Eta.



El tiempo pasó tan rápido, en mis sueños veía a las flores marchitarse conforme pasaba el tiempo, como si hubiera dormido una eternidad. El frío me obligó a abrir los ojos. Lo primero en mi vista fue el techo, el blanco con textura áspera me confortaba los ojos, había un olor peculiar a mañana, no sé si sea habitual pero era algo que me parecía familiar, según mi instinto, provenía de las primeras horas de sol.
Escuché alguno pájaros cantar, se fueron rápidamente. El momento fue muy pacífico, me puso de buenas percibir el descanso y la armonía de las cosas.
Busqué a mi costado a Natalia con mi mano, pero aparentemente no estaba ahí, no lo confirmé hasta que miré hacia dónde ella se suponía debía estar y sólo vi un vacío, sentí un extraño golpe en mi pecho, suponía que me angustiaba no tenerla ahí.
Quería explorar, era obvio que no había desaparecido, ésta es su casa. Aun así, me inquietaba el hecho de que no se encontrara conmigo. Intenté levantarme, pero un dolor no me permitía hacerlo, justamente en el abdomen, estiré el cuello pero tampoco pude. No sé qué pasó  anoche, pero vaya que fue algo rudo. Al terminar ese pensamiento no dudé en reír. Con esfuerzo me levanté adolorido, me dirigí en línea recta al baño, me costó incluso abrir la puerta. Lo que haya sido, vaya que fue bastante duro.
Una vez dentro, con la poca fuerza sobrante, me coloqué en frente del espejo, me miré con un movimiento de rostro, lento y agotado. Noté las marcas de mi cuello, la intensidad de sus manos dejaron una marcada firma. Exploraba mi cuello cuando justamente me miré a los ojos, mi cara, llena de marcas, parecían golpes. No recuerdo el momento en el que yo me sometiera a tal brutalidad, la oxitocina o cualquier mierda química provocó que no lo sintiera.
No me alteré, de cualquier modo lo disfruté.
En lo que me hacía un chequeo sonó una voz, era inconfundible, Natalia.
Me llamaba para que bajara. Al momento respondí al llamado, pero mi cuerpo tocó la porcelana del lavabo. Increíblemente no me di cuenta que me encontraba desnudo. Así pues, me puse mi ropa y bajé las escaleras para atenderla.
Seguí la voz que me llamaba, distinguí que venía de la cocina. Asomé mi cabeza en el marco de la puerta y ahí estaba, con el pelo recogido, una sudadera gris que le quedaba bastante grande, algo así como un pequeño vestido; su pelo alborotado, de todas formas no tenía el suficiente cabello para hacerse una cola de caballo, entiendo el porqué del alboroto en su cabeza. Sostenía una taza de café con una sirena pintada en ella, era un dibujo animado, la sirena con una cola azul turquesa, piel morena, cabello negro, ojos cerrados y uno de sus brazos cubría sus caricaturescos pechos mientras la otra se mantenía alzada. Mi percepción fue confusa, juraba haber visto antes esa taza.
Natalia disfrutaba su café, hundía sus labios en el líquido, no sólo para tomar, podía observarse que también para olerlo. Creo que le gusta bastante esa bebida.
Ella se dio cuenta de mi presencia, dirigió la mirada de su café hacia mí. Sólo estaba como un estúpido invadiendo sus momentos de comodidad solitaria.
-Con que, ¿Espiándome no? – Dijo Natalia conteniendo la risa.
-Perdón, es que, eres hermosa.- Argumenté, esperando que no fuera tan extraño el contexto en el que me encontraba.
Ahí no contuvo más la risa y dijo que era un idiota. Entendí que no fue lo más asertivo que pude decir.
Natalia después de burlarse, agarró un sartén, sacó algunos huevos del refrigerador, cebolla, chile, y jitomate. Me pregunto que preparará.
Yo me siento atontado, por la madrugada y porque todavía hay un caos en mi conciencia que se pregunta cómo es que estoy aquí.  También imaginé que sabía cocinar, digo, al parecer siempre estaba solo en la casa, no creo que pasara hambre dos días enteros. El olor acariciaba el interior de mi nariz, me agradaba lo que preparaba, de nuevo esa cara de estúpido,  he de suponer que es la cara de apreciación o algo así.
Natalia observó mis expresiones. –Veo que todavía pones esa cara, no entiendo cómo algo tan simple te gusta, sólo es huevo a la mexicana, ni si quiera lleva un proceso tan complejo- Dijo mientras sazonaba el platillo.
Así que así se llama esa comida con esos ingredientes, recuerdo el huevo, pero no recordaba lo demás, y como lo dijo,  es evidente que me agrada el “Huevo a la mexicana”. 
