Épsilon
Alguien abre la puerta, delante de mí un hombre, ojos cafés, cabello
castaño, tenía rostro de cansancio y de ser un poco duro con los demás.
Sin más preámbulo dijo.
-Oh ahí estás, ven tu madre preparó algo delicioso para cenar.- Dijo mientras dejó la puerta abierta y caminaba hacia el comedor.
Cerré la puerta y proseguí a seguirlo, me parecía raro que ver que ese sujeto y la loca vivían en la misma casa, digo, el señor me recibió muy amablemente, mientras que la otra sólo me gritaba, ignoré un poco ese hecho para poder disfrutar de la cálida bienvenida.
Antes que nada fui a dejar mis cosas al cuarto, me moría de hambre eso no lo dudaba, no comí nada en todo el maldito día. Regresé rápido para sentarme en la mesa, a los pocos segundos, vi al señor, supongo que era mi padre, la señora habló de alguien, aunque ella lo describía como alguien que probablemente sería igual de amargado. No me compliqué y lo dejé así.
Él se sentó, en un lado de la mesa, llegó la loca con dos platos en las manos, al acercarse me di cuenta que eran para ella y para mi padre, se sentó y comenzó a comer. Entendí esa señal más que claro que de que yo debía ir por mi propio alimento, me levanté de la silla y me dirigí a la cocina por un plato y un poco de comida. Me tardé algunos minutos en hallar las trastes; exploré la casa, pero ya veo que no tan a fondo.
Encontré los platos, me dirigí a la estufa en donde estaba una olla con espagueti, salsa roja y carne molida, no sé si era el hambre o de verdad me gustaba el platillo, pero sentí cierta satisfacción al sentir el olor. Sin perder más tiempo me serví un poco apresurado, agarré un tenedor y salí de la cocina para cenar con la loca y mi padre.
Llegué al comedor y sorpresa, ya no había nadie, sólo platos vacíos con algunas sobras en ellos.
Lago se subió a la mesa hurgando en los platos, observé que comió un poco antes de escuchar la voz de la loca.
-Dale de comer a ese gato! Ya se subió a la mesa y tirará todo!.-
Me quedé paralizado con mi plato un momento, no sabía dónde estaba la comida de Lago, pero pensé, en dónde más si no es la cocina podría estar su alimento... Lógicamente en mi habitación. Dejé el plato en la mesa y fui a buscar entre los muebles, hasta que en el tocador había una bolsa con croquetas. Bien, ahora, ¿Dónde las sirvo?
Ahora busqué por la casa algunos trastes pequeños en los que pudiera verter las croquetas, igual, tardé unos minutos en darme cuenta que sus platos de agua y comida se encontraban debajo del lavabo de la cocina. Serví el alimento para poder ir a comer el mío.
Una vez hecho dejé las croquetas en su debido lugar y me fui al comedor. Me senté y miré que había poco más de la mitad de mi platillo, sin carne nada más, lo demás sólo era pasta y salsa de tomate. Indudablemente pensé en Lago, pobre animal, sí que tenía hambre. Aun así el gato se dirigió a la cocina, ya sabía que le había puesto alimento, que glotón.
Me comí mi pasta con salsa de tomate. Estuvo bien que el gato comiera un poco, quedé bastante satisfecho.
Después de todo el lío, me extrañó no escuchar ningún ruido en la casa, se supone que la loca y mi padre estaban conmigo. Fui a ver a su habitación, pero cuando, estaba a punto de abrir, comencé a escuchar ciertas cosas que me pusieron los pelos de punta. Sonaba semejante a como cuando la chica del lago y yo estábamos en el refugio, para mí era algo privado, supongo que para ellos también debía serlo. Sólo pude pensar una cosa ante la abrumadora situación. La loca debe ser mi madre entonces.
Un poco perturbado por los ruidos y por el hecho de que mi madre fuera tal persona, decidí ir a la cama, tuve bastante por este día.
Sin cerrar la puerta, me tumbé sobre mi cama, sin cobijas me acomodé en posición fetal, cerré los ojos y en unos minutos dormí...
Con la vista nula supe que dormí, no hubo combinación más armoniosa para despertar, olores mañaneros, sonidos naturales y sin nadie gritándome.
Tenía esperanza de que todo sería mejor este día.
