Beta.
Recuerdo el día que nací. Sólo abrí los ojos, una molesta luz blanca
resplandece en todo mi campo visual, noto que no hay nada, un enorme
abismo blanco, me sentía pequeño ante colosal espacio. Miré mis manos,
no sabía que eran esas cosas semejantes a arañas, fue gracioso, pero no
me extrañaba porque en ese momento no sabía ni hablar, era como un bebé,
pero tenía el tamaño que actualmente tengo, no era como los humanos, yo
no fui embrión ni infante. Sólo existí.
Al igual que con mis manos aprecié todo mi cuerpo, estaba desnudo, no le tomé mucha importancia a mi persona física. Sentía que tenía un objetivo el cual era levantarme y usar mi cuerpo. Caminé unos cuantos kilómetros y vi un lago, ese enorme estanque, me acerqué lentamente y de rodillas me puse frente al agua, metí las manos, en ese momento la sensación fue gloriosa, mientras disfrutaba del tacto nuevamente miré el agua, hice mis manos en forma de cuenco para beber un poco, al instante de tragar el agua me paralicé y mis ojos distorsionaban, sólo percibía letras, información, imágenes, conocimientos absolutos acerca de toda una vida, todo paró y no ví que un sólido color negro momentáneo.
Desperté. Recostado en una cama sabiendo todo, en ese pequeño lapso de parálisis aprendí a amar, pensar, tenía un criterio, gustos musicales, una conciencia, sentimientos. Parecía que lo que acababa de ocurrir sólo había sido un video sin sonido ni lógica, múltiples cuadros moverse a gran velocidad por segundo. Estaba muy confundido, fue como un gran golpe, mis emociones estaban a tope, me sentía nervioso y no sabía por qué, aunque ahí mismo descubrí un poco de mi persona, como por ejemplo. El hecho de estar nervioso me provoca nauseas. Me levanté de golpe, me dirigí corriendo a la puerta de la habitación sin pensar ni notar nada buscando un baño; lo encontré, descargué todo. Mi fuerza fue tal que acabando me quedé recostado a un lado del retrete, sólo viendo hacia arriba, sin energías, desintegrándome en el frío azulejo del piso. Pensaba mucho acerca de lo que acababa de suceder, pero más en el lugar donde estaba. Esta casa no me parecía nada familiar, desconozco todo dentro de ella, así que comencé a explorar. Es pequeña por lo que noto, dos cuartos, el baño que acabo de conocer, la cocina y la sala. Lleno de incertidumbre busqué respuestas, era claro que no vivía solo, de ser así, ¿Cómo mantenía este lugar? ¿Acaso trabajo o algo así?
Además era más obvio por la otra habitación, una cama para dos personas, me pregunto quiénes serán los que viven conmigo. Merodeaba por toda la casa intentando encontrar a alguien no tardé porque reitero, la casa era pequeña. Me senté en el sillón un poco nervioso sobre que iba a pasar después; durante mi agonía veo a un pequeño ser acercarse...Era un gato, honestamente traté de evitarlo porque dudaba de las intenciones de este. ¿Querrá rasguñarme o algo? Estuve quieto en el sofá, de pronto suelta un brinco hacia mis piernas, pensando lo peor el pequeño minino solamente se recuesta y empieza a ronronear. Me di cuenta que este animal en verdad me conocía, que triste que yo no. Lo acaricié sin miedo y al hacerlo me relajé, quien diría que hacer esto calmaría todas mis penas.
Era curioso que no quisiera salir de la casa, simplemente no me nacía, no sabía que había allá afuera, ni si quiera el país en el que estaba, la lengua se me hacía igual y no me importaba, de menos me entendía a mí mismo. Llovía bastante se escuchaba en las ventanas; por mera curiosidad decidí mirar en una de las ventanas, era un vecindario gris, con una presencia triste, la lluvia no ayudaba mucho a la imagen de este. Las casas pintadas de colores algo elegantes por así decirlo: negro, blanco y un poco de gris, nada extraordinario en realidad, pero ahí nuevamente aprendí que me gusta ver el agua caer sobre el asfalto, mirar cómo se moja y apreciar la hermosa tristeza que emite el dulce cielo gris.
Cesó la lluvia y lo único que se me ocurrió fue ahora explorar mi habitación. Apenas noté que había una cama gracias a los nervios; vi algo nuevo, un escritorio, un ropero, un cesto para ropa sucia y una computadora en el escritorio. Bingo!, puede que encuentre respuestas ahí. Mi entusiasmo duró poco al darme cuenta que el aparato necesitaba contraseña, sin duda esa cosa era mía, pero no recordaba la mierda de clave para poder usarla. Entre todas las cosas que tenía guardado en un mueble al lado de la cama, busqué algo que indicara algo, no lo sé, fotos, papeles. Estuve a punto de fastidiarme cuando después de sacar todo y hacer un desorden, hallé una carta, al parecer ya tiene un tiempo de estar guarda.
