Delta



Después de todo ese espectáculo, el recuerdo se cerró al momento,  como si de una televisión se tratase. Volví a mi cuerpo de nuevo, el tiempo se estabilizó mientras yo aún tenía la posición en la que le exclamé a Natalia, en dicho momento se me fue el aliento, parecía que había aguantado la respiración durante todo lo que duró el recuerdo.
Observaba la silueta de Natalia desvanecerse a medida que corría para una dirección del pasillo ajena a la que yo tenía que dirigirme. Me quedé quieto en mi lugar y decidí buscar mi aula.
Así que es la J, me pregunto dónde será dicho salón. Merodeando por los pasillos que estaban cruzados entre sí, en uno hallé la secuencia, que iba desde A y sucesivamente continuaba con todo el abecedario, se detenía hasta la E, enseguida se encontraban unas escaleras, supongo que daban hacia el resto de aulas, las subí un poco lento y cuidadosamente, con la intención de explorar y comprobar mi pequeña hipótesis. Me sentía un poco solo, de tanta gente que había cuando estaba con Natalia a ser un desierto en un edificio.
Creo que sí, llegaré tarde a mi clase. Asomando la mirada al segundo piso, veo a alguien yendo hacia mi dirección, algo decepcionado, se notaba un poco molesto. Me lo encontré por el hecho de que yo iba a la dirección contraria que él. Se dio cuenta de mi presencia y me dijo.
-Ah, eres tú, con esa cara de muerto ni te reconocí. Otra cosa,  ya no te dejará pasar el muy cabrón.-
No tuve palabras para decir algo, sólo me quedé congelado, el chico al ver mi expresión, dijo.
-Mierda, ¿Estás drogado? O bueno, eso parece, dime algo para saber que tienes. Ah, mi nombre es Samael, por si tu drogada mente no lo recordaba.-
Me resigné ante las palabras de Samael, pero a la vez me quedé pensando un poco. A él no lo recuerdo, quizás porque no tiene una canción que me asocie con él, aun no lo hay o puede que la haya olvidado. Pero no negué la idea de que podría saber algo de lo que soy. En un reflejo, le dije.
-¿Puedo ir contigo? Si dices que ya no entraré, tan si quiera no quiero estar solo, parece cementerio allá abajo.-
Al parecer se desconcertó un poco por mi propuesta, pero pareció alegrarle el interés.
-Amm, está bien, tengo mi guitarra allá abajo, ¿Me podrías decir qué tal va? Acuérdate que les había dicho sobre una canción que estaba aprendiendo... Claro, si tú prestaste atención.- Dijo un poco desanimado hasta el final.
Con lo que dijo pude ver que él tiene una manera de distraerse, tocar la guitarra, además por la manera en que lo dijo se pudo notar que no es alguien de muchos amigos, no le ponen atención los demás.
Asentí con el plan, bajamos rápidamente las escaleras hacia donde se hallaba la guitarra de Samael, caminando 5 minutos me había perdido un poco, no será muy grande el edificio pero los pasillos se confunde entre sí. Después de la repetitiva carrera había una salida que al parecer llegaba a una especie de jardín trasero, al salir se podía ver los senderos de cemento, una fuente se hallaba en el centro del jardín, varios campos pequeños con diferentes flores adornaban armoniosamente el lugar.
Debajo de un árbol estaba un estuche, creo que ahí estaba su guitarra. Que confianza dejar tus cosas ahí nada más. Pero significaba que aquí era un lugar seguro. Nos acercamos al árbol, Samael abrió el estuche, comenzó a afinar su guitarra, mientras lo hacía me preguntó varias cosas.
-Y dime, que tanto te metiste esta vez. Porque vaya que no pareces alguien sobrio.- dijo
-La verdad es que nada, todos me andan preguntando eso, ¿Si soy muy adicto?- Respondí.
Samael ríe dando a entender que en efecto soy bastante de drogas. 