Mexicano. No tenía noción de mi nacionalidad, ni por la lengua que hablo, tenía entendido que muchos países hablan una lengua en común, sin embargo que cual lenguaje le respondía a cada uno de ellos. Quiero suponer que soy de México entonces, no lo había notado porque mi mundo se limitaba a sólo frotarme con gente, escuchar música y vivir en recuerdos.
Durante mi análisis acerca de mi identidad, detecto que el olor del platillo crece, entonces es cuando una porción en un plato está delante de mí.
-Estás algo apendejado amor.- Dijo Natalia en lo que se sentaba y acomodaba su plato.
No contesté a su comentario pensando exactamente en lo que significaba “apendejado”,  además de indagar sobre mi nacionalidad.
Me apagué unos minutos mejor, en lo que comía, el hambre era más grande que mi curiosidad.
Terminamos y ya que no ayudé en preparar nada, me ofrecí en lavar los trastos, sólo que, no recordaba cómo hacer el jabón para lavarlos. No quería parecer un tonto y fingí acomodar algo mientras esperaba que Natalia fuera a otro lado y no me viera. Ya sin ella, me agaché al compartimiento que estaba debajo del fregadero, abrí la puerta, y vi algunos productos de limpieza, un líquido, una botella y una bolsa. No tuve mucho tiempo para elegir cual. Agarré la bolsa y vertí el polvo en un bote y lo llene con agua, rápidamente guardé lo que utilicé y comencé a lavar.
En acción y enjuagando los utensilios, percibí un olor familiar, creo haberlo olido en algún lado, se me cae de pronto una cuchara que estaba lavando en el agua salpicándome, procedo a secarme con la manca de mi prenda superior y sin querer huelo, se parece al olor del jabón con el que estoy lavando. Si, usé detergente en lugar de jabón para trastos. De nuevo me sentí tonto pero ya no podía hacer otra cosa.
Al terminar escuché un tono curioso, una musiquilla, un poco apagada, pero era porque se encontraba lejos, no vi a Natalia en la periferia, entonces seguí el tono, daba hacia arriba, en la habitación. Entrando vi el causante en el tocador, era mi celular, lo tomé, noté que me estaba llamando mi padre, no dudé en contestar.
-Hijo, ¿A qué hora estarás aquí? Recuerda que teníamos planeado salir, el tiempo padre e hijo que habíamos quedado, si no quieres ir avísame antes de las diez por favor- Dijo amablemente y un poco desanimado al final. 
Lo primero que hice fue mirar la hora, nueve y treinta, tengo algunos minutos, le diré a Natalia que ya es hora de irme.
La llamé varias veces para saber dónde estaba,  pero no respondía, hasta mi garganta me empezó a doler de la insistencia. Recorrí la casa y cuando paré me concentré, escuché el ruido de la regadera. Fui directo hacia el baño, abrí la puerta lentamente, las luces apagadas, no estaba oscuro por completo, pero no entraba mucha luz, sólo había una pequeña ventanilla. El vapor empañó los vidrios del baño. Sólo se veía el color de la piel de Natalia.
-Oye, mi papá me habló, ya debo irme a mi casa, quería preguntar dónde  tomo el autobús de regreso.-  Dije directamente. 
-Pasa afuera del fraccionamiento, ahí enseguida. ¿No prefieres ducharte antes de irte? Digo, para que llegues tan si quiera limpio.- Dijo y siguió tallándose.
No importaba si llegaba sucio o limpio según yo, pero accedí, le envié un mensaje a mi padre para avisarle que si iba a llegar. Esperé a que Natalia saliera, me senté en el inodoro. Natalia de la nada dijo. 
-¿Si te vas a bañar o qué? Esperando ahí te tardarás más.-
Era una clara señal de que debía meterme con ella a la regadera, pensé. Sin decir nada me quité la ropa y entré. Su cuerpo mojado, la escasa luz le otorgaba un tono de piel más cálido a la vista, ella ya estaba quitándose el jabón para salir, yo apenas me hallaba remojando. Hay algo que sale de mí cada vez que la veo al natural, puedo decir que no es morbo, pero me apasiona verla así. Su cuerpo parece poesía, sus ojos, sonrisa, labios y demás son una estrofa, compuestas por adictivos versos. Era un escrito viviente que leía y me encantaba. La tomé del mentón para alzar su mirada y le solté un beso lento. Sonreí al terminar, ella salió de la ducha. Finalmente me bañé.
Saliendo, tomé una toalla que al parecer Natalia dejó para mí. Mi ropa no estaba, suponía que se la había llevado a la habitación. Salí con la toalla puesta en la cintura. Llegando a la habitación la vi secándose el cabello sentada en la cama apreciando el sol desde su ventana. Mi ropa, a un lado esperando a que me la pusiera.