Desenrollé la hoja, no era muy largo el texto a primera impresión; comencé a leerla.
Mediante el uso de este escrito me dirijo hacia a tí amor mío, ya han pasado dos años desde aquella vez que decidimos empezar una relación juntos. Nunca creí que algún día tú y yo estuviésemos así, quiero serte honesta, nunca creí que al conocerte podría surgir algo en tí, parecías una persona genérica y desinteresada, pero con el tiempo me di cuenta que fui algo superficial, me enseñaste a querer a alguien de verdad, a ver más allá de lo que posiblemente cualquiera haría, contigo aprendí a vivir los momentos. Llegaste en un momento crucial, la depresión.... El dolor se encontraba por donde yo caminara, no confiaba en nadie y no me hallaba entre los demás, por ello te escribo, porque te amo. Eres un gran chico, no sé cómo sería una vida sin ti.
Feliz cumpleaños.
Natalia.
Al leerla me quedé atónito, hay una pista más de lo que soy y de cómo era. Además de que evidentemente esta persona tiene algo que ver conmigo, por la sensibilidad de sus palabras he de decir que es muy personal. Que curioso, Sé conceptos, el nombre de las cosas, entre muchas cosas, pero no el hecho de conocer, ¿cómo se llamará a esa clase de relación? me preguntaba en ese entonces. Era un niño, conocía algunas cosas pero desconocía muchas otras, demasiadas.
La persona se llamaba Natalia y es algo extraño, en mí antiguo ser ella significaba algo importante supongo, analicé un poco, claro, no muy a fondo apenas sé lo básico; se me ocurrió algo: Posiblemente su nombre sea la contraseña de la estúpida máquina.
No lo pensé más y rápidamente fui a la computadora, escribí el nombre de la chica y tadá! Si era su nombre la clave. Como anteriormente hice, exploré todo el sistema para ver si hallaba más respuestas. Extrañamente me percaté de que tenía cierta habilidad con el aparato, supongo que pasaba mucho tiempo aquí, me pregunto qué hacía, si investigaba, si perdía el tiempo, o simplemente era una herramienta. De igual forma no me iba a complicar tanto.
Fue complicado, de pronto no sabía cómo usarla, es extraño, sé muchas cosas y experiencias, pero estoy notando que algunas cosas las he olvidado y supongo que necesitaré de práctica para dominarlos de nuevo, o ¿será que en dichos rubros no eran mi especialidad?
La curiosidad me inundó y aprendí mucho en unas cuantas horas que estuve ahí pegado. Buscando carpeta tras carpeta, hallé una llamada fotos , obviamente ahí estarían las respuestas que busco. Sólo me confundía más, observaba a gente que no conocía, de alguna manera podía ver que yo era feliz en dichas fotos, hasta había unas con una sonrisa retorcida, creo que estaba ebrio allí. Suponía muchas cosas acerca de mí. No quedé satisfecho con lo que miraba, únicamente me desesperaba más.
Tratando de olvidar un poco y explorar, encontré una carpeta llamada alma. Fue un poco inquietante verlo, aunque no sabía si sólo iba a enojarme más con verlo... Me relajé un poco y abrí el contenedor.
En él, habían muchos archivos, que claramente no eran fotos. Me sentí un poco estúpido, de alguna manera suponía que ya había visto esa clase de archivos pero no recordaba, presioné con el ratón en uno de ellos y llegó a mi mente como un pensamiento, es música!
Cerré la ventana, observé la larga lista de canciones y paré en una, la primera de varias. Se llamaba Porcelain de un tal Moby , no recuerdo muy bien cómo fue, pero al escuchar los primeros segundos del tema me congelé en la silla, no podía mover nada a voluntad, un movimiento brusco de cabeza me hizo mirar hacia el horizonte y un flash inundó la vista, era como ver una grabación, algo que ya había vivido. Curioso, un filtro matizaba el momento, algo así como al denominado sepia, estaba sosteniendo la mano de alguien, una mujer. Podría ser la dicha Natalia de la carta. Su pelo era hermoso, acompañado de unos ojos que honestamente me paralizaban al verlos, el café de relajaba mis músculos de la cara, sentía que estaba aliviado con esta chica, con este ser. Me sonreía mientras caminábamos. " anda no seas así" repetía mientras soltaba una risilla al decirlo, ella estaba feliz. ¿Será que yo la hago feliz?