-Si no es eso, entonces dime que tienes.- dice.
-Honestamente desperté de una forma increíblemente paranoica, no sabía quién era, pero te aseguro que no tuvo nada que ver con drogas, sólo estoy muy agotado.- Dije un poco harto.
-Creo que lo dices sinceramente, te creeré, pero necesitas ayuda, no es normal que te sucedan este tipo de cosas, no a esta edad.- Dice mientras terminaba de afinar su instrumento. -Muy bien, para refrescarte un poco todo, la canción que te mencionaba se llama Amor Papaya En Invierno .-
Inició con los acordes. Sentados debajo del árbol sólo podía observar la facilidad que tenía cuando tocaba, canta bien. Fue raro que no pasara nada cuando oía la canción, quiere decir que aún no existe algo que la asocie con alguna parte de mi vida, pero supongo que a partir de ahora ya será algo que marque mi relación con Samael, es lindo crear recuerdos.
No sé por qué, pero la misma motivación que tenía al estar con la chica del lago la tengo ahora mismo, no puedo dejar de mirar a Samael. Es consciente de eso y parece agradarle que lo haga, quizás porque puede pensar que me gusta como toca o que estoy sintiendo una serie de impulsos. 
Era bastante agradable estar ahí con todo lo verde, como reposar en un hogar, al son de la música. De estar frente a Samael, decidí quedarme un poco más cerca de él, justo al lado, recargados en el mismo árbol.
Agarré bruscamente el mástil de la guitarra y en un movimiento rápido lo besé. Tal como con la chica del lago. No puso resistencia, dejó que continuara. Apenas pasaron unos segundos y me apartó, un poco extrañado dice.
-Qué bueno que te gustó la canción.- Recoge sus cosas y se va rápidamente a paso estruendoso sin mirar atrás.
Al principio pensé que estaba enfadado, pero lo pensé un poco, supongo que me habría golpeado o algo así. No lo sé, pero no podía sacarme de la cabeza lo que probablemente sintió. Desapareció temporalmente mi preocupación mientras veía el cielo acostado en el pasto. Tan relajante y tranquilo, estaba feliz. Cada momento allí se volvía más ligero, mis ojos se entre cerraban y bostezaba. Dormí unos cuantos minutos, o así lo sentí yo.  
Una campana detona mi sueño y me levanto de golpe, ya no estaba nublado, pero ahora está oscuro; unas luces en forma de serie se prendieron alumbrando todo el jardín, no sé por qué pero me gustó bastante presenciarlo.  Tengo la sensación de que dormí bastante, ¿Todavía debo seguir en la escuela?
Me levanté y estiré, vaya que necesitaba ese descanso. Me metí de nuevo al edificio. Estaba de nuevo lleno de gente, los focos semi amarillos deslumbraban los pasillos, le daba sensación de calidez a todo. Me percaté que cuando todos andaban paseando por los pasillos era hora correcta para ir directo al salón. Sin perder más tiempo me dirigí hacia él. Tardé un poco en encontrar mi ubicación, pero todo se solucionó cuando vi un mapa, que indicaba la ubicación de todo dentro de la institución. Leí analíticamente y supe que cada pasillo tenía nombre, que gracioso, pero viéndolo desde la perspectiva mortal si era necesario que lo tuviesen. Dónde se hallaba mi aula era el pasillo Mercurio, no sabía si era referente al metal, al planeta o al dios romano, ya que los nombres variaban mucho, no era un tema definido.
Llegué a tiempo al salón, se notaba porque había gente afuera, perdiendo el tiempo. Al acercarme al aula ya nadie me vio raro, a lo mejor porque ya no tenía la cara de muerto o simplemente me ignoraban.
Pensé que vería a Samael dentro pero no era así; contando a la gente de afuera y los lugares vacíos dentro me percaté de que sobraban dos lugares, el mío obviamente y el del chico de la guitarra. 
