Escribir o Hablar
Escribir o hablar. Realmente es una de las cuestiones que por ciertas cantidades de tiempo me tienen en duda, son como elegir entre dos plantas medicinales; hacen lo mismo, la finalidad es la misma pero las posibilidades cambian, así sean negativas o positivas.
El hecho es que cuando escribes, sientes, pero no los puedes transmitir como tal, esa chispa, ese querer no se transmite mediante la lectura, sólo ves palabras pero no te tocan la piel. Hasta cierto punto un esrito hace que te llegue al alma con las palabras conmovedoras o hermosas que traiga, pero en sí, hay algo más, percibir lo que autor sentía cuando lo escribía. En cambio cuando hablas quizá no sea tan exacto como leer, pero lo sientes, lo percibes, lo notas. Te lo dicen de frente; sea la palabra que fuera reaccionas desde el corazón por así decirlo. El placer es tal que a veces ni siquiera ignoras las palabras que se te dicen y te concentras en como lo dice, el sentimiento para ser exactos.
El escrito es exacto, te dice lo que quiere que aprendas, analices y sepas. Aunque carece de sentimiento, es muy bueno para darte a entender. El hablar es persuasivo, no siempre es exacto, puede haber errores, pero se nota ese algo especial, el cariño u odio, lo sientes.
Los poemas nos hacen pensar con sus mixtos versos, tienen desde tragedias hasta fantasias e inclusive amor. Pero como dije anteriormente sólo ves las palabras. Cuando leés un libro siempre te preguntan: "Que creés que quiso decir el autor cuando escribió esto...?" Pero nunca te preguntan: "Que creés que el autor sintió al escribir esto...?" !Claro! no lo sabemos porque no se pueden examinar los sentimientos de una persona con lo que escribe, a menos que conozcamos a esta persona. Puedes pensar: "Pero si el poema es el fruto del sentimentalismo humano" En ocasiones puede ser cierto, pero no sabemos. Yo puedo escribir un poema ahora mismo, puedo incluír palabras muy dulces y tiernas, pero en realidad lo que yo sentía al escribirlo era la necesidad de comprobar lo que estoy diciendo. Ahí cambia la idea. Yo prefiero escribir cuando quiero que los demás sepan algo, ya sea de mí u otra cosa que quisiera contar, es más fácil ser leído a ser escuchado.
Ahora bien, vamos con el habla, o con lo que escuchamos para ser claros. Esto simplemente empieza cuando escuchamos una canción, la mayoría de las veces nos dejamos guíar por el ritmo de esta y no por lo que contiene; podemos cantar infinidad de palabras aún sin tener en cuenta lo que significa. Ahí agregamos la persuación. La música es un ejemplo bastante cuestionable y abstracto. Veamos con los oradores. No te enamoras o no sientes odio cuando alguien dice algo que está escrito, o bueno yo no he sentido nada por las chicas que recitaban poemas o me decían citas de algún texto con finalidad artística. Porque sólo revivían cosas que alguien más pensó. Es un sentimiento seco. Ahora imagina que estás enfrente de un amigo, un chico, una chica, un público. Estás a punto de decir algo inesperado sea lindo o no, la gente o la persona se lo va a creér porque sale de ti, porque no lo quisiste decir en un sólo término como si lo hubieras escrito, vas a engañar o convencer a quien se lo dijiste. Tomemos el ejemplo de un discurso, aquí implicaría ambas, tanto el habla como el escríto, porque es algo que vas a revivir, pero con el sentimiento que tu le pusiste, ahí es cuando sabemos que el escrito tiene vida, porque el mismo autor lo explica y lo habla, ahí cambia totalmente el sentído. Cuando sabemos con exactitúd lo que se quiere decir y como se quiere decir.
Tambíen el habla sirve más para engañar, mucha gente sabe como seducir a la víctima mediante palabras oralmente hechas. Eres más vulnerable así. Quizá por eso te dicen que leas más para que no te vean la cara, porque independientemente de lo que diga alguien por escrito, lo tomarás de distinta perspectiva, porque no te lo dice alguien en vivo, si no que lo revives.
Leyendo puedes ver, notar lo que se te dice, reflexionar, tomarle coherencia, y juzgar si es correcto o víable lo dicho. Así es más difícil ser engañado. Pero cuando se habla, no te seduce lo que dice, si no quien, como y por qué. De tanto ponerle atención a veces no puedes ni pensar ni analizar y terminas cayendo en el borde del engaño.
Perdón si todo esto resultó un texto con falta de finalidad, pero son cosas que a veces siento que todos pensamos y que hasta cierto punto lo reflexionamos. No podemos vivir con la idea de que todo es igual. Todo es diferente a su manera y a veces se pueden decir los motivos, otras sólo los ves, pero lo sabes.

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