Seguimos caminando en un lugar con mucho pasto, directo a un bosque de cabezas frondosas, se podía ver que la iluminación se perdía allí dentro. De tanto apreciar lo que era ella y el bosque, no había notado que llevaba un maletín, parecía que iríamos a acampar. Mientras más nos acercábamos al bosque, más fuerte sonaba la canción. Nos adentrábamos más, paramos en un lugar bastante cómodo, los árboles tapaban cuidadosamente la luz, dejando pasar un poco para calentar el suelo pero no demasiado. Parecía que ya habíamos estado ahí antes. Todo ya acomodado.
La chica abre el maletín, cabe recalcar que era bastante grande. Agachada con un poco de entusiasmo me dice: ¿Acaso no me ayudarás?
Dejé mi estupefacción a un lado y me incliné a ayudarla, no tenía por qué hacerlo, pero supuse que la memoria demandaba que lo hiciera. Sacamos unas cobijas, una serie de mantas que ya armadas parecían crear un pequeño refugio, solamente para dos personas. La música paró y volví a escuchar el ruido del entorno, las ramas chocando entre sí por el viento, el sonido del pasto y de ella acomodando el refugio, mientras yo nuevamente sólo veía todo como si no viviera ahí; claro, quería creer que por lo menos conocía ese lugar.
Asomé la mirada más allá de los árboles y escuché corriente, agua como el lago de mi nacimiento, o bien supuesto nacimiento. No resistí y fui corriendo, repetí lo mismo, me puse de rodillas, puse las manos en forma de cuenco agarré un poco de agua, tomé agua y el sentimiento fue el mismo, de cierta forma cambié mi actitud y estaba feliz. Lo sentía y estaba seguro que lo manifestaba, la chica me preguntó si me sentía bien por la despavorida huida, respondí que sólo había sido un impulso, se rió de mí unos instantes, pero lo dejó atrás.
Me preguntó que si me acomodaba más armar el refugio cerca del lago, yo fascinado obviamente dije que sí. Sé que fue algo laborioso construirlo en aquél lugar, pero ella fue la que insistió en moverlo a dónde yo quería estar. Pasó un rato entre armar y llevar las cosas de un lugar a otro. Era maravilloso presenciar como esa estrella gigante llamada sol se escondía para que del lado opuesto surgiera su bella luna. El atardecer algo que presencié y a partir de ahí, se me haría difícil de olvidar.
Terminamos ya con el sol a punto de caer, agotados, la chica me dijo que reuniera unas cuantas rocas y que ella iría por ramas o algo así. Hice caso a la instrucción. En lo que buscaba rocas de buen tamaño, me di cuenta que en la oscuridad, en la fría presencia de la naturaleza, mi cuerpo se sentía estimulado a hacer algo, no sabía qué, mis brazos se tornaron de una textura áspera, la superficie de mi cabeza la sentía adormilada, mi respiración lenta, me indicaba que algo debía hacer, supongo que para seguir con la memoria. No tardé mucho en hallar las rocas; regresé y la vi con una pila de ramas en los brazos, su pelo desacomodado, sostenido por una cinta, su rostro con el pelo recogido era simplemente adictivo a la vista.
Al darse cuenta que otra vez estaba quieto sólo mirándola inició una conversación:
-¿Te sientes bien? te he notado un poco extraño desde que íbamos llegando, lo del lago, tu extraña percepción ante el bosque que has visto ya varias veces, y ahora sólo me miras, no digo que esté mal, pero me inquieta sabes.- Dijo ella mientras sonaba en un tono un poco bromista.
-Me siento bien, creo... Sólo es que estoy feliz de estar aquí, no sabría que otro motivo es. Disculpa, también estoy un poco cansado. Por cierto, te ves hermosa con el cabello así-. Respondí.
Entre otra risa y un repentino cambio de color en sus mejillas se puso a acomodar las rocas y las varas para dejar una estructura en forma de cono que ella llamaba fogata. La encendió con un líquido y un mechero.
En la orilla del lago, con el refugio y la fogata, se creaba un entorno de armonía para mí. Nuevamente las señales comenzaron a aparecer, debía hacer algo.
Mientras pensaba qué hacer, miraba el fuego de la fogata, y cuando sentí el calor de la misma giré la mirada y noté que ella estaba viéndome, sólo observé sus ojos, se reflejaba el fuego en su mirada. Se acercó lentamente, me miró a los labios, con sus brazos rodeó mi cuello, se para en puntillas y frotó su boca contra la mía; al igual que con la computadora sabía qué hacer, tenía la habilidad de frotar bocas. Duró poco más de 3 minutos así.