Abrí los ojos, sólo pude mirar el techo blanco y pensar en la gente que conocí, en lago, en la chica del bosque y en mis supuestos padres.
Es una nueva vida en la cual yo no pedí vivir, pero algún hijo de puta decidió ponerme ahí. No queda más que acostumbrarse y poder arreglar las cosas que alguna vez mi yo anteriormente hizo. Por alguna razón siento que esta no es mi vida, que me la prestaron para poder terminar de manera correcta.
Terminé de pensar y de idealizar mi concepto de vida. Puse un pie en el frío piso, no sé cómo pero eso logró que me sintiera más real.
Decidí no ponerme zapatos, mi estómago de nuevo gruñía, sabía que debía comer, me pregunto si sobró spaghetti de ayer. Me dirigí a la cocina. Vi que sobró muy poco, he de suponer que mis padres estuvieron aquí hace no mucho. Tomé un plato y me serví, antes de poner mi comida en la mesa, me aseguré de que Lago tuviera algo de comer, me sentiría solo si únicamente yo estuviera comiendo y él sólo observando.
Una vez Lago comiendo procedí a alimentarme. Recalentado no sabe tan bien, pero no le quita lo sabroso todavía. No sé si como muy rápido o era muy poco alimento, pero acabé en un par de minutos.
Me senté en el sillón para reposar un poco, pensando en lo que haría en todo ese día que no estoy ocupado con algo; en mi tranquilidad una sirena interrumpe mi meditación, me alarmé, porque podría ser cualquier cosa. Me asomé por una de las ventanas, pero solamente era una ambulancia parada enfrente de una casa, cesó rápido, quizás para hacer seña de que ya estaba ahí el vehículo, no lo sé.
De la ambulancia, bajan dos hombres, abren la parte trasera, al parecer la están preparando, pero ¿Para qué?
La casa que tapaba abre su puerta principal, veo a una silla con ruedas, un hombre en ella y detrás de este una mujer empujando el carrito, o lo que sea es eso.
Me sorprendió que el hombre era inexpresivo, no se notaba su tristeza, felicidad o alguna señal de vida, como si fuera una estatua. Al salir dichas personas los hombres retiraron al señor estatua de su silla cargándolo, lo colocaron ambos con cuidado en la parte trasera, cerraron sus puertas y procedieron a irse. Al dejar una nube de humo pude ver el rostro de la mujer. Qué curioso que ella si tuviera expresiones, lastimosamente no eran agradables, angustia, miedo y un poco de desilusión podía ver dentro de ella.
Al instante obviamente me pregunté muchas cosas. ¿Por qué se llevarán al hombre en ambulancia? ¿Por qué no expresaba nada? Entre otras que podrían considerarse de mal gusto.
Me retiré de la ventana para pensar en qué hacer ese día, como no tenía planes de salir de la casa, mejor fui a encender la PC, ahora que ya ubico algunos rostros, justo cuando estaba por meter la clave al ordenador, suena mi teléfono, nunca había hecho ruido en el tiempo que he estado vivo.
Era un mensaje, bien lo veo, al parecer el remitente era Natalia, abrí la conversación, y estaba vacía, creo que era el primer mensaje que mandaba, en fin, decía.
No tardes mucho, ¿A caso olvidaste lo de hoy? Ya no pude estar en el parque, mejor te veo en la escuela.
Genial, tengo que volver a ir a la escuela, pero creo que no será a sentarme con el resto de idiotas, creo que será sólo para verla, parece agradable Natalia, por algo somos tan unidos según la carta.
Apagué el ordenador y busqué algo de ropa para poder bañarme e ir.
La ducha siempre parece eliminar todos mis males para empezar de nuevo, no sólo limpia el cuerpo si no un poco la mente. Una vez bañado agarré las cosas necesarias, dinero claro por cualquier cosa, no sabía si era mucho o poco así que mejor me llevé todo.
Saliendo de la casa percibo el muerto ambiente, lo único que hubo afuera fue el hombre en silla de ruedas y la mujer que estaba con él. No me importó mucho y seguí recto a la puerta de la privada, la abrí, desde adentro no se necesita llave ni nada.
Esperé algunos momentos el autobús, en lo que estaba ahí exploré mi alrededor, una carretera prolongada, con la noche no se notaba que éramos la única sección de casas, pareciera que nos distanciaron de los demás por algo, aunque no lo creo.