Al elegir un lugar que no estuviera ocupado muchos de mis "compañeros" se mantenían sentados en solitario, pegados a sus teléfonos. Me imagino que veían algo interesante.
Ya sentado intenté familiarizarme con la gente que se encontraba. Por como lo dijo Natalia parecía que yo ya conocía a toda esta gente.
Todos los que estaban afuera comienzan a meterse al aula tomando su respectivo lugar, detrás de ellos un hombre de edad avanzada entra al último y cierra la puerta. 
-Buenas noches, soy su profesor de filosofía. Mi nombre no importa, porque sé que a nadie le importa ni se acordará de él.- Dice de forma simpática.
-Bien, durante este curso me gustaría saber sus nombres, esos si me importan, algunas cosas que les gusta hacer, y su perspectiva ante el contexto actual del ser humano en relación con sus semejantes y la postura que tienen ante la sociedad.-
Me gustaba la idea de que nos quisiera conocer de esa forma. Un poco distinto supongo. Por mi parte, yo sólo sé nombres, pero no el contenido que llevan, siento que sólo yo me encuentro en incertidumbre total, puede que los demás como ya se conocen a sí mismos estén pensando en cualquier otra cosa existencial o proponiendo un significado de todo, aunque perdería cierto sentido tratar de explicar todo por la filosofía, no me imagino a alguien diciendo: "Las sillas son producto de la profunda conciencia del ser al intentar descansar sobre un objeto de madera"
Obviamente no, implican más cosas. De cualquier forma espero mucho de todas estas personas, o cuando menos del profesor.
Una vez captada la instrucción comienza desde la primera fila a la izquierda.
-Bien,  empieza tú niña.- dice el hombre.
-Me llamo Karen, me gusta escuchar música y dormir, pienso que todos deberíamos ser felices en un mundo lleno de paz, sin guerras, discriminación y violencia. Y además siento que soy muy directa con la gente o bien la sociedad.- dice la chica de ojos verdes y pelo rizado.
Por alguna razón no me convenció su respuesta, se me hizo corriente y estúpida. Aunque espera varias cosas buenas; su perspectiva se ve cegada por el optimismo algo que en mi parecer puede afectar mucho la forma en la que afrontas los problemas. Dejé de poner atención a los siguientes 10 sujetos porque prácticamente decían la misma mierda.
Siguió la exhaustiva exploración. La segunda fila tampoco tuvo nada interesante que decir. En la tercera se encontraba el lugar vacío, que pertenecía a Samael, no le importó al profesor el hecho de que hubiera nadie ahí y siguió.
En mi fila yo estaba sentado en la parte del medio, casi llegar hasta el final, cuando menos me doy cuenta ya sólo falta una persona para que me toque a mí.
Se levanta una chica de pelo negro, lentes, ojos tan oscuros que casi parecen negros, tiene expresiones un poco serias. A ella no podía ignorarla, será porque está en frente de mí.
-Mi nombre es Carolina, me gusta pensar bastante, leer y apreciar los momentos pequeños que la vida me da. Entiendo que no vivimos en un mundo perfecto, es evidente que estamos lejos de ser una civilización, lo cual me provoca tristeza. Mi postura es un tanto indiferente, no soporto estar con las multitudes.- Dijo de manera tranquila y sincera.
-Interesante Carolina.- dijo el maestro agarrándose el mentón mientras se le veía pensativo.-
Me pareció algo más realista lo que dijo Carolina, de cierta manera me gustó su punto de vista, puede que sea más sabia y le dé explicación a mi existencia o que lo intente, tampoco estaría mal. 
El profesor me mira y sabe que estoy algo desubicado y dice.
-Sigues tú amiguito, al parecer la vida no te trata muy bien, veamos que tienes para decir.- Suelta una pequeña risa. 
De la nada una voz grita exclamando. -No le va a decir nada interesante, es un idiota!- 
La mayoría del salón ríe, exceptuando algunos, entre ellos Carolina y el profesor. Ahora me pregunto, ¿Samael se hubiera reído? 