La chica después sólo dijo: Me gusta besarte, es como si fuera siempre la primera vez.
Ignorando eso sólo pensé: Con que se llama besar a eso.
Se metió al refugio, el fuego de la fogata no cesó. Justo cuando entró. Empieza otra melodía por naturaleza sabía que canción era. Instantáneamente dije al aire: Es Dominic Decoco . La tonada hizo presencia al hacer lo mismo que la anterior. Me metí al refugio con ella.
La vi recostada, esperando a que hiciera lo mismo. Lo hice; me di vuelta hacia donde estaba ella, otra vez las miradas se concentraron. No sé por qué, pero ahora yo me acerqué a besarla, fue más raro mientras lo hacía la canción se detuvo. Ella paró y me dijo que ella tenía muchas ganas de enseñarme algo, sacó su teléfono lo conectó a un aparato con otras dos cosas al acostado. Que extraño, un aparato que no necesitaba cables para funcionar, no como mi computadora.
Desde su teléfono puso una canción. Le pedí que me enseñara cuál era.... Curioso, Bailando Con Mi Virginidad , Juan Son. Me inquietó la forma de cantar del hombre, su voz no era tan grave como la mía, se parecía más a una voz con el tono de la chica. La combinación de sonidos me envolvía en un manto caliente de voces, nunca me había sentido tan cómodo, o bueno, no en las horas que llevo consiente.
La chica sacó del maletín una bolsa con algo dentro, una especie de hoja de papel pequeña. Tenía grabada la imagen de un árbol, la hoja estaba dividida en varios fragmentos cuadrados.
Ella dijo: ten, con esto ya no te sentirás raro.
Lo vi como una oferta que no podía rechazar; arrancó un fragmento de la hoja, y me lo dio. No podía pensar como eso podía ayudarme.
La chica dijo: Aún recuerdas como hacerlo, ¿Cierto?
Moví mi cabeza de un lado a otro, calcando un no como respuesta, porque simplemente era raro, ¿Hacer qué?
Me dijo que abriera la boca y sacara la lengua, lo hice, colocó el fragmento en la punta de la lengua, metí el pedazo a mi boca y la cerré.
Pensaba que eso funcionaría en cuestión de momentos, mientras esperaba me recosté, escuchando las canciones que ella me quería enseñar, puedo destacar algunas que escuché pero no recuerdo muy bien sus nombres. Se hizo más oscura la noche. Con los minutos todo se volvía pesado, la mirada de la chica se distorsionaba. No sentía más que impulsos, más que poder estar junto a ella.
Me lancé contra ella sólo para abrazarla y tumbarla, ella con una sonrisa en la cara, me besó, agarró mi cabeza para ya no soltarme más. Los impulsos se volvían fuertes, mi conciencia se desvanecía una canción en mi cabeza rebotaba de un lado a otro, recuerdo, La Piscine , me volvía una bestia, a pesar de ser de dulce sinfonía. Me retorcía la cordura, sólo era la chica, sus labios.
Repentinamente la canción se alargaba, entre beso y beso, salían mordidas, me preguntaba por qué lo hacía pero me gustaba, ¿Por qué me gustaba?
Tan lento la veía moverse a través del refugio, la melodía paró cuando ella comenzó a quitarse su ropa, no sabía la razón, si afuera hacía un frío de la mierda. Cada vez que parpadeaba, los microsegundos que duraba, se hacían minutos, apreciaba el como ella me enseñaba su cuerpo, para ser justos hice lo mismo. Mis extremidades eran duras o así las sentía.
Vi su busto, las curvas de su cintura, me sentía locamente atraído por su cuerpo, todo seguía siendo tan confuso, los colores de su piel cambiaban cada vez que tocaba. En lo que lo hacía percibí otra sinfonía en el aire, agarré su teléfono y leí Katherine Kiss Me , dije en voz alta: Pero no te llamas Katherine ¿o sí? Reí como loco al igual que ella.
Me tumbó en las cobijas. Me quitó el pantalón, exponiendo todo mi cuerpo, tal como cuando nací. Se montó en mí y comenzó a balancearse, no sabía qué hacía pero me encantaba, el fragmento que me dio cambió totalmente mi mundo. Estaba ella, era mi musa, era mía, lo hacía con la delicadeza de una brisa. Mientras seguía, el recuerdo se iba rompiendo, se quebraba y se borraba. Hasta que todo se tornó negro.