Mientras pensaba escuché el sonido de la maquinaria del transporte, me despertó de mi análisis, se detuvo y abordé. Este día en especial la gente casi no sale de su casa, pensé por el hecho de que no había gente en el autobús. Tal como ayer con Carolina.
Sólo me senté, saqué los audífonos y comenzó un filme en mi cabeza, con mis canciones de fondo, podía distorsionar la realidad, hacerlo más lento o rápido, cambiar el filtro de mi visión, claro todo en mi cabeza.
Estando solo pude apreciar de mejor forma todo el camino, no sabía que atravesábamos una especie de bosque, era de prolongadas dimensiones porque estuve casi veinte minutos observando árboles, plantas y uno que otro animal. Podría ser que ese sea el bosque del recuerdo de la otra vez, en el que estaba la chica.
Fue un grato recuerdo y me gusta pensar en ello, en el tacto y todo.
Saliendo de la penumbra boscosa, a lo lejos veía la ciudad, el resplandecer de sol sorprendentemente dejaba ver todo, no era como en la noche o como el día que todo el día estuvo lloviendo.
Parece un gran retrato panorámico, hasta me motivo a poder hacer un buen día lejos de las molestias que apenas surgieron.
Me aproximo a la escuela, eso sí lo recuerdo, entonces a las afueras veo una silueta, con ropa algo ligera, no me extrañaba, hacía bastante calor.
El autobús se detuvo en la misma parada, bajé lentamente, he de decir que el calor provocó algo de pereza en mí. Crucé y estaba ahí esperándome, con una sonrisa de oreja a oreja, me pregunté si tenía planeado algo, no era normal o por lo menos para mí que se viera tan feliz.
No después de lo que vi en el recuerdo, creo que ya lo ha olvidado, creo que le ayudé a salir del hoyo en el que posiblemente estaba.
Puede que eso haya ocurrido ya hace tiempo, aunque no lo creo, todo parecía tan enseguida, mi misma apariencia y la de ella igual.
Mis pensamientos fueron interrumpidos con unas palabras.
-Hola cariño.- Dijo de manera entusiasmada.
-Eh, hola, Natalia.-
Creo que mi respuesta no fue la esperada, enseguida de mi mensaje hubo un silencio incómodo.
-Mmm, ok, ¿Aún quieres ir a la cabezota?- Dijo.
-Está bien, ¿Qué haremos allá?- Respondí.
Ella sólo sonrío y me tomó de la mano, yo pensativo, quería recordar qué era y dónde estaba la cabezota. Quiero creer que es un lugar especial para ambos.
A través de la ruidosa ciudad, observaba a la gente pasar, se reían, disfrutaban, gritaban, algunas serias y con cierta determinación en los ojos, pero todos haciendo algo, viviendo o compartiendo su mundo.
Le dije a Natalia si no veía como la gente iba y venía, si no le interesaban las personas en la calle.
Ella solo contestó riendo. -No seas raro y apúrate.-
Entonces procedí a dejar de ser raro y sólo relajarme. Ahí mismo saqué mis audífonos y me los puse. Natalia se interesó un poco en lo que escuchaba, se puso el uno de los auriculares y seguimos caminando.
El trayecto no demoró tanto, unos quince minutos podría decir.
Sin darme cuenta, la ciudad se quedaba atrás mientras nos aproximábamos a una especie de cerro, parecía tentador, como si en la cima se encontrara algún premio o algo parecido.
Natalia vio mi asombro al ver colosal estructura y dijo sarcásticamente. -Ahora sólo falta subir.-
Para suerte había una escalera enorme que se dirigía hacia la cima, podríamos tardar unos 10 minutos según yo. Si era bastante grande pero nada de magnitudes tan grandes.
No me di cuenta que entre todo el trayecto se había pasado una tarde entera, lo dije porque al llegar a las escaleras podía percibir el frío de que se acercaba la noche y el naranja que pintaba el cielo, con mezcla de morado.
Sin más empezamos a subir, el sendero de escalones era de roca labrada, parecía como si ya llevara bastante tiempo construida.
Aceleré el paso dejando atrás a Natalia, quería apurarme y no sé por qué, me ensordeció la inspiración y seguía subiendo. Mi reacción se semejaba al de un mosquito a una linterna, en mi caso, a lo más alto de la colina. Una mano me detuvo sacudiéndome, entonces mi trance desapareció. Era Natalia diciendo que la esperara. Sólo me pude voltear y vi.
