Una cena en Mcdonald's.
Una Cena en McDonald's.
Hoy me ví en la facilidad de ir a McDonald's, hacía ya una eternidad que no frecuentaba aquel lugar, después de meses de ausencia, la dieta, el ejercicio, trece kilos menos, irónicamente un martes por la tarde me hallaba haciendo fila para comprar una hamburguesa. Increíblemente había perdido esa noción de lo que se vive en un lugar como estos día a día. Todas las clases sociales conocen este infierno, la mercadotecnia, el consumismo trajo ante el mundo, más que un artículo, ya era como idea nata de lo que es la realidad, hay generaciones que crecerán sabiendo que Macdonald's ya era un magnate.
Era emocionante ver la variedad de gente. Frente de mi, se encontraba la señora quisquillosa, pero humilde que como un capricho acudió a la sucursal a comprar una cena, sin nadie quien la acompañase, porque pues era claro que estaba ahí para brindar sorpresa, quizá infravalorada por su marido, quizá madre de tres hijos de los cuales dos son terribles en la escuela y uno sea la promesa de la típica familia humilde que al final terminará siendo nada por las cosas de la vida y la evidente falta de visión que su posición socioeconómica le condenó.
En la fila de espera, la pareja con pants deportivo de los domingos que también usaban un martes, dando fe a la pereza de vestirse, al final "sólo íbamos al Macdonald's". Era evidente que algo tenían, quizás metas no cumplidas o pospuestas, probablemente ese acuerdo de bajar de peso juntos en sus pants del domingo, pero como la cultura actual es, siempre siendo irregulares, cayendo en la pereza de ser algo más que gordos con inseguridades escondidas, llenando sus prendas talla extra grande, con fluidos procedentes de toda la grasa que se atascarían, lo cual no juzgo pues se les veía tranquilos, aunque era más una paz intermitente.
De pronto llegó un sujeto, ya saben el típico perdedor, que se la vive estafando a cualquier idiota que ande divagando por la calle, con el típico "Es que nunca había pedido dinero en mi vida." "Es que acabo de chocar y necesito dinero para un taxi". Obviamente sin más preámbulo llegó con su ticket arrugado y roto, su vaso vacío, quería su refill; su mirada mísera y sus ojos sin horizonte eran suficiente voz para saber que no veía salida del hoyo en el que estaba. Esperando impaciente por un refresco gratis, incluso indignado por el retraso, se lo llevó como si en sus manos portara el más fino de los cafés turcos.
Era una escena empalagosa, varias razones, personas delante de mí, distintas pero típicas del entorno, no era sorpresa, quizá hasta podría conocerlos mejor de lo que ellos piensan, y yo en retrospectiva recordando cuando frecuenté a esta clase de personajes. Al subir con mi comida en una charola, pude detectar casi inmediatamente el olor a gente de la parte de arriba del restaurante, evidentemente con poca ventilación, y para mi sorpresa más por qué explorar aún; llegué con una mirada fría, observando a la gente y buscando una mesa desocupada. Me asenté solo y alrededor tres sillas desocupadas.
A dos mesas de la mía, la dualidad deficiente o por simple término "rara" ya saben, aquellos freeks que o con una discapacidad o algo físico o moral que la gente tuviera suficiente razón para no dirigirles una palabra y no esperar algo inocentemente tonto. Siempre vienen en par y su relación es variada, hijo- madre, hermano-hermana, cuidando siempre que la mujer es la cabeza de tal duo.
Después estaba la pareja, no quiero profundizar demasiado, Ya que hay muchos tipos, pero esta en particular, no iban a comer mucho, atractivos ambos, con una adversidad entre dientes pero igual de menos importante porque podía esperar el tiempo que tardasen sus Pies de Manzana y sus papas fritas. Hablando, un capricho a lo mejor, celos, posesión, o un convenio que simplemente mata a uno de los dos. La chica entre sollozos mordía su Pie de manzana, sin importar lo que ella viera de si misma, ni si quiera su dignidad, continuaba; el chico cansado del melodrama, a penas duras tocaba sus papas fritas, Intentando reconfortar, pero que su orgullo de macho de masculinidad frágil le impedía, la escena era tal que podría afirmar, hoy mismo terminaron pero a la semana siguiente volverían y se jurarían ser diferentes. A lo cual la chica no cumplirá, y el chico en lugar de buscar vanas explicaciones, se busque a alguien más que se mueva más y hable menos.