Salí disparado de la silla con las mejillas de color rojo, el pantalón mojado y mi frente sudorosa. Sólo me pregunté cada vez más, ¿Quién era esa chica? Creo que la vi en una foto. ¿Y qué fue lo que me dio? Me calmó bastante.
Al igual que con mis manos aprecié todo mi cuerpo, estaba desnudo, no le tomé mucha importancia a mi persona física. Sentía que tenía un objetivo el cual era levantarme y usar mi cuerpo. Caminé unos cuantos kilómetros y vi un lago, ese enorme estanque, me acerqué lentamente y de rodillas me puse frente al agua, metí las manos, en ese momento la sensación fue gloriosa, mientras disfrutaba del tacto nuevamente miré el agua, hice mis manos en forma de cuenco para beber un poco, al instante de tragar el agua me paralicé y mis ojos distorsionaban, sólo percibía letras, información, imágenes, conocimientos absolutos acerca de toda una vida, todo paró y no ví que un sólido color negro momentáneo.
Desperté. Recostado en una cama sabiendo todo, en ese pequeño lapso de parálisis aprendí a amar, pensar, tenía un criterio, gustos musicales, una conciencia, sentimientos. Parecía que lo que acababa de ocurrir sólo había sido un video sin sonido ni lógica, múltiples cuadros moverse a gran velocidad por segundo. Estaba muy confundido, fue como un gran golpe, mis emociones estaban a tope, me sentía nervioso y no sabía por qué, aunque ahí mismo descubrí un poco de mi persona, como por ejemplo. El hecho de estar nervioso me provoca nauseas. Me levanté de golpe, me dirigí corriendo a la puerta de la habitación sin pensar ni notar nada buscando un baño; lo encontré, descargué todo. Mi fuerza fue tal que acabando me quedé recostado a un lado del retrete, sólo viendo hacia arriba, sin energías, desintegrándome en el frío azulejo del piso. Pensaba mucho acerca de lo que acababa de suceder, pero más en el lugar donde estaba. Esta casa no me parecía nada familiar, desconozco todo dentro de ella, así que comencé a explorar. Es pequeña por lo que noto, dos cuartos, el baño que acabo de conocer, la cocina y la sala. Lleno de incertidumbre busqué respuestas, era claro que no vivía solo, de ser así, ¿Cómo mantenía este lugar? ¿Acaso trabajo o algo así?
Además era más obvio por la otra habitación, una cama para dos personas, me pregunto quiénes serán los que viven conmigo. Merodeaba por toda la casa intentando encontrar a alguien no tardé porque reitero, la casa era pequeña. Me senté en el sillón un poco nervioso sobre que iba a pasar después; durante mi agonía veo a un pequeño ser acercarse...Era un gato, honestamente traté de evitarlo porque dudaba de las intenciones de este. ¿Querrá rasguñarme o algo? Estuve quieto en el sofá, de pronto suelta un brinco hacia mis piernas, pensando lo peor el pequeño minino solamente se recuesta y empieza a ronronear. Me di cuenta que este animal en verdad me conocía, que triste que yo no. Lo acaricié sin miedo y al hacerlo me relajé, quien diría que hacer esto calmaría todas mis penas.
Era curioso que no quisiera salir de la casa, simplemente no me nacía, no sabía que había allá afuera, ni si quiera el país en el que estaba, la lengua se me hacía igual y no me importaba, de menos me entendía a mí mismo. Llovía bastante se escuchaba en las ventanas; por mera curiosidad decidí mirar en una de las ventanas, era un vecindario gris, con una presencia triste, la lluvia no ayudaba mucho a la imagen de este. Las casas pintadas de colores algo elegantes por así decirlo: negro, blanco y un poco de gris, nada extraordinario en realidad, pero ahí nuevamente aprendí que me gusta ver el agua caer sobre el asfalto, mirar cómo se moja y apreciar la hermosa tristeza que emite el dulce cielo gris.
Cesó la lluvia y lo único que se me ocurrió fue ahora explorar mi habitación. Apenas noté que había una cama gracias a los nervios; vi algo nuevo, un escritorio, un ropero, un cesto para ropa sucia y una computadora en el escritorio. Bingo!, puede que encuentre respuestas ahí. Mi entusiasmo duró poco al darme cuenta que el aparato necesitaba contraseña, sin duda esa cosa era mía, pero no recordaba la mierda de clave para poder usarla. Entre todas las cosas que tenía guardado en un mueble al lado de la cama, busqué algo que indicara algo, no lo sé, fotos, papeles. Estuve a punto de fastidiarme cuando después de sacar todo y hacer un desorden, hallé una carta, al parecer ya tiene un tiempo de estar guarda.