Una vez vestido, le dije a Natalia que ya me iba a retirar, me despedí dándole un beso en la frente, le acomodé el cabello, le acaricié la mejilla y salí de la habitación. Bajé las escaleras, el camino hacia la puerta principal se alargó, no quería irme aún, tenía ganas de estar más tiempo con ella, pero debía acudir con mi padre, lo que supuestamente acordamos debía ser importante para él.
Saliendo de la casa la fuerte luz del sol me deslumbró, el ambiente era diferente al de la noche, niños vecinos caminando, autos circulando, hasta vi unos pájaros pasar por ahí. Di un gran suspiro, me sentía confiado, me coloqué los audífonos, involuntariamente sonreí pensando en lo fabuloso que sería el día. Caminé algunos metros hasta llegar afuera de la privada, se asemejaba a por dónde yo vivía, dejando a un lado que las casas de aquí eran más bonitas, la parada de autobús era igual. No pasó mucho tiempo hasta que llegó el transporte. Subí sin fijarme en el conductor, hacía bastante calor. Observé el camino, coches, gente, casas, edificios, ahora no me inquietaba, simplemente estaba contento y me satisfacía poder mirar todo. 
El tiempo pasó muy rápido, en mi percepción apenas habían pasado algunos minutos y ya estaba en la entrada de la escuela, ahora debía tomar el siguiente autobús que me llevaba a mi casa. Estando en el siguiente, pensé en algunas cosas, entre ellas en la loca, seguramente tenía que aguantarla de nuevo cuando llegara a mi casa, no quería arruinarme mi domingo, mejor ignoré su existencia y pensé en mi padre. Me pregunto a dónde iríamos para que fuera importante, pudiera ser que no sólo era el lugar sino el hecho de que compartiéramos algo de tiempo.
En la reja que daba a mi privada sentí un nudo en  la garganta, presagiando algo extraño a corto plazo. Así como a la loca, traté de ignorarlo, nada podía arruinar el día. Me sentí ansioso de conocer más a mi padre, él podría guiarme y darme sabiduría para comprender mi existencia.  Corrí a mi casa, abrí la puerta y lo hallé sentado en la sala, me estaba esperando, no notó mi presencia, pude ver en su rostro algo de angustia, me preocupa no saber el por qué. Posiblemente anoche no folló con la loca, yo que sé. Le hablé: “Papá”.
Enseguida dirigió la mirada y sonrió. –Oh, ahí estás, te tardaste un poco hijo, pero no hay problema aún llegamos a tiempo.-  Dijo tranquilamente. 
Le mencioné que quería cambiarme de ropa, el esperó más. No elegí con cuidado lo que usaría, sentía que mi padre estaba un poco impaciente, no perdí tiempo y lo hice rápido.
Subimos al auto. La cajuela estaba cargada, tenía más curiosidad de nuestro paradero. Además también vi la mirada cansada de mi papá, me preocupa  bastante que no se sienta bien, no lo conozco hace mucho pero le tengo cariño. Encendió el auto, se prendió el estéreo, mencionó que si quería pusiera música, asentí. Quité el cable del teléfono y reproduje mi música. Mi papá enseguida hizo una cara muy extrañada, y riendo dijo que en el estéreo, no en mi celular. Sólo me dije a mi mismo “Ah que estúpido, otra vez mal.” Fue ahí cuando no sabía cómo poner música, en el estéreo, sólo lo miraba y formulaba teorías. Papá vio que no me ubicaba bien.
-El cable auxiliar está en la guantera, por si no recuerdas. No sé qué hiciste con tu noviecita, pero no dormiste hijo.- Dijo bromeando. 
Sentí su humor y reí, porque sabía que no dormimos como tal exactamente. Saqué el cable y lo conecté a un orificio del estéreo igual al de mi teléfono, la otra terminal supuse que iba en mi celular. Ahora sí puse música. Arrancó el coche y comenzamos el viaje. Antes de salir llegó la ambulancia de la otra vez, a la misma casa. Mi padre hizo un comentario al respecto.
-Pobre José, cómo te imaginas que algo así pasé, de un día a otro perder casi todas tus capacidades y quedar condenado a una silla, menos mal su mujer lo apoya, sería muy triste que estuviera solo.- Dijo derrochando lástima sobre el hombre que vi en silla de ruedas el otro día.
Así que se llama José, me pregunto qué le habrá pasado,  sí que es triste estar así, ojalá pueda recuperarse. 
Desviando la depresión de mi papá intenté recordar alguna canción que me hiciera feliz, podría funcionarle. No encontraba alguna que recuerde sea feliz, entonces busqué una que tuviera un ritmo movido y dinámico. Mi selección: Train Kept A Rollin’.