Hasta el fondo la pareja de edad avanzada, el hombre de aspecto serio, con una barriga que derrumbaba su falso intento de parecer imponente, un tatuaje que parecía del pecho al cuello, quizá con un matrimonio previo mal logrado y una pensión ignorada, de unos sin culpa pero futuros zánganos de la sociedad. Ya sólo se preocupaba por satisfacer sus necesidades, tanto morales como carnales, algo que alguien igual de patético podría brindarle, le acompañaba una mujer, con detalles de que quizá antes pudo haber sido de las chicas más guapas de la prepa, pero hoy sólo era la gorda del tipejo que no paga pensión. Ambos comían con miradas de desesperanza y conformismo, pero que se olvidaban con ocasionales besos que tachaban lo obseno en público.
Al poco rato, entre tanto me di cuenta que podría ser una buena idea para escribirla, pues nunca habia visto un ecosistema como tal, conviviendo, ricos gordos, pobres flacuchos, con o sin esfuerzo por comer algo tan inútil como las varillas en los brasieres anticuados; siendo perfectos retratos del absurdo consumismo que envuelve a nuestro planeta, cultura pop, tendencias, a lo cual si no te aferras terminas siendo un inadaptado o un entusiasta alternativo que acaba pidiendo refill en un Mcdonald's del centro de la ciudad.
Poco podia convivir si pese a todo, digamos sin intención me veía un escalón arriba, quizá no en muchos aspectos, pero en la conciencia personal sí, nadie sabe lo que significan, todos sin problema alguno, satisfaciendo esa necesidad frecuente o no, que se dió lugar en aquel restaurante. Quien sabe cuánta gente atenderán al mes, quién sabe cuánto pan compren o carne, cuántas reses maten.
Muchos podrán criticarme eso, "si ellos son tal, ¿tú qué eres?" Yo era quien detrás de su hamburguesa, con audífonos y música instrumental puesta, escribía mentalmente todo lo que estaba presenciando, comiendo papas fritas con rapidez para ahogar el bruxismo que la ansiedad cotidiana provocaba. No tengo problemas con ninguno de ellos, pero son factores que hacen parte del mundo, muestras de lo que no quiero ser. Tanto he pensado, tanto he escrito. He demostrado cosas sin la necedad de hacerlo, para gente con criterio comparado al de un puberto enloquecido de 13 años, porque sí, yo también fui ese puberto, unos me leen y opinan otro callan, otros ignoran. Creo que todos existimos aquí por algo, todos estamos nacidos para algo más que ir con cita al Mcdonald's de por ahí. Vivimos inmersos en una caverna, habitada por aquellos ácaros de la sociedad, una caverna en la cual se deslizan sin culpa alguna aquellos que se atrevieron a soñar cuando nadie más creía en ellos, una caverna controlada por un puñado de cabezas que programarán el fin de los tiempos, hay suficientes motivos para vivir para que la gente común nos siga evaluando por: el dinero que ganamos, el dinero que gastamos, las mujeres que follamos, las cosas que tenemos, lo que aparentamos ser. Nunca se deja ser débil, teniendo la gloria siempre te faltará algo. Tan triste es el mundo, que la mitad de él, sigue creyendo que viviremos más de cien años como especie.
Podría no sentirme humano por ver todo de esta perspectiva, pero creo que me sentiría menos si fuera aquel que vive en la falsa gloria que el mundo moderno tiene de lo que es triunfar. Entonces podría decirse que soy más humano, porque tengo esa capacidad de razonar lo que simplemente no funciona, así como quizá tú en la ducha pudiste razonar, pero por azares del tiempo, la prisa, el miedo o la felicidad, un pensamiento que fue aniquilado mediante el sufragio de tus emociones.
Fue una odisea de sensaciones, pensamientos y emociones, tal que pasó el mismo patrón de gente en las mesas de alrededor, sólo que en orden aleatorio. Comían, reían, engordaban, miradas sin horizonte, mordiscos vacíos, mentes ocupadas. Mientras que con mi culpa por comer en un lugar así, brotaba a la par del reflejo de todo esto en las gotas de coca cola derramadas en la mesa. Me fui más por petición del cansado personal, con la idea del mundo pasando a través de mis dedos. Era yo, el chico de audífonos, chaqueta de piel sintética y mirada curiosa hacia los comensales y el público en general, que con una perspectiva acomplejada de la sociedad, pudo saber de tres bocados, con Valse Sentimentale, Tchaikovsky lo sabía, el personal lo sabía, una hamburguesa de precios explotados, fue lo más ilustrador que he tenido, desde que dejé ir, lo que nunca fue mío.