Sus ojos, su cabello, su mirada, el bonito labial que no había visto antes. Me encantó verla, le agarré desde el mentón, me acerqué y la besé, se prolongó bastante, sentía de cerca todo lo que era ella, su labial pintándome, sus dientes mordiéndome y el calor de sus labios en los míos, pude conectarme mejor con ella. No pude evitar sostenerla de la cadera, no quería que se alejara. Fue extraño que lo hiciera de repente pero algo excitó mis instintos y no pensé en otra cosa.
Después de la pausa, me sostuvo la mano de nuevo y subimos juntos a un ritmo un poco más moderado.
Al fin, pude ver el escalón final y al subir un monumento se apreciaba en el horizonte. Una cabeza gigante de algún personaje importante pensé yo.
Así que aquí es la cabezota, honestamente me dio igual descubrir, al estar ahí un sentimiento llenaba la copa de mi raciocinio, me sentía extraño, algo iba a suceder o alguien me está siguiendo.
Quería controlar esos delirios pero enmarcaban fuertemente todo lo que viera.
Natalia notó mi comportamiento.
-¿Estás bien? ¿Qué ocurre?- Preguntó preocupada.
-No es nada, posiblemente sea el frío y la altura, es todo- Respondí improvisadamente.
Se alejó a buscar algo entre los arbustos que rodeaban, supuse que debía seguirla, no lo sé fue algo natural.
Me adentré esquivando las ramas, hice a un lado la frondosidad de las plantas y la vi, sentada tranquilamente viendo hacia el vacío, en un barranco.
Me sentí un poco nervioso, no sabía desde qué altura estaba ella, me dio miedo que cayera, me tranquilicé, y fui hacia ella.
Me senté justo a su lado.
Impactada, dijo.
-Es tan hipnotizante ver al sol esconderse para que la oscuridad detrás de él haga presencia, sé que suena estúpido, pero es como si estuviera huyendo de algo.- Continuó viendo el atardecer.
Desde mi perspectiva igual lo disfrutaba pero no tanto como ella, debe haber un vínculo por el cual ella sienta cierta satisfacción al mirar aquel fenómeno.
Reflexioné acerca de la apreciación de eso, es curioso que hace algunos cientos de años, las tribus atribuían cada amanecer con Dioses, y los fenómenos naturales eran bendiciones como maldiciones.
Recuerdo lo que leí en el ordenador; hablaba acerca de que hubo una tribu que temían de los eclipses, cuando sucedía uno, bailaban, gritaban y hacían un escándalo, porque así pensaban que desaparecería, obviamente sucedía, pero ellos pensaban que era por ellos.
Ahora sabemos la naturaleza de todo eso y ya no bailamos ante estas cosas, aunque podría ser bueno bailar en el atardecer, gritarle a las mañanas y cantar en la noche.
Un gran suspiro tocó mis frías orejas, le dije a Natalia que deberíamos ver las estrellas.
La noche se empezó a iluminar de estrellas, acompañadas de la Luna.
Nos recostamos en el pequeño espacio que estaba en el barranco. Cabeza a cabeza se abrió otra ventana, mi pulso disminuía, al sentirme abrumado le tomé la mano, un rayo recorrió mi cuerpo calentando mi hipotermia, mis parpadeos pesaban, mi respiración resonaba haciendo eco y comenzó otra canción. Something About Us. El bajo me hacía temblar, la temperatura.
De estar acostados, dimos media vuelta para quedar de frente, era mágico, por un momento dejé de pensar, la luna alumbraba su cabello, su luz irradiaba deseo en los pómulos de Natalia. Levanté mi mano cuidadosamente la dirigí hacia el rostro de ella hasta que la recargué en su mejilla, acaricié lentamente. Ella no hacía nada, sólo me miraba, esos ojos de confusión se perdían en los míos.
Retiré mi mano y la coloqué en su cintura baja, de un rápido movimiento la acerqué hacia mí, nuestras narices chocaron. Me sujetó fuerte de la parte trasera de mi cabeza y empezamos a besarnos. No me soltaba, daba la sensación de que me quería ahí para siempre.