Él exhaló inmediatamente al oír la tonada.
-Oh, viejos tiempos, cuando escuchaba Aerosmith y mandaba todo al carajo. En el Solo de Joe Perry, me movía sin cesar a lo loco desperdiciando todas mis energías. Pero ésta no la había escuchado, parece nueva.- Dijo un poco eufórico por el momento.
Sirvió sorpresivamente, era bastante evidente, golpeteaba el volante al ritmo de la canción.
Logró estabilizar las emociones de papá, y no hubo problemas con los temas que siguieron después.  La ruta a nuestro destino se tornó largo, pasaron varios minutos logrando ser horas, me inquietaba más a dónde íbamos a parar, pero me tranquilizaba pensar en que papá estaba bien. Para no aburrirme fui escuchando canción por canción para ver si no me recordaba algo. Fue entonces, que hubo un silencio prolongado y ciertas notas iluminaron mi cabeza. Mi padre a respirar más lento, no sé pero yo igual me relajé. Al momento detecté el nombre: Stand By Me. 
-Recuerdo perfectamente cuando le dediqué esta canción a tu madre, éramos jóvenes, ella significaba tanto, era mi razón de ser y de existir, todavía recuerdo las cientos de cartas que le escribí, cada una diciendo por qué cada día la amaba más. Prometimos tantas cosas que de viejos haríamos juntos. Era especial verla siempre con su positiva actitud. Ella te amaba mucho, estaría feliz de ver lo tanto que creciste desde que se fue.-  Dijo con un tono tranquilo, era observable percibir que eran tiempos diferentes. 
Pero al momento me sorprendió, se refería a mi madre con palabras que daban a entender que ya no estaba. Eso me hizo dudar, entonces la loca no era mi madre, ella es sólo otra más. Cómo papá pudo terminar con esa siendo mi mamá, según él, prácticamente un ángel en su vida. Vaya que el destino es muy incomprensible.
Terminando mi pensamiento, el mundo se calló gradualmente, sólo escuchaba un latir que se pronunciaba más fuerte. Otro recuerdo, al fin. La visión borrosa se iba aclarando. Una gran sonrisa muy cerca de mí, ojos mirándome, mientras dos brazos me sostenían. Vaya que esta mujer es hermosa, espera, ella es, ¿mi madre?  No decía nada, simplemente me tenía en brazos. El recuerdo se distorsionó para abrir otro. Me encontraba detrás de una reja, con niños a mi alrededor, esperando algo. Al instante pensé, claro, es la salida de la escuela, creo que cuando estaba más pequeño. Al otro lado de la reja, los mismos ojos y sonrisa llamándome, mi madre.  La música dejaba en claro que no quería que se fuera, la necesitaba.  La música fue quebrando hasta desaparecer.
El triste silencio invadió el coche, se cambió de canción pero mi papá y yo estábamos paralizados, él por acordarse de mi madre, yo por verla en un recuerdo.
La paz fue interrumpida por un comentario de mi padre. –Ya llegamos hijo.-

Puse atención, ya no era la solitaria carretera, era otro lugar, parecía como la ciudad pero con una ambiente más antiguo, esto lo vi cuando adquiría el conocimiento. Tenía un atractivo especial, caminos de piedra, casas de madera, negocios de artesanías. No tenía idea de dónde estaba pero no era nada igual a lo de por mi casa. Estaba hacia abajo, algo así como un pueblo construido en una montaña.  Hasta abajo, un lago que chocaba con las costas del pueblillo. Todo era visible desde el coche.
-¿Quieres ir al lago?, es buena época para pescar, según me dijeron mis colegas.- Dijo emocionado.
Contesté que sí, no recordaba cómo pescar pero en la práctica o estando ahí podría tener una loca visión, algo así como ha estado pasando.
Suena un teléfono, no era el mío. Papá con una cara desesperanzada, saca el aparato de su bolsillo, contesta. No podía escuchar de lo que hablaba ni con quien hablaba, su cara dijo demasiado, algo estaba pasando. Terminó.
-Papá, ¿Todo está bien?- Pregunté.
-Sí, sólo algo del trabajo, querían que hiciera, no fuimos bastante suertudos, tengo que ir a una junta a unos cuantos minutos de aquí. No me daría tiempo de llevarte a casa y regresar, tampoco puedo llevarte conmigo.- Dijo bastante triste.
Me sentí bastante mal, una puta llamada arruinó mi día con él, fue curioso, comprendo que es su deber como empleado pero no deja de ser esclavitud, una con cadenas de oro, sólo eso cambia.
-Puedes dejarme aquí un rato en lo que regresas, andaré por aquí explorando.- Dije positivamente.