Desenrollé la hoja, no era muy largo el texto a primera impresión; comencé a leerla.
Mediante el uso de este escrito me dirijo hacia a tí amor mío, ya han pasado dos años desde aquella vez que decidimos empezar una relación juntos. Nunca creí que algún día tú y yo estuviésemos así, quiero serte honesta, nunca creí que al conocerte podría surgir algo en tí, parecías una persona genérica y desinteresada, pero con el tiempo me di cuenta que fui algo superficial, me enseñaste a querer a alguien de verdad, a ver más allá de lo que posiblemente cualquiera haría, contigo aprendí a vivir los momentos. Llegaste en un momento crucial, la depresión.... El dolor se encontraba por donde yo caminara, no confiaba en nadie y no me hallaba entre los demás, por ello te escribo, porque te amo. Eres un gran chico, no sé cómo sería una vida sin ti.
Feliz cumpleaños.
Natalia.
Al leerla me quedé atónito, hay una pista más de lo que soy y de cómo era. Además de que evidentemente esta persona tiene algo que ver conmigo, por la sensibilidad de sus palabras he de decir que es muy personal. Que curioso, Sé conceptos, el nombre de las cosas, entre muchas cosas, pero no el hecho de conocer, ¿cómo se llamará a esa clase de relación? me preguntaba en ese entonces. Era un niño, conocía algunas cosas pero desconocía muchas otras, demasiadas.
La persona se llamaba Natalia y es algo extraño, en mí antiguo ser ella significaba algo importante supongo, analicé un poco, claro, no muy a fondo apenas sé lo básico; se me ocurrió algo: Posiblemente su nombre sea la contraseña de la estúpida máquina.
No lo pensé más y rápidamente fui a la computadora, escribí el nombre de la chica y tadá! Si era su nombre la clave. Como anteriormente hice, exploré todo el sistema para ver si hallaba más respuestas. Extrañamente me percaté de que tenía cierta habilidad con el aparato, supongo que pasaba mucho tiempo aquí, me pregunto qué hacía, si investigaba, si perdía el tiempo, o simplemente era una herramienta. De igual forma no me iba a complicar tanto.
Fue complicado, de pronto no sabía cómo usarla, es extraño, sé muchas cosas y experiencias, pero estoy notando que algunas cosas las he olvidado y supongo que necesitaré de práctica para dominarlos de nuevo, o ¿será que en dichos rubros no eran mi especialidad?
La curiosidad me inundó y aprendí mucho en unas cuantas horas que estuve ahí pegado. Buscando carpeta tras carpeta, hallé una llamada fotos , obviamente ahí estarían las respuestas que busco. Sólo me confundía más, observaba a gente que no conocía, de alguna manera podía ver que yo era feliz en dichas fotos, hasta había unas con una sonrisa retorcida, creo que estaba ebrio allí. Suponía muchas cosas acerca de mí. No quedé satisfecho con lo que miraba, únicamente me desesperaba más.
Tratando de olvidar un poco y explorar, encontré una carpeta llamada alma. Fue un poco inquietante verlo, aunque no sabía si sólo iba a enojarme más con verlo... Me relajé un poco y abrí el contenedor.
En él, habían muchos archivos, que claramente no eran fotos. Me sentí un poco estúpido, de alguna manera suponía que ya había visto esa clase de archivos pero no recordaba, presioné con el ratón en uno de ellos y llegó a mi mente como un pensamiento, es música!
Cerré la ventana, observé la larga lista de canciones y paré en una, la primera de varias. Se llamaba Porcelain de un tal Moby , no recuerdo muy bien cómo fue, pero al escuchar los primeros segundos del tema me congelé en la silla, no podía mover nada a voluntad, un movimiento brusco de cabeza me hizo mirar hacia el horizonte y un flash inundó la vista, era como ver una grabación, algo que ya había vivido. Curioso, un filtro matizaba el momento, algo así como al denominado sepia, estaba sosteniendo la mano de alguien, una mujer. Podría ser la dicha Natalia de la carta. Su pelo era hermoso, acompañado de unos ojos que honestamente me paralizaban al verlos, el café de relajaba mis músculos de la cara, sentía que estaba aliviado con esta chica, con este ser. Me sonreía mientras caminábamos. " anda no seas así" repetía mientras soltaba una risilla al decirlo, ella estaba feliz. ¿Será que yo la hago feliz?