Envueltos en la arrulladora niebla, sólo nuestro calor nos mantenía vivos. Sólo el deseo de tenernos ahí para siempre.
Sin más preámbulo dijo.
-Oh ahí estás, ven tu madre preparó algo delicioso para cenar.- Dijo mientras dejó la puerta abierta y caminaba hacia el comedor.
Cerré la puerta y proseguí a seguirlo, me parecía raro que ver que ese sujeto y la loca vivían en la misma casa, digo, el señor me recibió muy amablemente, mientras que la otra sólo me gritaba, ignoré un poco ese hecho para poder disfrutar de la cálida bienvenida.
Antes que nada fui a dejar mis cosas al cuarto, me moría de hambre eso no lo dudaba, no comí nada en todo el maldito día. Regresé rápido para sentarme en la mesa, a los pocos segundos, vi al señor, supongo que era mi padre, la señora habló de alguien, aunque ella lo describía como alguien que probablemente sería igual de amargado. No me compliqué y lo dejé así.
Él se sentó, en un lado de la mesa, llegó la loca con dos platos en las manos, al acercarse me di cuenta que eran para ella y para mi padre, se sentó y comenzó a comer. Entendí esa señal más que claro que de que yo debía ir por mi propio alimento, me levanté de la silla y me dirigí a la cocina por un plato y un poco de comida. Me tardé algunos minutos en hallar las trastes; exploré la casa, pero ya veo que no tan a fondo.
Encontré los platos, me dirigí a la estufa en donde estaba una olla con espagueti, salsa roja y carne molida, no sé si era el hambre o de verdad me gustaba el platillo, pero sentí cierta satisfacción al sentir el olor. Sin perder más tiempo me serví un poco apresurado, agarré un tenedor y salí de la cocina para cenar con la loca y mi padre.
Llegué al comedor y sorpresa, ya no había nadie, sólo platos vacíos con algunas sobras en ellos.
Lago se subió a la mesa hurgando en los platos, observé que comió un poco antes de escuchar la voz de la loca.
-Dale de comer a ese gato! Ya se subió a la mesa y tirará todo!.-
Me quedé paralizado con mi plato un momento, no sabía dónde estaba la comida de Lago, pero pensé, en dónde más si no es la cocina podría estar su alimento... Lógicamente en mi habitación. Dejé el plato en la mesa y fui a buscar entre los muebles, hasta que en el tocador había una bolsa con croquetas. Bien, ahora, ¿Dónde las sirvo?
Ahora busqué por la casa algunos trastes pequeños en los que pudiera verter las croquetas, igual, tardé unos minutos en darme cuenta que sus platos de agua y comida se encontraban debajo del lavabo de la cocina. Serví el alimento para poder ir a comer el mío.
Una vez hecho dejé las croquetas en su debido lugar y me fui al comedor. Me senté y miré que había poco más de la mitad de mi platillo, sin carne nada más, lo demás sólo era pasta y salsa de tomate. Indudablemente pensé en Lago, pobre animal, sí que tenía hambre. Aun así el gato se dirigió a la cocina, ya sabía que le había puesto alimento, que glotón.
Me comí mi pasta con salsa de tomate. Estuvo bien que el gato comiera un poco, quedé bastante satisfecho.
Después de todo el lío, me extrañó no escuchar ningún ruido en la casa, se supone que la loca y mi padre estaban conmigo. Fui a ver a su habitación, pero cuando, estaba a punto de abrir, comencé a escuchar ciertas cosas que me pusieron los pelos de punta. Sonaba semejante a como cuando la chica del lago y yo estábamos en el refugio, para mí era algo privado, supongo que para ellos también debía serlo. Sólo pude pensar una cosa ante la abrumadora situación. La loca debe ser mi madre entonces.
Un poco perturbado por los ruidos y por el hecho de que mi madre fuera tal persona, decidí ir a la cama, tuve bastante por este día.
Sin cerrar la puerta, me tumbé sobre mi cama, sin cobijas me acomodé en posición fetal, cerré los ojos y en unos minutos dormí...
Con la vista nula supe que dormí, no hubo combinación más armoniosa para despertar, olores mañaneros, sonidos naturales y sin nadie gritándome.
Tenía esperanza de que todo sería mejor este día.
Abrí los ojos, sólo pude mirar el techo blanco y pensar en la gente que conocí, en lago, en la chica del bosque y en mis supuestos padres.