-Está bien, me parece buena idea, lo siento, no quería que pasara esto, pero los jefes hacen lo que se les antoja, no puedo negarme a ir. Toma, te dejo dinero para que por lo menos compres algo y comas.- Dijo sacando dinero de su billetera.
Al ver la cantidad pensé que era lo que gastaríamos los dos juntos, ahora que eso se canceló, podía usarlo yo. El problema era en qué, una parte en comida y lo demás podrá ser algún regalo para Natalia o para mi padre.
-Toma, te amo, y perdón, ya tendremos otro día.- Dijo, detuvo el coche.
Salí y sólo hice la seña de despido.   
Mi día se nubló, pero estaba bien, no iba a ser mi último día con él. No sabía por dónde andar, tengo memorias vagas de éste lugar, pero en concreto nada claro. Comencé a andar en direcciones aleatorias. Se hacía tarde y decidí mejor bajar hasta dónde se encontraba el lago.
El camino estaba cansado, a pesar de que estaba hacia abajo el sendero, las irregularidades de la calle lastimaban los pies. En lo que llegaba miraba a todos lados, observando  y definiendo el lugar. No estaba tan atrasado el pueblo, tenía pinta de ser comercial, locales modernos, otros no. Los que más me gustaron fueron los de estilo rústico, muebles pintados de colores vistosos, parecían nuevos, maltratados con el propósito de parecer viejos. Distraído no me di cuenta que ya estaba llegando a las orillas del lago.
Sin miedo alguno, busqué el área más solitaria para poder sentarme y esperar a que me dieran ganas de hacer algo. Seleccioné dónde, casi dónde tocaba el agua había una grande roca, con un poco más de un metro de altura. El oleaje del lago era débil, perfecto no iba a mojar si me distraía. Sentado en la roca, vi el extenso pedazo de agua, algunos barcos pequeños andaban por ahí, eran pocos, no importaba, podía apreciar el atardecer mejor. En mi tranquilidad perdí un poco el equilibrio y casi caigo por completo, afortunadamente me pude sostener de la misma piedra, sólo mi pie tocó el agua. Genial, ahora debo secar el zapato. Me lo quité y lo puse al sol que aún quedaba. Mi pie descalzo sentía la brisa, tenía el impulso de meterlo al lago, sólo para sentir la temperatura del agua. El contacto con mi piel, en cuestión de segundos hundió al sol, el frío se manifestó, la corriente de aire aceleró y mi pie se congelaba. Erebos, sonó en la atmósfera. Muchas preguntas golpearon mi cabeza creando un dolor intenso. De nuevo algo me decía que tenía un propósito, los sonidos de la música estimulaban mi pensar. Comencé a deducir cosas, sé que tengo una misión, nadie nace así nada más. ¿Será que fui asignado a éste cuerpo para cumplir con una meta? ¿Todo lo que siento por esas personas es falso? ¿Un producto de la humanidad que contagiaron en mí? Cerca de una respuesta seria, empecé a sentir una sensación molesta en el abdomen. Interrumpió el trance, y ¡bum! Otra vez en la realidad. En realidad nunca se metió el sólo fue otro de mis delirios mentales. La sensación más bien era hambre.
Directamente decidí buscar algo de comida. Me levanté de la roca, sorpresivamente cuando agarré mi zapato ya estaba casi seco. Salí del solitario lugar y ahora emprendí un viaje corto por comida.
En los extremos no había algo que me interesara, usando mi torpe sentido de la orientación, me fui más al centro del pueblo.
Sabía que era diferente cuando sentí una vibra especial, los locales eran mágicos, contenían galerías de arte al estilo de madera, era bonito, los restaurantes eran iguales, con esa esencia. Estaba un poco más vivo que antes. Motivado busqué y diferí lugares de mi agrado. A los veinte minutos de rondar, detecté un sitio. Llamado “La Panadería”, lógicamente pensé  de qué se trataba. Entré y me acomodé en un sillón, con una mesa enfrente de mí, en ella había un florero con una margarita, sólo una. Causó cierto impacto en mí, significaba algo, lo sabía, pero mejor dejé a la pobre flor en paz y observé el lugar. Era una especie de café. Todo de madera, había muchos cuadros y un librero de aspecto viejo. La gente se reunía aquí para descansar de la realidad, podía verlo en sus sonrisas de oreja a oreja.  También vi el mostrador, un hombre de cabello rizado y barba bien cortada, piel morena y trabajadores brazos, a su lado una mujer de cabellera clara, color avellana, ojos verdes, llevaba puesto un vestido colorido, no recuerdo ver eso en la ciudad.  Mientras la observaba me di cuenta de que ella era la mesera y el hombre el cocinero. 