Hoy me ví en la facilidad de ir a McDonald's, hacía ya una eternidad que no frecuentaba aquel lugar, después de meses de ausencia, la dieta, el ejercicio, trece kilos menos, irónicamente un martes por la tarde me hallaba haciendo fila para comprar una hamburguesa. Increíblemente había perdido esa noción de lo que se vive en un lugar como estos día a día. Todas las clases sociales conocen este infierno, la mercadotecnia, el consumismo trajo ante el mundo, más que un artículo, ya era como idea nata de lo que es la realidad, hay generaciones que crecerán sabiendo que Macdonald's ya era un magnate.
Era emocionante ver la variedad de gente. Frente de mi, se encontraba la señora quisquillosa, pero humilde que como un capricho acudió a la sucursal a comprar una cena, sin nadie quien la acompañase, porque pues era claro que estaba ahí para brindar sorpresa, quizá infravalorada por su marido, quizá madre de tres hijos de los cuales dos son terribles en la escuela y uno sea la promesa de la típica familia humilde que al final terminará siendo nada por las cosas de la vida y la evidente falta de visión que su posición socioeconómica le condenó.
En la fila de espera, la pareja con pants deportivo de los domingos que también usaban un martes, dando fe a la pereza de vestirse, al final "sólo íbamos al Macdonald's". Era evidente que algo tenían, quizás metas no cumplidas o pospuestas, probablemente ese acuerdo de bajar de peso juntos en sus pants del domingo, pero como la cultura actual es, siempre siendo irregulares, cayendo en la pereza de ser algo más que gordos con inseguridades escondidas, llenando sus prendas talla extra grande, con fluidos procedentes de toda la grasa que se atascarían, lo cual no juzgo pues se les veía tranquilos, aunque era más una paz intermitente.
De pronto llegó un sujeto, ya saben el típico perdedor, que se la vive estafando a cualquier idiota que ande divagando por la calle, con el típico "Es que nunca había pedido dinero en mi vida." "Es que acabo de chocar y necesito dinero para un taxi". Obviamente sin más preámbulo llegó con su ticket arrugado y roto, su vaso vacío, quería su refill; su mirada mísera y sus ojos sin horizonte eran suficiente voz para saber que no veía salida del hoyo en el que estaba. Esperando impaciente por un refresco gratis, incluso indignado por el retraso, se lo llevó como si en sus manos portara el más fino de los cafés turcos.
Era una escena empalagosa, varias razones, personas delante de mí, distintas pero típicas del entorno, no era sorpresa, quizá hasta podría conocerlos mejor de lo que ellos piensan, y yo en retrospectiva recordando cuando frecuenté a esta clase de personajes. Al subir con mi comida en una charola, pude detectar casi inmediatamente el olor a gente de la parte de arriba del restaurante, evidentemente con poca ventilación, y para mi sorpresa más por qué explorar aún; llegué con una mirada fría, observando a la gente y buscando una mesa desocupada. Me asenté solo y alrededor tres sillas desocupadas.
A dos mesas de la mía, la dualidad deficiente o por simple término "rara" ya saben, aquellos freeks que o con una discapacidad o algo físico o moral que la gente tuviera suficiente razón para no dirigirles una palabra y no esperar algo inocentemente tonto. Siempre vienen en par y su relación es variada, hijo- madre, hermano-hermana, cuidando siempre que la mujer es la cabeza de tal duo.
Después estaba la pareja, no quiero profundizar demasiado, Ya que hay muchos tipos, pero esta en particular, no iban a comer mucho, atractivos ambos, con una adversidad entre dientes pero igual de menos importante porque podía esperar el tiempo que tardasen sus Pies de Manzana y sus papas fritas. Hablando, un capricho a lo mejor, celos, posesión, o un convenio que simplemente mata a uno de los dos. La chica entre sollozos mordía su Pie de manzana, sin importar lo que ella viera de si misma, ni si quiera su dignidad, continuaba; el chico cansado del melodrama, a penas duras tocaba sus papas fritas, Intentando reconfortar, pero que su orgullo de macho de masculinidad frágil le impedía, la escena era tal que podría afirmar, hoy mismo terminaron pero a la semana siguiente volverían y se jurarían ser diferentes. A lo cual la chica no cumplirá, y el chico en lugar de buscar vanas explicaciones, se busque a alguien más que se mueva más y hable menos.