Es una nueva vida en la cual yo no pedí vivir, pero algún hijo de puta decidió ponerme ahí. No queda más que acostumbrarse y poder arreglar las cosas que alguna vez mi yo anteriormente hizo. Por alguna razón siento que esta no es mi vida, que me la prestaron para poder terminar de manera correcta.
Terminé de pensar y de idealizar mi concepto de vida. Puse un pie en el frío piso, no sé cómo pero eso logró que me sintiera más real.
Decidí no ponerme zapatos, mi estómago de nuevo gruñía, sabía que debía comer, me pregunto si sobró spaghetti de ayer. Me dirigí a la cocina. Vi que sobró muy poco, he de suponer que mis padres estuvieron aquí hace no mucho. Tomé un plato y me serví, antes de poner mi comida en la mesa, me aseguré de que Lago tuviera algo de comer, me sentiría solo si únicamente yo estuviera comiendo y él sólo observando.
Una vez Lago comiendo procedí a alimentarme. Recalentado no sabe tan bien, pero no le quita lo sabroso todavía. No sé si como muy rápido o era muy poco alimento, pero acabé en un par de minutos.
Me senté en el sillón para reposar un poco, pensando en lo que haría en todo ese día que no estoy ocupado con algo; en mi tranquilidad una sirena interrumpe mi meditación, me alarmé, porque podría ser cualquier cosa. Me asomé por una de las ventanas, pero solamente era una ambulancia parada enfrente de una casa, cesó rápido, quizás para hacer seña de que ya estaba ahí el vehículo, no lo sé.
De la ambulancia, bajan dos hombres, abren la parte trasera, al parecer la están preparando, pero ¿Para qué?
La casa que tapaba abre su puerta principal, veo a una silla con ruedas, un hombre en ella y detrás de este una mujer empujando el carrito, o lo que sea es eso.
Me sorprendió que el hombre era inexpresivo, no se notaba su tristeza, felicidad o alguna señal de vida, como si fuera una estatua. Al salir dichas personas los hombres retiraron al señor estatua de su silla cargándolo, lo colocaron ambos con cuidado en la parte trasera, cerraron sus puertas y procedieron a irse. Al dejar una nube de humo pude ver el rostro de la mujer. Qué curioso que ella si tuviera expresiones, lastimosamente no eran agradables, angustia, miedo y un poco de desilusión podía ver dentro de ella.
Al instante obviamente me pregunté muchas cosas. ¿Por qué se llevarán al hombre en ambulancia? ¿Por qué no expresaba nada? Entre otras que podrían considerarse de mal gusto.
Me retiré de la ventana para pensar en qué hacer ese día, como no tenía planes de salir de la casa, mejor fui a encender la PC, ahora que ya ubico algunos rostros, justo cuando estaba por meter la clave al ordenador, suena mi teléfono, nunca había hecho ruido en el tiempo que he estado vivo.
Era un mensaje, bien lo veo, al parecer el remitente era Natalia, abrí la conversación, y estaba vacía, creo que era el primer mensaje que mandaba, en fin, decía.
No tardes mucho, ¿A caso olvidaste lo de hoy? Ya no pude estar en el parque, mejor te veo en la escuela.
Genial, tengo que volver a ir a la escuela, pero creo que no será a sentarme con el resto de idiotas, creo que será sólo para verla, parece agradable Natalia, por algo somos tan unidos según la carta.
Apagué el ordenador y busqué algo de ropa para poder bañarme e ir.
La ducha siempre parece eliminar todos mis males para empezar de nuevo, no sólo limpia el cuerpo si no un poco la mente. Una vez bañado agarré las cosas necesarias, dinero claro por cualquier cosa, no sabía si era mucho o poco así que mejor me llevé todo.
Saliendo de la casa percibo el muerto ambiente, lo único que hubo afuera fue el hombre en silla de ruedas y la mujer que estaba con él. No me importó mucho y seguí recto a la puerta de la privada, la abrí, desde adentro no se necesita llave ni nada.
Esperé algunos momentos el autobús, en lo que estaba ahí exploré mi alrededor, una carretera prolongada, con la noche no se notaba que éramos la única sección de casas, pareciera que nos distanciaron de los demás por algo, aunque no lo creo.