Salió del mostrador con una relajada mirada y confortante presencia, en sus manos, una hoja de papel grueso por su aspecto ya tenía bastante uso. Me dio la hoja y me saludó con un “Buenas noches”. 
Leyendo el papel noté que era el menú. En efecto, vendían pan, pero emparedados. Tenían bastantes tipos de pan, el que me llamó la curiosidad era uno que decía ser checo, no pude pronunciar el nombre, pero anotado a un lado venía su origen de la pieza, República Checa.
Pedí un emparedado con ese pan y un té, la mujer amablemente llegó con lo que solicité y lo colocó en la mesa. Yo en ese momento me sentía tan confundido, lo que pasó en el lago me inquietaba, en lo que me atendía la mujer mi mirada se perdió en el infinito ficticio que alberga en mis ojos. Ella me sacudió para despertar de mi paranoia.
-Eh, muchacho, ¿te sientes bien? Pareces asustado ¿Algo te pasó?- Dijo la mujer interesada en cómo me sentía.
Inmediatamente desperté, y analicé lo que dijo, entre lo que entendí, me dio curiosidad su extraña forma de pronunciar la “c” al decir “pareces asustado”- Era un fonema raro, entre “d” y  “s”. De cualquier modo se preocupó.
-No creo sentirme tan bien, tengo muchas dudas sobre lo que soy, necesito respuestas, no estoy aquí sólo para sufrir. ¿Cierto?- Dije sin importar nada.
La mujer, se vio identificada con mis palabras, con una mirada analítica se podía observar que tenía algo en mente.
-Quizás mi esposo y yo podemos ayudarte. Sólo antes que nada, acaba tu comida por favor, necesitarás energía. Ah y otra cosa, mi nombre es Estefanía y mi marido Ricardo. Me avisas cuando acabes.- Hizo pausa para que yo dijera mi nombre. Lo tonto es que aún no sé cómo me llamo. 
Así que para evitar confusiones evité esa parte y dije. –No necesito nombre Estefanía, pero puedes llamarme cómo sea de tu agrado.-
Su actitud cambió y soltó una risa moderada. –Está bien chico.- Dijo y se retiró.
Finalmente ahí estaba yo comiendo, y disfrutando de mi té. Apagué mi cerebro en lo que comía. Una vez acabando  le llamé a Estefanía, pagué mi cuenta y me invitó a pasar detrás del mostrador.
-Ojalá tengas tiempo para lo que te propondré-. Dijo.
-Creo que lo suficiente, no me iré sino hasta dentro de varias horas.- Respondí.
-Bien, espera unos minutos en lo que cerramos, si quieres encontrar la respuesta o lo aproximado a ella, necesito que confíes en mí. Medita tu conciencia y tú propósito. Te llevaremos con Ichiro.- Dijo rápidamente para continuar con su labor.  
Asentí y en seguida me mostró con mi mano una sala de espera ahí al lado de la cocina, la puerta era pequeña y de madera, tenía pegada una manta con un bordado de un ciervo. 
No tenía nada que perder así que entré. Telas rojizas y oscuras adornaban el pequeño lugar. Cojines colocados alrededor denotaban purificación en la sala. En el centro había un recipiente grande de metal, con carbón, creo que ahí cocinan o algo.
Me senté en uno de los cojines para descansar. Medité lo que me dijo, y en ese proceso se me vino a la cabeza el hecho de que estaba confiando de más, sé que hasta ahora no me ha pasado nada, pero entiendo que no todos son buenos. Estaba claro que no conocía antes a la mujer y al hombre, es extraño que de la nada alguien se ofrezca a ayudarte sin pedirte nada cambio, más que terminar tu orden.
Pero también pensé que en serio querían ayudarme, en general preferí confiar y meditar todo. Una puerta se abrió, entré en un espacio sin suelo, azul oscuro, de fondo venas azules neón, en el espacio había luces rojas, como pequeños soles, flotando. Estaba levitando y no sabía cómo moverme, así que hice como si estuviera nadando, funcionó. Cuando me acerqué a una de las luces, podía verse una película. Intenté tocar la luz para ver qué pasaba, entonces ésta se expandió en forma de pantalla, la película al parecer era un recuerdo, y por suposición cada luz que había era uno.
En la pantalla se apreciaba una caminata, vestía zapatos, pantalón y saco negro, según yo esa vestimenta era para conmemorar algo.  En la mano, un ramo de flores. Seguía un camino de grava roja, alrededor, muchas lápidas con nombres inscritos en cada uno de ellos. Vi a mi papá con una cara roja, ojos hinchados y un pañuelo en la mano. Mucha gente vestida de negro, se encontraban igual que él.
