo era irregular, había
cosas que pasaban en cuestión de segundos, otras flotaban sin fuerza de
gravedad y las personas crecían lentamente.
Sólo me encontraba a unos metros de la persona, ya podía sentir el calor
que irradiaba, respiré con fuerza, había algo que asfixiaba mi vida, lo
desconocía totalmente.
Cuando llegué. Mis manos temblaban, la chica, notó que estaba ahí para
intentar comunicarme, abrió los ojos mientras bailaba, me miró fijamente, y
parecía notar algo en mí, sentía que me examinaba de alguna forma. Poco a poco
el tiempo se hacía lento, de la nada, de forma ascendente escuchaba una canción,
Lady. Finalizó su escaneo, en un
paso en falso, se fue, me señalaba que la siguiera, iba detrás de ella,
atravesando toda la fiesta, las personas actuaban como paredes de laberinto, en
ese instante, sólo éramos ella y yo, de un momento a otro la gente terminó,
ahora eran sólidos muros de concreto, reconocí las puertas en las que estaban los
chicos, nos aproximamos, en eso, ella abre una de las puertas, con su dedo en
la boca indicándome que guarde silencio se mete, supongo que debo seguirla.
Adentrado en la habitación, me percato que no hay ninguna señal de iluminación,
fue entonces que se enciende una pequeña llama a lo lejos que se dirige directo
hacia mí, una vez cerca, sus labios se asoman, alumbrados por el escaso fuego,
un labial morado se apreciaba, una voz que quebraba oídos, me sentía seducido
por un simple trozo de carne, cuando me encontraba congelado escucho las
palabras.
-Ahora eres mío…- Dijo en lo que soltaba una risa retorcida.
Acarició mi rostro con su otra mano, de pronto la agarró con fuerza y me
lanzo hacia adelante, aterrizo en algo suave, una especie de sillón, el impacto
fue brusco, pero indoloro, se percibía una descarga en mis manos con el
impacto, sólo me quedé paralizado. De pronto siento un peso sobre mí, era ella,
no sabía que quería hacer conmigo, pero no me daba buena espina. Susurró
algunas cosas, pero mi estrés no me permitió ponerle atención, escuché el ruido
de unos botones desabrochándose, mi corazón latía a gran ritmo, tenía un poco
de noción de lo que pasaría. Puso sus labios en su cuello, seguido de una
seductora frase que no recuerdo, olí su perfume algo muy penetrante, pero me encantaba.
Seguía sin moverme, no tenía idea de lo que ella hacía, pero percibía su
piel encima de mí, me convertí en un juguete. Escuché la puerta abrirse,
enseguida entra la luz y la veo, abrochándose su camisa, se quita encima de mí,
y se desvanece por dónde no llegaba la luz. Cuando dirijo la mirada a la
puerta, estaba Carolina ahí parada, con una cara de sorprendida, me paré del
sillón y fui corriendo hacia ella.
- ¿Qué ocurrió? – Pregunté al ver su cara de espantada.
-Te vio. Él te vio. – Respondió algo intimidada.
- ¿Quién? – Pregunto.
De la nada, escucho una voz gritando, igual, algo arrastrada como el chico
de la entrada.
-Ahora sí hijo de puta, ¿Creías que me habías visto la cara de imbécil? –
Escucho a lo lejos.
Cuando todo regresa a la normalidad, veo a alguien aproximándose, un
muchacho que se ve algo menor que yo, no demasiado, sólo un poco, ¿Un año será?
Llevaba una cara bastante molesta, pero se me hacía familiar, ¿Dónde la he
visto antes?
Al preguntarme todo eso el sujeto ya estaba enfrente de mí, sin perder el
tiempo, me agarra de mi camiseta, pone su puño en forma de ataque y lo hace,
suelta un puñetazo en mi mejilla, ahora lo siento todo, cada hueso de su mano,
restregado en mi cara, el impacto fue tal que me dolió la cabeza al momento. No
sé qué sucedió pero ello, despertó algo en mí, un sentimiento de ira, recargado
en toda su expresión, mis brazos se endurecieron; aparté al chico con mis manos
con tal fuerza que cayó, se levantó enseguida y sin previo aviso solté un golpe
con toda la ira que sentía, justo en medio de su mentón, el sonido de
acontecimiento sorprendió a mis oídos, se escuchó demasiado fuerte, la fuerza
era incontrolable, solamente pude observar al muchacho caer inconsciente al
piso, un estruendoso eco palpitó en todo el departamento, todo paró entonces.
La música, la gente bailando, las risas, se limitó a un silencio absoluto de miradas
que juzgaban mi acto.
Escuché a Alejandro.
-Esperen, esperen, es mi amigo, tranquilos, todo está bien. – Dijo mientras
se acercaba rápidamente hacia mí; ¿Quién es este tipo? ¿Te estaba molestando?
No hay problema, sáquenlo por favor. - Dijo y ordenó a dos de sus amigos, lo
cargaron, lo llevaron hacia afuera y lo dejaron tirado de la acera.