No me tomé personal el supuesto insulto, porque sabía que era dirigido a mi pasado yo, ahora quiera o no, estoy empezando a sentir que soy diferente a lo que era.  
El profesor pidió calma, y esperó mi respuesta.
Un poco temeroso hablé.
-No sé cómo me llamo.- Todo el salón ríe sin excepciones. - Mi perspectiva creo que trata más a una falta de libertad. Para decidir quiénes queremos ser en esta vida, para decidir cómo vivir y como ser felices. Vivimos esclavos de la gente, porque nos han enseñado a tener miedo y no hacer nada al respecto. Puedo decir que la juventud está condenada a repetirse, con el simple hecho de que más de la mitad de mis compañeros goza de hacer las mismas cosas, casi nadie propone cosas diferentes. No puedo tener una postura ante la sociedad, porque puedo decir que apenas comencé a conocerla esta mañana y soy honesto, no me agrada que las masas sean generalmente estúpidas.-
Todo el salón calló en cuanto terminé, no dije nada impresionante, únicamente mi punto de vista, pero, pareciera que nadie esperaba que yo dijera algo semejante. Estoy pensando en que quizás si era un idiota como dijo la voz. 
El profesor no dijo nada al respecto, Carolina se mostró indiferente, ella no parecía extrañarle lo que dije.
Sonó el timbre tratando de decir que la clase había terminado.
-Muy bien muchachos, me alegra conocerlos aunque sea un poco, nos vemos mañana para continuar con los que siguen en presentarse.- Dijo el profesor para después marcharse.
Fue extraño un tanto extraño percibir la tensión de todos sobre mí. Todos agarraron sus cosas, creo que ya es hora de irse a casa. Qué corto fue estar en la escuela, bueno,  yo creo que también tuvo que ver el hecho de que dormí no sé por cuanto tiempo.
Me coloqué la mochila en la espalda, al sentir el peso recordé que tenía algunos libros dentro, posiblemente en la casa de la loca los leeré.
Salgo del aula después que todos, los pasillos se vaciaron en cuestión de segundos. Caminé tranquilamente intentando recordar en como regresar a casa, bajando las escaleras, veo a alguien recargado en un muro del pasillo, parece que espera a una persona me dije.  Seguí caminando ignorando la presencia del sujeto. 
Al verme pasar habla.
-¿Puedo irme contigo? Recuerda que vives a tres casas de la mía, además debo preguntarte algunas cosas.- Dijo.
Escuchando sus primeras palabras al instante ubiqué la voz, era Carolina, como no la vi que era ella.
Me volteo hacia ella y digo:
-Está bien, así puedes ayudarme porque he tenido un mal día y no recuerdo como regresar.- Respondo.
-Espero que lo de la clase no haya sido secuela de alguna de tus drogas.- Ríe silenciosamente.
Yo un poco fastidiado contesto en tono ligeramente duro. -No, no es nada, no eres la primera que me lo dice, es molesto tener a todos preguntando por ello.-
-Lo siento, no era mi intención fastidiar, sólo decía.- Responde Carolina.
En eso los dos caminamos juntos por la solitaria escuela, la noche estaba más espesa, por lo que la iluminación deslumbraba más. Al salir sentí un sentimiento de liberación, por alguna razón fue pesado estar en la escuela.
La noche inundaba toda la ciudad, el campo que se encontraba afuera de la escuela estaba vacío. Nadie perdió tiempo y se fueron en cuanto sonó el timbre supuse. 
Carolina no decía ninguna palabra mientras los pasos sonaban. Me coloqué un poco atrás de ella  para que me guiara regreso a casa.
Después de unos minutos recorriendo las oscuras calles vi una parada de autobús.
-¿Es ahí donde debemos esperar?- pregunté.
-Si.- respondió Carolina con una voz seca y cortante.