Me abrí paso entre la gente, de prono Present Tense hace eco en mi recuerdo, que raro que se apagara todo de repente. Entre la gente que iba apartando para llegar al punto de interés vi a Natalia, de aspecto más juvenil, era una niña, tomada de la mano de un niño, ambos con caras largas y tristes. Puede que el niño sea su hermano, atrás de ellos un hombre y una mujer, supongo que sus padres, sus miradas serias derrochaban tristeza.
A los demás no los reconocí, todos se veían muy altos, ha de ser porque era pequeño cuando esto pasó. Cada paso indicaba algo, me acordaba de todos estos elementos, hasta recordar que todo esto era un funeral. Me pregunto a quién estábamos despidiendo. La gente se acababa y a lo lejos un hoyo, al lado de aquel hoyo, una caja grande, del tamaño de una persona. Entre el sarcófago de madera y el hoyo se encontraba un hombre vestido de prendas largas, igual color negro. Con un libro en la mano, balbuceando palabras. Todos muy atentos, no entendía que era todo esto. Mi incertidumbre cobraba más sentido y de la nada una mano sostiene la mía, mi padre. 
-Puedes dejarle las flores en cuanto el sacerdote termine.- Dijo mientras en voz baja, sollozando y al final con una sonrisa retorcida.
La cuestión era de quien se trata todo esto. El sacerdote terminó su balbuceo, al instante todas las personas presentas alzaron el rostro. Cuidadosamente metieron la caja en el hoyo.  La cubrieron de tierra, pasó un rato mientras finalizaban. Cuando acabaron, el sacerdote pidió que específicamente mi padre y yo nos acercáramos. De la mano fuimos, nos colocamos enfrente del montón de tierra. Miré a papá y él dijo. –Puedes hacerlo ahora hijo.- 
Tomé bien las flores y las puse en el montón de tierra que sobresalía.  De nuevo él se dirigió hacia mí.
-Tu madre fue una gran mujer, ahora vivirá por siempre en un lugar libre de todo éste caos. No hay que llorar hijo mío, ella ahora podrá vivir la vida con la que alguna vez soñó.- Dijo intentando ser optimista entre lágrimas.
La pantalla se apagó bruscamente y una fuerza desconocida me expulsó del espacio de las luces de nuevo a la sala de espera del restaurante.
Mi madre, entonces, ha muerto,  y no volverá. Ya no vale la pena esperarla.
En mi impacto, escucho la puerta de madera y Estefanía se asoma, diciéndome que ya era hora. 
Salí, todo el restaurante recogido, las sillas sobre las mesas, los sillones acomodados en una esquina y a la vez limpio.
Salimos de ahí, en la calle una camioneta con compartimiento abierto trasero nos esperaba. Quien conducía era Ricardo su marido. Estefanía se subió del lado del copiloto y yo atrás en el compartimiento. 
No cruzamos palabras en ese movimiento, me puse mis audífonos, tratando de asimilar lo que presencié. El sol ahora si se estaba ocultando, el cielo se volvía cada vez más morado.
Subimos varios kilómetros hasta dejar atrás el pueblo, se podía ver el corte de naturaleza-civilización. De un momento a otro todo estaba boscoso. Los árboles eran muy altos, parecía que guardaban secretos.
La naturaleza se hacía más predominante en el camino, dejamos la carretera para seguir en un sendero de tierra. Hubo un punto en el que la camioneta ya no podía seguir avanzando, era hora de seguir a pie.
Bajamos del auto, Ricardo dijo que esperaría, Estefanía estaba de acuerdo.
-Chico, prono tendrás respuestas, pero la claridad de ellas dependerá de ti. Ichiro será el intermediario para poder suministrarte el brebaje.- Dijo al continuar caminando conmigo.
-¿Por qué haces esto? ¿Qué viste en mí para querer ayudarme?- Cuestioné.
-Lo hago por ayudar, alguna vez yo me sentía igual, atendí al llamado de las voces, y ahora puedo decirte que soy feliz y no dudo de lo que soy.- Respondió comprensivamente. 
Ahora se supone que tendré la oportunidad de cambiar todo. La ansiedad tomaba control de mis piernas, comencé a sudar. Mi emociones se ordenaron de nuevo cuando vi una choza, en un acantilado, los arboles terminaban dónde empezaba el área de éste.  En la entrada un rastro de pétalos daban a la entrada hecha con dos telas. Alrededor de la estructura había un vasto jardín de hierbas, flores e incluso setas. La noche iluminaba la choza, enseguida varias luces se encendieron en el entorno. Una presencia mística pensé yo.
La mujer se quedó en la entrada. –Aquí te esperaré, hasta que acabes.-Dijo dando algunos pasos hacia atrás.