Mientras pensaba escuché el sonido de la maquinaria del transporte, me despertó de mi análisis, se detuvo y abordé. Este día en especial la gente casi no sale de su casa, pensé por el hecho de que no había gente en el autobús. Tal como ayer con Carolina.
Sólo me senté, saqué los audífonos y comenzó un filme en mi cabeza, con mis canciones de fondo, podía distorsionar la realidad, hacerlo más lento o rápido, cambiar el filtro de mi visión, claro todo en mi cabeza.
Estando solo pude apreciar de mejor forma todo el camino, no sabía que atravesábamos una especie de bosque, era de prolongadas dimensiones porque estuve casi veinte minutos observando árboles, plantas y uno que otro animal. Podría ser que ese sea el bosque del recuerdo de la otra vez, en el que estaba la chica.
Fue un grato recuerdo y me gusta pensar en ello, en el tacto y todo.
Saliendo de la penumbra boscosa, a lo lejos veía la ciudad, el resplandecer de sol sorprendentemente dejaba ver todo, no era como en la noche o como el día que todo el día estuvo lloviendo.
Parece un gran retrato panorámico, hasta me motivo a poder hacer un buen día lejos de las molestias que apenas surgieron.
Me aproximo a la escuela, eso sí lo recuerdo, entonces a las afueras veo una silueta, con ropa algo ligera, no me extrañaba, hacía bastante calor.
El autobús se detuvo en la misma parada, bajé lentamente, he de decir que el calor provocó algo de pereza en mí. Crucé y estaba ahí esperándome, con una sonrisa de oreja a oreja, me pregunté si tenía planeado algo, no era normal o por lo menos para mí que se viera tan feliz.
No después de lo que vi en el recuerdo, creo que ya lo ha olvidado, creo que le ayudé a salir del hoyo en el que posiblemente estaba.
Puede que eso haya ocurrido ya hace tiempo, aunque no lo creo, todo parecía tan enseguida, mi misma apariencia y la de ella igual.
Mis pensamientos fueron interrumpidos con unas palabras.
-Hola cariño.- Dijo de manera entusiasmada.
-Eh, hola, Natalia.-
Creo que mi respuesta no fue la esperada, enseguida de mi mensaje hubo un silencio incómodo.
-Mmm, ok, ¿Aún quieres ir a la cabezota?- Dijo.
-Está bien, ¿Qué haremos allá?- Respondí.
Ella sólo sonrío y me tomó de la mano, yo pensativo, quería recordar qué era y dónde estaba la cabezota. Quiero creer que es un lugar especial para ambos.
A través de la ruidosa ciudad, observaba a la gente pasar, se reían, disfrutaban, gritaban, algunas serias y con cierta determinación en los ojos, pero todos haciendo algo, viviendo o compartiendo su mundo.
Le dije a Natalia si no veía como la gente iba y venía, si no le interesaban las personas en la calle.
Ella solo contestó riendo. -No seas raro y apúrate.-
Entonces procedí a dejar de ser raro y sólo relajarme. Ahí mismo saqué mis audífonos y me los puse. Natalia se interesó un poco en lo que escuchaba, se puso el uno de los auriculares y seguimos caminando.
El trayecto no demoró tanto, unos quince minutos podría decir.
Sin darme cuenta, la ciudad se quedaba atrás mientras nos aproximábamos a una especie de cerro, parecía tentador, como si en la cima se encontrara algún premio o algo parecido.
Natalia vio mi asombro al ver colosal estructura y dijo sarcásticamente. -Ahora sólo falta subir.-
Para suerte había una escalera enorme que se dirigía hacia la cima, podríamos tardar unos 10 minutos según yo. Si era bastante grande pero nada de magnitudes tan grandes.
No me di cuenta que entre todo el trayecto se había pasado una tarde entera, lo dije porque al llegar a las escaleras podía percibir el frío de que se acercaba la noche y el naranja que pintaba el cielo, con mezcla de morado.
Sin más empezamos a subir, el sendero de escalones era de roca labrada, parecía como si ya llevara bastante tiempo construida.
Aceleré el paso dejando atrás a Natalia, quería apurarme y no sé por qué, me ensordeció la inspiración y seguía subiendo. Mi reacción se semejaba al de un mosquito a una linterna, en mi caso, a lo más alto de la colina. Una mano me detuvo sacudiéndome, entonces mi trance desapareció. Era Natalia diciendo que la esperara. Sólo me pude voltear y vi.