Hasta el fondo la pareja de edad avanzada, el hombre de aspecto serio, con una barriga que derrumbaba su falso intento de parecer imponente, un tatuaje que parecía del pecho al cuello, quizá con un matrimonio previo mal logrado y una pensión ignorada, de unos sin culpa pero futuros zánganos de la sociedad. Ya sólo se preocupaba por satisfacer sus necesidades, tanto morales como carnales, algo que alguien igual de patético podría brindarle, le acompañaba una mujer, con detalles de que quizá antes pudo haber sido de las chicas más guapas de la prepa, pero hoy sólo era la gorda del tipejo que no paga pensión. Ambos comían con miradas de desesperanza y conformismo, pero que se olvidaban con ocasionales besos que tachaban lo obseno en público.
Al poco rato, entre tanto me di cuenta que podría ser una buena idea para escribirla, pues nunca habia visto un ecosistema como tal, conviviendo, ricos gordos, pobres flacuchos, con o sin esfuerzo por comer algo tan inútil como las varillas en los brasieres anticuados; siendo perfectos retratos del absurdo consumismo que envuelve a nuestro planeta, cultura pop, tendencias, a lo cual si no te aferras terminas siendo un inadaptado o un entusiasta alternativo que acaba pidiendo refill en un Mcdonald's del centro de la ciudad.
Poco podia convivir si pese a todo, digamos sin intención me veía un escalón arriba, quizá no en muchos aspectos, pero en la conciencia personal sí, nadie sabe lo que significan, todos sin problema alguno, satisfaciendo esa necesidad frecuente o no, que se dió lugar en aquel restaurante. Quien sabe cuánta gente atenderán al mes, quién sabe cuánto pan compren o carne, cuántas reses maten.
Muchos podrán criticarme eso, "si ellos son tal, ¿tú qué eres?" Yo era quien detrás de su hamburguesa, con audífonos y música instrumental puesta, escribía mentalmente todo lo que estaba presenciando, comiendo papas fritas con rapidez para ahogar el bruxismo que la ansiedad cotidiana provocaba. No tengo problemas con ninguno de ellos, pero son factores que hacen parte del mundo, muestras de lo que no quiero ser. Tanto he pensado, tanto he escrito. He demostrado cosas sin la necedad de hacerlo, para gente con criterio comparado al de un puberto enloquecido de 13 años, porque sí, yo también fui ese puberto, unos me leen y opinan otro callan, otros ignoran. Creo que todos existimos aquí por algo, todos estamos nacidos para algo más que ir con cita al Mcdonald's de por ahí. Vivimos inmersos en una caverna, habitada por aquellos ácaros de la sociedad, una caverna en la cual se deslizan sin culpa alguna aquellos que se atrevieron a soñar cuando nadie más creía en ellos, una caverna controlada por un puñado de cabezas que programarán el fin de los tiempos, hay suficientes motivos para vivir para que la gente común nos siga evaluando por: el dinero que ganamos, el dinero que gastamos, las mujeres que follamos, las cosas que tenemos, lo que aparentamos ser. Nunca se deja ser débil, teniendo la gloria siempre te faltará algo. Tan triste es el mundo, que la mitad de él, sigue creyendo que viviremos más de cien años como especie.
Podría no sentirme humano por ver todo de esta perspectiva, pero creo que me sentiría menos si fuera aquel que vive en la falsa gloria que el mundo moderno tiene de lo que es triunfar. Entonces podría decirse que soy más humano, porque tengo esa capacidad de razonar lo que simplemente no funciona, así como quizá tú en la ducha pudiste razonar, pero por azares del tiempo, la prisa, el miedo o la felicidad, un pensamiento que fue aniquilado mediante el sufragio de tus emociones.
Fue una odisea de sensaciones, pensamientos y emociones, tal que pasó el mismo patrón de gente en las mesas de alrededor, sólo que en orden aleatorio. Comían, reían, engordaban, miradas sin horizonte, mordiscos vacíos, mentes ocupadas. Mientras que con mi culpa por comer en un lugar así, brotaba a la par del reflejo de todo esto en las gotas de coca cola derramadas en la mesa. Me fui más por petición del cansado personal, con la idea del mundo pasando a través de mis dedos. Era yo, el chico de audífonos, chaqueta de piel sintética y mirada curiosa hacia los comensales y el público en general, que con una perspectiva acomplejada de la sociedad, pudo saber de tres bocados, con Valse Sentimentale, Tchaikovsky lo sabía, el personal lo sabía, una hamburguesa de precios explotados, fue lo más ilustrador que he tenido, desde que dejé ir, lo que nunca fue mío.


Comentarios
Publicar un comentario