Estaba solo ante el misterio de aquél lugar. Abrí las cortinas, y vi un suelo de pieles, sillones de aspecto viejo y usado. En el centro un cuenco con un líquido violeta.  Detrás de ese cuenco un hombre sin camiseta venerándolo o algo así. Me pareció divertido verlo así. Muchas velas alumbraban el espacio.
El hombre sintió mi presencia. De un movimiento rápido se levantó. Tenía ojos rasgados, piel clara, una barba larga e indicios de calvicie.
-Puedo oler tu inmundicia e incertidumbre muchacho, ¿Qué puede ofrecerte éste humilde servidor?- Dijo haciendo reverencia simulando tener un vestido. 
-Me dijeron que podía encontrar respuestas contigo.- Respondí en seco.
-Ya veo, ¿Hay alguna razón por la que yo deba ayudarte hermano? Comprendo tu inquietud. Pero dame motivos para saber que eres digno de encontrar lo que buscas.- Dijo con esencia arrogante.
 -No puedo decir mucho, apenas nací y no entiendo el porqué de ésta condena. Sólo quiero saber que me trajo a éste cuerpo, entre otras cosas que me permitan vivir cómo se debe.- Dije sin más preámbulo.
-No tienes definido tu propósito es eso, me convences chico ¿Podrás resistir la frustración que el cuenco ofrece?- Respondió.
-Mis ambiciones son más fuertes que mi cuerpo, creo que soy capaz de hacerlo.- Comenté preparándome.
Ichiro levanta cuidadosamente el cuenco, se dirige hacia mí, me lo entrega con apreciación.
-Una vez dentro, elige cuidadosamente lo que pides, si las voces detectan egoísmo, te atormentarán el resto de tus días.- Aconseja el hombre.
La presión en mis reacciones gritaba, me decía que no lo hiciera, pero la voluntad prevalece. De un gran trago me acabé la sustancia. El sabor era muy amargo.  Al acabarlo mis nervios se durmieron, mi cuerpo perdió equilibrio y caí. Ichiro me sostuvo y me recostó en uno.
Comencé a ver alucinaciones, los recuerdos sonaban muy fuerte, casi en una frecuencia ensordecedora. Estaba en un estanque, era extraño, rodeado de agua pero no me ahogaba. Una extraña presencia me perseguía. Todo tomó una serie de colores, se esparcía en el agua. Patrones, formas irregulares, llenaban el agua. Empecé a caer, nada me detenía. Sabía que debía concentrarme para encontrar algo, posiblemente esto sólo era una distracción.
Unas voces hablaban, decían cosas extrañas.
-¿Qué haces aquí?, Vive lo que te regalamos,  No seas como ellos, Escapa de la humanidad.- Dijeron a lo lejos.
El ciclo se repetía,  no podía decir  nada. Cuando me sentía perdido, un rayo quemó mi pecho, gritando. “Debes ser natural.”
La intensidad del dolor parecía tan real, no me lo creía. Otra vez tenía voz y no pensé más que gritar lo más fuerte que pudiera. Dejé de caer y algo hizo que pudiera estar de pie. El negro absoluto era lo único que podía ver. 
Cerré los ojos para poder despertar,  escuché pasos acercarse, me fijé para ver que era, pero sorpresa, ahora estaba ciego.  La presencia detuvo todo para decir.
-Debes descubrirlo por ti mismo.-  
Por un momento desapareció el sonido, la voz, mi cuerpo y mi mente. Abrí los ojos e Ichiro estaba viéndome fijamente, sorprendido.
-Puedo ver que no encontraste alguna respuesta, pero tampoco te condenaron. ¿Quién eres?- Dijo temeroso.
-Lo siento, pero tampoco lo sé.- Respondí con poca  la fuerza que tenía.
Me levanté, di las gracias, estaba congelado.  Qué mierda fue eso.
Estefanía me vio salir y acudió a ayudarme. Al igual que Ichiro, se veía espantada. No dijo nada, rápidamente me llevó al auto para ir de regreso.
No puedo recordar mucho del regreso. Quedé tumbado en la parte trasera como un muerto.
Llegamos afuera del restaurante, Ricardo me tomó en brazos. Había momentos en los que sólo miraba sombras, en una de esas. Vi  a Estefanía tomar mi celular para responder.
No puedo recordar que dijo. Tan sólo unos segundos de eso, volví a ver en negro, ahora vi a mi padre hablar con ellos, llegó. Ricardo nuevamente me levantó y me puso en el asiento de copiloto del coche de papá. Lo último que pude observar fue a mi papá despedirse de ellos agradeciendo lo que hicieron.
Entre pensamientos sólo dije. “Agradecer qué, creo que no le dijeron todo lo que pasó.”
Papá volvió al auto, y comenzó el viaje de regreso a casa. Indirectamente encontré una respuesta, el problema es el cómo debo interpretarla.

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