Llegamos a esperar juntos el autobús en aquél lugar, era curioso, ella no decía ni una palabra, a lo mejor por la hostilidad en la que le respondí. Quise romper el hielo con iniciando una charla.
-Hey, dijiste que tenías algunas preguntas, ¿Es el momento indicado para iniciar?- Le dije.
-Uh, ok, perdón estaba pensando en algunas cosas, pero está bien. Son preguntas un poco extrañas. No lo sé, me sorprendió tu comportamiento, no eres así a menudo, constantemente dices puras estupideces.- Dice Carolina.
-Está bien. Pues como lo he dicho antes no sé qué está pasando, este día todo fue nuevo para mí, no sabría cómo decirte o explicarlo porque siento que no me creerías. Pero puedo decir que soy alguien nuevo, desperté sabiendo muy poco y no, no tuvo nada que ver alguna sustancia- Respondí.
-Entiendo, sabes, es difícil tomar en serio esa respuesta, normalmente la gente que es así, por lo general está loca o sufre de algún trastorno.- Dijo.
Justo cuando termina llega el autobús con sus cegadoras luces en medio de la noche. Era otro chofer quien atendía el vehículo, pensé que siempre era el mismo. Subimos, al ver por dentro noté que éramos los únicos en el autobús. He de suponer que ya era muy tarde para que no  hubiera nadie más.
Nos sentamos en un lugar aleatorio, Carolina pidió estar cerca de la ventana, no argumentó nada, sólo lo dijo y lo hizo.
Pasaron unos minutos y ella ya no siguió preguntando nada. Viendo la charla muerta procedí a colocarme los audífonos.
Explorando mi música reproduje una llamada Shades Of Cool, sonidos tranquilos en mi cabeza hacían agradable el frío viaje, Carolina no paraba de ver hacia la ventana, observando monumentos, edificios, parques, autos, todo lo que se atravesara en su vista. Hizo señales de que tenía frío, agarrándose sus brazos para intentar calentarlos, yo me encontraba bien, decidí quitarme la sudadera y prestársela. Me la quité y sentí la fresca ventisca, era demasiado tarde para arrepentirme, sólo se la di diciendo.
-Parece que tienes frío, toma, deberías ponértela.- Digo mientras le doy la sudadera.
Mirando su cara parecía extrañarse un poco más, grandioso, otra cosa que no esperaba que hiciera.
Al ponérsela la huele, me mira y dice. -Al menos ese olor de ropa guardada no ha desaparecido en ti.-
Me pareció un poco gracioso que sólo eso no desapareció y suelto una risa.
Sin decir más seguimos el viaje, la canción parecía hablar de algo triste, no entendía con facilidad todo, sólo algunas palabras, pero en fin lo que a mí me gusta es el ritmo y la mezcla de sonidos que suena. 
Llegamos a las  afueras de la sección de casas dónde vivíamos. Bajamos tranquilamente y nos abrimos paso a la reja que mantenía cerrada la privada. 
Carolina sólo se volteó a decir. -No tienes llaves ¿Cierto?- 
Contesté con un cortante -No-
En ese momento ella abrió su mochila y sacó las llaves que abrían la reja, pasó, después yo cerrando la puerta de la reja. Fuimos en dirección recta sin palabras. Vi la casa de la loca a lo lejos, en lo que la apreciaba Carolina me detuvo y dijo.
-Es aquí, gracias por la sudadera, deja te la doy.- Comenzó a quitársela.
La detuve y respondí. -No, está bien, si quieres me la das mañana-
Ríe y dice. -Pero mañana es sábado idiota- 
Me confundí un poco, pero rápido capté que esos días no tenía que ir a la escuela.
-Oh, está bien, entonces cuando puedas.- Dije amablemente.
Me sonrió y se fue directo a su casa. Yo un poco agotado esperé a que entrara  y entonces fui a la mía, justamente la canción terminó sin darme cuenta.
Puse los pies en la puerta y toqué, vaya que fue un día de locos.

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