Pasaron algunos minutos, el ritmo de la celebración se recuperó como si
nada, estaba consternado, acababa de golpear alguien y lo dejé inconsciente,
fue más una respuesta natural que un capricho de carácter, supongo.
Carolina se calmó.
- ¿Sabes que le acabas de pegar a tu cuñado? – Dijo, seguido de una risa.
- ¡¿Qué?! ¿¡Era hermano de Natalia!? – Exclamo arrepentido.
-Pues sí baboso, ¿Qué no te acuerdas de nada hoy? – Responde Carolina.
Mierda, acabo de empeorar mi relación con él, espero que no se acuerde,
estaba ebrio, aunque si le quedará marca. Mi mente se encontraba llena de
pensamientos y de culpa. El estúpido instinto hizo lo suyo, ¿Debo culparlo? Era
sólo una reacción.
No aguanté más, bajé las escaleras corriendo, para tomar un respiro y
pensar mejor, también para ver cómo se encontraba mi cuñado, cuyo nombre olvidé.
Mi sorpresa fue que ya no estaba ahí, me asusté, cualquier cosa le pude haber
sucedido. Comencé a buscarlo en los alrededores.
Se distrajo la atención por un segundo, sentí el impacto de algo muy duro,
una vara o algo, veía como mis sentidos se apagaban lentamente. Caí en la
banqueta, sin poder hacer algo, cuando me volteo, lo veo, mi cuñado con una
barra de metal en la mano, observando mi agonía, lo tira en el suelo y se va
caminando por la calle.
Fue tan rápido, no lo esperaba, me pesaba la vista, fui cerrando los ojos,
todo se oscureció y terminó con un último suspiro.
Estaba dormido, inconsciente, recordando, ahora me percato, que hice mal en
seguir a la chica, no sólo porque recibí una paliza, sino porque se supone que
mis ojos sólo deberían ser para Natalia, ahora es cuando me pregunto, si ella
es todo lo que quiero, posiblemente el anterior yo si la amaba mucho, pero
ahora siento que ya todo es distinto, ha cambiado algo dentro de mí, costumbres,
pensamientos, la percepción y ahora los gustos.
Será que vine a este cuerpo a cambiarlo o a seguir con lo que el alma
anterior dejó. Hubo una explosión dentro de mí. The Paper Bride, se reprodujo y con ello muchos pensamientos.
Estoy encontrando una razón por vivir, cómo es posible que más de dos
mentes se introdujeran en un cuerpo, cambiando como si fuera reciclable, como
algo que tenía que suceder, nadie me avisó ni pidió mi consentimiento para
continuar, si fue algo divino, lo maldigo, hubiera preferido iniciar todo desde
cero a estar aquí, experimentando, recibiendo golpes y probando drogas.
Debo hallar el objeto de estar aquí, el motivo. Pero por ahora debo
concentrarme en lo que quiero.
Finalicé de pensar en mi subconsciente, lentamente empecé a escuchar el
ruido de una carretilla en un piso de azulejo, abrí los ojos y notaba un techo
blanco, me encontraba sobre una camilla a gran velocidad. Me empujaba una
señora, al lado, Natalia, viéndome, preocupada, con una figura temerosa en su
boca. Quise mirar mis manos, llenas de
sangre, mi cabeza me dolía inmensamente, mis pocas fuerzas me permitían mover
mis dedos, estaba tan cansado. Nuevamente cerré los ojos. Las voces resonaban
mil veces, me fatigaba todo en aquella situación.
Devastado por todo, me negué a despertar, me acostumbré a todo lo que
escuchaba, de un momento a otro se tranquilizó el estruendoso escándalo. El sol
calentaba mi piel.
Cuando decidí otra vez, a volver, estaba en un auto, seguía de noche, quise
fijarme en quienes me acompañaban, eran Mauricio, Miranda, Grecia y Carolina.
Me hallaba recargado en el hombro de Miranda, con la mirada perdida.
Me sentía confundido, ¿no estaba en una camilla con Natalia? ¿Fue una alucinación
o una visión? Pasó de nuevo sin saberlo,
sin entenderlo. Quizás lo que hizo mi cuñado sólo fue un pequeño golpe.
El ambiente en el auto fue extraño, todos actuaban como si nada hubiera
pasado, había posibilidad de que aún estaban intoxicados, no lo sé. Yo sólo
quería llegar a casa para olvidar todo lo malo que sucedió.
Pero espera, antes que nada, debo de saber quién era esa chica, no podré
olvidarla porque causó algo excitante, me provocó y cedí, ahora que lo veo,
tiene cierto parecido a la chica del lago, ¿Será ella? ¿Terminaré con ella a
final de cuentas?
¿Qué pasará con Natalia? Tengo duda, si decido estar con esta chica, me
gustaría que Natalia estuviese bien, con alguien que la llene. En fin.
Mi delirio es interrumpido.
- Ya llegamos a tu casa. – Dijo Carolina.
-Gracias, creo que me bajaré ahora, nos vemos chicos. – Dije mientras me
bajaba del auto y me despedía de todos.
Al fin en mi hogar, es hora de matar cabos.

Comentarios
Publicar un comentario