La Arena del Desierto.

Y si los reencuentros nunca hubieran pasado, si quizá hubiera buscado donde tuve miedo de ir. Delante de la penumbra seca y fría del monte, de la calle pavimentada, dentro de la calidez y las sonrisas condicionadas. Todo resulta diferente con haber dicho no. No me culpo del todo, nadie tiene la expectativa de perder todo con un par de palabras, con oraciones que se querían escuchar. Pude simplemente voltearme de lado y dormir en la ebria dicha de mi día, disfrutar de la compañía, no apagarme con el estúpido deseo de cometer todo. Seguido pienso en la reestructuración del destino. Varias cosas que escuché fueron ciertas; el tiempo no vuelve, se abre paso sin perdón a tus intenciones, te mueve de lugar, te cambia la mirada. Siendo el moral de la vida, siendo el cuerpo de la desilusión.
Aún recuerdo mis ojos, aún recuerdo mis pensamientos. Pasos estruendosos en mi conciencia que jamás cesaron. Desperté con hambre, una ciega esperanza de un montón de cenizas. Perdía el tiempo intentando. El sufragio de la felicidad jamás estuvo tan lejos.
Miré con culpa a los árboles de Amanalco, queriendo despegar del pecho mis acciones, no entiendo cómo siempre tengo algo de qué arrepentirme.
Tirar la arena por una efímera chispa de emociones, errar la conciencia y consentir mis brazos abiertos. Como el frío en las hojas, como el fuego en la madera. Y no es por nada más que mi mediocridad de antes, que hui de las oportunidades, de una sonrisa frente al espejo. Menos nubosidad, un asiento al lado del arbusto. Las cosas que pudieron haber tomado lugar; realmente son contadas las cosas que se pudieron suprimir, pero que era algo necesario tal vez. No veo brillar a la estrella cuando se esconde, sólo es melancolía que prefiero no indagar. A veces desearía que el vino durara más, que hubiera azotado mi cuerpo contra el parqué desde antes.

Seguido veo al cielo como escape natural del mundo, por un momento el sonido se hace nulo y el mundo se queda solo. Sólo llego a murmurar entre dientes <<Todo estará bien>>.
Fui perdiendo la noción de la gracia, la inefabilidad de las semillas al paso, sin darme cuenta, estropeé una cosecha entera. ¿Cómo fue que de pronto me hallo de pie aquí? No sé si mis planes los achico con las necesidades burdas que supuestamente debo alcanzar. Todo se vuelve tan cíclico que las lágrimas son de temporada y las risas festividades.
Alguna vez imaginé todo el escenario de la despedida, las palabras que dejaría plasmadas en el aliento que daría fin a una pequeña porción de tiempo y espacio, los lamentos, el llanto, la última canción. Sería una luz fría en la madrugada, mi cuerpo entumido de la basta razón que se me fue otorgada en microgramos. Parecía sutil, cual polvo en medio de la habitación. Realmente quería despegar, no volver, y cerrar el libro como un ala rota, como una pierna amputada. En mi cabeza sólo se cruzaban las palabras equivocadas. Era un cansancio que recorría desde mis tobillos hasta la punta de mi cornea. La percepción del mundo fue un apagón, una embotedo se hace nulo y el lladora de líquidos dañinos. Tan equivocado, tan lejos de la verdad. La sobrecarga de pensamientos quebró mi memoria, mi persona, tal vez lo que me había hecho tan querido en el pasado. Eché un vistazo a la ventana de mi habitación y con la quijada tensada, ojos cansados y un ánimo casi inerte, razoné que ese día no sería hoy, pues el sol ya había salido y cual hombre infiel de matrimonio complicado, decidí lavarme las manos con el amanecer que opacaba mi deseo del deceso.
19 de Octubre de 2018

Comentarios

Entradas populares