Saben respirar, pero no vivir.
Hay lamentos que gritan muy fuerte, hay dolores punzantes, agudos,
provocan mareos por la agonía, hay un mar rojo, los días se descuentan
del calendario mientras te mantienes parado en una exhibición de
inmovilidad, es difícil meditar el hecho de saber que algo ha muerto
dentro de ti, algo que te daba autenticidad, ya no puedes exhalar e
irradiarlo, te conviertes en observador,
una simple simulación, tal vez no vayas a ningún lado, tal vez estás
perdiendo el tiempo sabiendo tus capacidades, no te explotas, ya no te
inmutas, no cedes a los caprichos sociales, prefieres evitar los
conflictos y los debates poco entusiastas. Miras a tu alrededor, no hay
paz, no hay amor, por donde sea que veas, la marea sube y ahoga todo a
su paso, sólo existe el odio, el rencor, el vacío, la avaricia, la gula,
cuanto más observas más similitud hay con los nueve círculos de Dante,
¿Dónde quedó toda la lucha? Sé que recibo amor, no me siento solo, me
siento marginado con los míos, como si pareciéramos un grupo de nómadas
predicando palabras de amor, de paz, entendimiento. De hecho, no somos
ni diez, puedo contarlos con la palma de mi mano. Es curioso, mientras
todos expresan sus opiniones clasistas, su racismo, su intolerancia
hacia lo diferente, prefiero deprimirme preguntándome la razón de todo
esto. Idiotas siempre hubo, pero ahora tienen más facilidad para
comunicarse hacia el mundo, no me refiero al internet necesariamente,
tantas falacias postuladas, tanto miedo, no sé por qué toda expresión se
vuelve algo criticable en lugar de algo apreciable, independientemente
malo o bueno, el término apreciar no lo uso con a manera de venerar, más
bien, de observar, analizar y comparar su impacto, mediante un juicio
más neutral, sin tomar en cuenta la moral. Es muy fácil escuchar a la
gente, pero no todos tienen algo bueno que decir, quizás recibiría mucha
polémica por no encajar en la expectativa del orador pertinente, pero
siempre me detengo a pensar, por un momento pensé en cambiar, obtener
las convicciones comunes del típico orador del siglo XXI: El típico sociópata inmerso en su música
alternativa, viendo lo que todos hacen sin actuar para sobrevivir, tener
el carácter de la perra sin corazón, pudrirme en el sarcasmo obsceno de
las masas joviales, sentir en prepotencia todo. Nunca discuto a fondo,
porque he visto que, entre más prolongada sea la discusión, más pierde el
sentido, no actuamos en razón, si no en emoción, nos controlan y la
facilidad del mundo moderno nos da el poder de lastimar a la gente por
palabras: Si te gusta gozar de tu libre albedrío, si eres homosexual, si
no quieres vivir asesinada, si tienes un tono de piel moreno u oscuro,
si acostumbras a comer animales domésticos, si comes animales de granja,
si sólo comes vegetales, si te drogas recreativamente, si dejaste
temporalmente tu carrera, si la desertaste a decisión propia. Ya nadie
ve más allá, el amor es obsoleto hoy en día, porque lo que hoy se vive
ya no es amor, celar en exceso no es amor, esperar prioridad entre todo
tampoco, compartir todo minuto y segundo de tu respiración, responder de
manera dulce y exhaustiva no lo es igual. La gente sólo sabe hablar,
pero no escuchar, sabe percibir, pero no entender, sabe respirar, pero
no vivir.

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