Seguimos caminando en un lugar con mucho pasto, directo a un bosque de cabezas frondosas, se podía ver que la iluminación se perdía allí dentro. De tanto apreciar lo que era ella y el bosque, no había notado que llevaba un maletín, parecía que iríamos a acampar. Mientras más nos acercábamos al bosque, más fuerte sonaba la canción. Nos adentrábamos más, paramos en un lugar bastante cómodo, los árboles tapaban cuidadosamente la luz, dejando pasar un poco para calentar el suelo pero no demasiado. Parecía que ya habíamos estado ahí antes. Todo ya acomodado.
La chica abre el maletín, cabe recalcar que era bastante grande. Agachada con un poco de entusiasmo me dice: ¿Acaso no me ayudarás?
Dejé mi estupefacción a un lado y me incliné a ayudarla, no tenía por qué hacerlo, pero supuse que la memoria demandaba que lo hiciera. Sacamos unas cobijas, una serie de mantas que ya armadas parecían crear un pequeño refugio, solamente para dos personas. La música paró y volví a escuchar el ruido del entorno, las ramas chocando entre sí por el viento, el sonido del pasto y de ella acomodando el refugio, mientras yo nuevamente sólo veía todo como si no viviera ahí; claro, quería creer que por lo menos conocía ese lugar.
Asomé la mirada más allá de los árboles y escuché corriente, agua como el lago de mi nacimiento, o bien supuesto nacimiento. No resistí y fui corriendo, repetí lo mismo, me puse de rodillas, puse las manos en forma de cuenco agarré un poco de agua, tomé agua y el sentimiento fue el mismo, de cierta forma cambié mi actitud y estaba feliz. Lo sentía y estaba seguro que lo manifestaba, la chica me preguntó si me sentía bien por la despavorida huida, respondí que sólo había sido un impulso, se rió de mí unos instantes, pero lo dejó atrás.
Me preguntó que si me acomodaba más armar el refugio cerca del lago, yo fascinado obviamente dije que sí. Sé que fue algo laborioso construirlo en aquél lugar, pero ella fue la que insistió en moverlo a dónde yo quería estar. Pasó un rato entre armar y llevar las cosas de un lugar a otro. Era maravilloso presenciar como esa estrella gigante llamada sol se escondía para que del lado opuesto surgiera su bella luna. El atardecer algo que presencié y a partir de ahí, se me haría difícil de olvidar.
Terminamos ya con el sol a punto de caer, agotados, la chica me dijo que reuniera unas cuantas rocas y que ella iría por ramas o algo así. Hice caso a la instrucción. En lo que buscaba rocas de buen tamaño, me di cuenta que en la oscuridad, en la fría presencia de la naturaleza, mi cuerpo se sentía estimulado a hacer algo, no sabía qué, mis brazos se tornaron de una textura áspera, la superficie de mi cabeza la sentía adormilada, mi respiración lenta, me indicaba que algo debía hacer, supongo que para seguir con la memoria. No tardé mucho en hallar las rocas; regresé y la vi con una pila de ramas en los brazos, su pelo desacomodado, sostenido por una cinta, su rostro con el pelo recogido era simplemente adictivo a la vista.
Al darse cuenta que otra vez estaba quieto sólo mirándola inició una conversación:
-¿Te sientes bien? te he notado un poco extraño desde que íbamos llegando, lo del lago, tu extraña percepción ante el bosque que has visto ya varias veces, y ahora sólo me miras, no digo que esté mal, pero me inquieta sabes.- Dijo ella mientras sonaba en un tono un poco bromista.
-Me siento bien, creo... Sólo es que estoy feliz de estar aquí, no sabría que otro motivo es. Disculpa, también estoy un poco cansado. Por cierto, te ves hermosa con el cabello así-. Respondí.
Entre otra risa y un repentino cambio de color en sus mejillas se puso a acomodar las rocas y las varas para dejar una estructura en forma de cono que ella llamaba fogata. La encendió con un líquido y un mechero.
En la orilla del lago, con el refugio y la fogata, se creaba un entorno de armonía para mí. Nuevamente las señales comenzaron a aparecer, debía hacer algo.
Mientras pensaba qué hacer, miraba el fuego de la fogata, y cuando sentí el calor de la misma giré la mirada y noté que ella estaba viéndome, sólo observé sus ojos, se reflejaba el fuego en su mirada. Se acercó lentamente, me miró a los labios, con sus brazos rodeó mi cuello, se para en puntillas y frotó su boca contra la mía; al igual que con la computadora sabía qué hacer, tenía la habilidad de frotar bocas. Duró poco más de 3 minutos así.
La chica después sólo dijo: Me gusta besarte, es como si fuera siempre la primera vez.