Sus ojos, su cabello, su mirada, el bonito labial que no había visto antes. Me encantó verla, le agarré desde el mentón, me acerqué y la besé, se prolongó bastante, sentía de cerca todo lo que era ella, su labial pintándome, sus dientes mordiéndome y el calor de sus labios en los míos, pude conectarme mejor con ella. No pude evitar sostenerla de la cadera, no quería que se alejara. Fue extraño que lo hiciera de repente pero algo excitó mis instintos y no pensé en otra cosa.
Después de la pausa, me sostuvo la mano de nuevo y subimos juntos a un ritmo un poco más moderado.
Al fin, pude ver el escalón final y al subir un monumento se apreciaba en el horizonte. Una cabeza gigante de algún personaje importante pensé yo.
Así que aquí es la cabezota, honestamente me dio igual descubrir, al estar ahí un sentimiento llenaba la copa de mi raciocinio, me sentía extraño, algo iba a suceder o alguien me está siguiendo.
Quería controlar esos delirios pero enmarcaban fuertemente todo lo que viera.
Natalia notó mi comportamiento.
-¿Estás bien? ¿Qué ocurre?- Preguntó preocupada.
-No es nada, posiblemente sea el frío y la altura, es todo- Respondí improvisadamente.
Se alejó a buscar algo entre los arbustos que rodeaban, supuse que debía seguirla, no lo sé fue algo natural.
Me adentré esquivando las ramas, hice a un lado la frondosidad de las plantas y la vi, sentada tranquilamente viendo hacia el vacío, en un barranco.
Me sentí un poco nervioso, no sabía desde qué altura estaba ella, me dio miedo que cayera, me tranquilicé, y fui hacia ella.
Me senté justo a su lado.
Impactada, dijo.
-Es tan hipnotizante ver al sol esconderse para que la oscuridad detrás de él haga presencia, sé que suena estúpido, pero es como si estuviera huyendo de algo.- Continuó viendo el atardecer.
Desde mi perspectiva igual lo disfrutaba pero no tanto como ella, debe haber un vínculo por el cual ella sienta cierta satisfacción al mirar aquel fenómeno.
Reflexioné acerca de la apreciación de eso, es curioso que hace algunos cientos de años, las tribus atribuían cada amanecer con Dioses, y los fenómenos naturales eran bendiciones como maldiciones.
Recuerdo lo que leí en el ordenador; hablaba acerca de que hubo una tribu que temían de los eclipses, cuando sucedía uno, bailaban, gritaban y hacían un escándalo, porque así pensaban que desaparecería, obviamente sucedía, pero ellos pensaban que era por ellos.
Ahora sabemos la naturaleza de todo eso y ya no bailamos ante estas cosas, aunque podría ser bueno bailar en el atardecer, gritarle a las mañanas y cantar en la noche.
Un gran suspiro tocó mis frías orejas, le dije a Natalia que deberíamos ver las estrellas.
La noche se empezó a iluminar de estrellas, acompañadas de la Luna.
Nos recostamos en el pequeño espacio que estaba en el barranco. Cabeza a cabeza se abrió otra ventana, mi pulso disminuía, al sentirme abrumado le tomé la mano, un rayo recorrió mi cuerpo calentando mi hipotermia, mis parpadeos pesaban, mi respiración resonaba haciendo eco y comenzó otra canción. Something About Us. El bajo me hacía temblar, la temperatura.
De estar acostados, dimos media vuelta para quedar de frente, era mágico, por un momento dejé de pensar, la luna alumbraba su cabello, su luz irradiaba deseo en los pómulos de Natalia. Levanté mi mano cuidadosamente la dirigí hacia el rostro de ella hasta que la recargué en su mejilla, acaricié lentamente. Ella no hacía nada, sólo me miraba, esos ojos de confusión se perdían en los míos.
Retiré mi mano y la coloqué en su cintura baja, de un rápido movimiento la acerqué hacia mí, nuestras narices chocaron. Me sujetó fuerte de la parte trasera de mi cabeza y empezamos a besarnos. No me soltaba, daba la sensación de que me quería ahí para siempre.
Envueltos en la arrulladora niebla, sólo nuestro calor nos mantenía vivos. Sólo el deseo de tenernos ahí para siempre.

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