Ignorando eso sólo pensé: Con que se llama besar a eso.
Se metió al refugio, el fuego de la fogata no cesó. Justo cuando entró. Empieza otra melodía por naturaleza sabía que canción era. Instantáneamente dije al aire: Es Dominic Decoco . La tonada hizo presencia al hacer lo mismo que la anterior. Me metí al refugio con ella.
La vi recostada, esperando a que hiciera lo mismo. Lo hice; me di vuelta hacia donde estaba ella, otra vez las miradas se concentraron. No sé por qué, pero ahora yo me acerqué a besarla, fue más raro mientras lo hacía la canción se detuvo. Ella paró y me dijo que ella tenía muchas ganas de enseñarme algo, sacó su teléfono lo conectó a un aparato con otras dos cosas al acostado. Que extraño, un aparato que no necesitaba cables para funcionar, no como mi computadora.
Desde su teléfono puso una canción. Le pedí que me enseñara cuál era.... Curioso, Bailando Con Mi Virginidad , Juan Son. Me inquietó la forma de cantar del hombre, su voz no era tan grave como la mía, se parecía más a una voz con el tono de la chica. La combinación de sonidos me envolvía en un manto caliente de voces, nunca me había sentido tan cómodo, o bueno, no en las horas que llevo consiente.
La chica sacó del maletín una bolsa con algo dentro, una especie de hoja de papel pequeña. Tenía grabada la imagen de un árbol, la hoja estaba dividida en varios fragmentos cuadrados.
Ella dijo: ten, con esto ya no te sentirás raro.
Lo vi como una oferta que no podía rechazar; arrancó un fragmento de la hoja, y me lo dio. No podía pensar como eso podía ayudarme.
La chica dijo: Aún recuerdas como hacerlo, ¿Cierto?
Moví mi cabeza de un lado a otro, calcando un no como respuesta, porque simplemente era raro, ¿Hacer qué?
Me dijo que abriera la boca y sacara la lengua, lo hice, colocó el fragmento en la punta de la lengua, metí el pedazo a mi boca y la cerré.
Pensaba que eso funcionaría en cuestión de momentos, mientras esperaba me recosté, escuchando las canciones que ella me quería enseñar, puedo destacar algunas que escuché pero no recuerdo muy bien sus nombres. Se hizo más oscura la noche. Con los minutos todo se volvía pesado, la mirada de la chica se distorsionaba. No sentía más que impulsos, más que poder estar junto a ella.
Me lancé contra ella sólo para abrazarla y tumbarla, ella con una sonrisa en la cara, me besó, agarró mi cabeza para ya no soltarme más. Los impulsos se volvían fuertes, mi conciencia se desvanecía una canción en mi cabeza rebotaba de un lado a otro, recuerdo, La Piscine , me volvía una bestia, a pesar de ser de dulce sinfonía. Me retorcía la cordura, sólo era la chica, sus labios.
Repentinamente la canción se alargaba, entre beso y beso, salían mordidas, me preguntaba por qué lo hacía pero me gustaba, ¿Por qué me gustaba?
Tan lento la veía moverse a través del refugio, la melodía paró cuando ella comenzó a quitarse su ropa, no sabía la razón, si afuera hacía un frío de la mierda. Cada vez que parpadeaba, los microsegundos que duraba, se hacían minutos, apreciaba el como ella me enseñaba su cuerpo, para ser justos hice lo mismo. Mis extremidades eran duras o así las sentía.
Vi su busto, las curvas de su cintura, me sentía locamente atraído por su cuerpo, todo seguía siendo tan confuso, los colores de su piel cambiaban cada vez que tocaba. En lo que lo hacía percibí otra sinfonía en el aire, agarré su teléfono y leí Katherine Kiss Me , dije en voz alta: Pero no te llamas Katherine ¿o sí? Reí como loco al igual que ella.
Me tumbó en las cobijas. Me quitó el pantalón, exponiendo todo mi cuerpo, tal como cuando nací. Se montó en mí y comenzó a balancearse, no sabía qué hacía pero me encantaba, el fragmento que me dio cambió totalmente mi mundo. Estaba ella, era mi musa, era mía, lo hacía con la delicadeza de una brisa. Mientras seguía, el recuerdo se iba rompiendo, se quebraba y se borraba. Hasta que todo se tornó negro.
Salí disparado de la silla con las mejillas de color rojo, el pantalón mojado y mi frente sudorosa. Sólo me pregunté cada vez más, ¿Quién era esa chica? Creo que la vi en una foto. ¿Y qué fue lo que me dio? Me calmó bastante.

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